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Introducción; EL PAISAJE, OBJETO DE ESTUDIO DE LA GEOGRAFÍA; TIPOS DE PAISAJES; PAISAJES TRANSFORMADOS
Paisaje, término geográfico difícil de precisar por su subjetividad, que suele definirse como el territorio o porción de la superficie terrestre que se presenta ante la propia mirada, o como el aspecto que ofrece un territorio y que depende tanto del lugar de observación como del observador. Todo lo que una persona observa cuando mira a su alrededor forma parte del paisaje. Para dar una definición más objetiva del paisaje hay que recurrir al análisis de aquellos elementos que lo constituyen, es decir, se puede decir que es el resultado de la interacción del clima, las aguas, el relieve, la vegetación, la fauna, el suelo y las personas, fundamentalmente. Clasificando todos esos elementos, se comprueba que el paisaje está formado por unos componentes físicos y biológicos que constituyen el medio natural, y por otros de origen humano. De esta forma, se puede decir que el paisaje es consecuencia de la interacción que hay entre todos esos componentes; o lo que es lo mismo, definir el paisaje como el resultado de las relaciones que, sobre el espacio, se establecen entre el medio natural y los seres humanos. En esta misma línea, el Consejo de Europa, en el Convenio de Florencia del año 2000, definió el paisaje como “cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos”.
El paisaje, en ocasiones asociado al término espacio geográfico, en cuanto que habla de las relaciones e interacciones entre el medio natural y humano sobre la superficie terrestre, ha sido y es objeto de estudio de la geografía como ciencia. En los últimos doscientos años la evolución del pensamiento geográfico científico, en sus diferentes corrientes metodológicas y de análisis, se ha ocupado del estudio del paisaje desde distintos enfoques. Aunque tuvo otros predecesores, posiblemente, el autor que primero hizo auténtico hincapié en el estudio del paisaje fue el francés Paul Vidal de la Blache, a través de sus estudios de geografía regional. A partir de sus análisis espaciales de numerosas regiones, este geógrafo identificó los genres de vie, o modos de vida de las personas, que caracterizaban las diferentes regiones del globo. Cada región o pays tenía unas características propias que la definían respecto de las demás. Estas características comprendían tanto el medio natural como las formas de vida (económicas, sociales, políticas, religiosas y culturales) que habían desarrollado sobre ella sus habitantes para adaptarse y modificar el medio a sus necesidades. El análisis de los componentes físicos y humanos de una región y las interrelaciones que se establecían entre ambos, o lo que es lo mismo, el estudio del paisaje, era el objetivo de la geografía en aquella época. La posición de Vidal de la Blache de relacionar en el territorio los fenómenos humanos y naturales influyó mucho en la geografía posterior. Sin embargo, su visión determinista estaba muy condicionada por el modo de vida rural, que todavía era predominante en la época en la que él vivió. Por eso sus estudios no consideraban aún suficientemente la impronta que sobre el paisaje empezaban a tener otras transformaciones humanas, más globales que sus genres de vie. El estudio del paisaje evolucionó de acuerdo a la nueva sociedad del siglo XX, más urbana e industrial y en el que las regiones estaban menos aisladas. Hacia 1920, en Estados Unidos, destacó la figura de Carl Sauer, que daba mucha importancia a la noción de paisaje cultural (Kulturlandschaft) frente a la de paisaje natural. Desde este enfoque el paisaje era el resultado de la acción cultural (humana) sobre el medio natural. Según Sauer, para comprender los territorios había que estudiar su evolución, ver todas sus transformaciones, diferenciar las distintas fases por las que pasaba un paisaje, y así conocer cómo se producía el cambio que había transformado los paisajes naturales en paisajes culturales. Ya en las décadas de 1960 y 1970, en Francia, autores como Pierre George apuntaron la diferenciación entre: el paisaje natural, conocido y explorado, pero sin organizar y con densidades de población bajas; el paisaje modificado, como un primer estadio de transformación propio de sociedades no industrializadas, donde el espacio está acondicionado pero sin comprometer el equilibrio ecológico; y el paisaje ordenado, propio de sociedades industriales con la capacidad técnica suficiente para modificar el medio de manera drástica produciendo fuertes tensiones ecológicas y sociales. En la geografía más contemporánea el paisaje se entiende como un geosistema o conjunto de elementos y procesos en interacción continua. Este sistema tiene numerosos elementos que se pueden clasificar en 3 esferas o subsistemas que pueden estudiarse por separado, pero siempre teniendo en cuenta que están interconectadas: 1. Esfera abiótica. Incluye los componentes físicos del paisaje que sirven de sustrato inerte ya sea sólido (rocas), líquido (agua) o gaseoso (aire). Supone el estudio del relieve, el clima, los ríos... 2. Esfera biótica. Incluye los componentes biológicos naturales como los animales y la vegetación. Requiere hacer estudios biogeográficos sobre distribución de especies, formaciones vegetales... 3. Esfera antrópica. Incluye todo lo relacionado con las actividades del ser humano. Es decir, la economía, los estudios demográficos, las relaciones sociales, el medio urbano, las agresiones ambientales, la geopolítica…
Para describir los paisajes terrestres se utiliza el término paisaje geográfico, que abarca tanto al paisaje natural como el cultural de una región, es decir, el modificado por las personas. Hay paisajes geográficos en los que predominan las características del medio natural y otros que reflejan una marcada huella humana. Básicamente, se suelen utilizar 2 criterios para clasificar los numerosos paisajes geográficos: el de tipo físico y el criterio de grado de intervención humana. 1. Según un criterio de tipo físico, los paisajes se clasifican en varios tipos. En función del relieve, se habla de paisaje montañoso (con cordilleras, sierras, valles escarpados…), paisaje de llanura (altiplanos, páramos, vegas, mesetas…) y paisaje de costa (con acantilados, playas, calas, marismas, cabos, golfos, rías…). En función del clima y la vegetación, se pueden distinguir: paisajes templados (con el bosque mediterráneo de encinas y alcornoques, el bosque atlántico de robles y hayas, la taiga de coníferas, las praderas y estepas de vegetación herbácea); paisajes cálidos (donde destaca la selva o pluvisilva, el bosque tropical, la sabana y algunos desiertos tropicales); y los paisajes fríos (como la tundra de hierba, musgos y líquenes, las tierras heladas de los glaciares, algunos desiertos de zonas templadas y la alta montaña). 2. Según el grado de intervención humana, los paisajes se clasifican en naturales y transformados. Los paisajes naturales. Son aquellos que apenas han sido modificados por la actividad humana. Este tipo de paisaje es cada vez menos frecuente. Por ejemplo, es prácticamente inexistente en Europa y muy escaso en aquellas áreas del planeta que están más habitadas. Se suele llamar paisaje natural al de las cumbres de algunas montañas, las selvas, la costa deshabitada, los desiertos, la Antártida... En un principio, todos los paisajes terrestres eran naturales y la influencia humana apenas se notaba en la superficie terrestre. Sin embargo, hoy prácticamente no quedan lugares en el planeta donde el medio natural se conserve totalmente intacto y por eso se consideran también como naturales aquellos paisajes en los que la influencia humana es casi inapreciable. Algunos paisajes geográficos presentan grandes dificultades para el asentamiento y las actividades de la población, por lo que están prácticamente deshabitados y son considerados paisajes naturales. Las regiones polares, las selvas y los desiertos son los paisajes más inhóspitos, por eso son los menos poblados de todos los medios naturales del globo. El frío en los polos, el calor y la humedad en las selvas y la aridez en los desiertos dificultan y, en ocasiones, impiden la ocupación humana. Las montañas también suelen estar poco habitadas porque el clima es más duro, los suelos son poco adecuados para la agricultura y las comunicaciones resultan difíciles. La humanidad transforma directamente aquellos lugares sobre los que actúa en diferentes grados. Así, las comunidades prehistóricas tenían un impacto mínimo sobre el paisaje natural. Pero este impacto aumentó en las sociedades agrarias, y se multiplicó en las industriales y postindustriales. En el momento actual, la humanidad no solo tiene la capacidad de transformar el paisaje de forma directa, sino que con sus actividades también modifica el medio natural de manera indirecta. Por ejemplo, debido a fenómenos globales como la contaminación se transforman paisajes naturales casi deshabitados como las altas montañas, los glaciares, las selvas y los mares. Las sociedades primitivas (algunos de los pueblos indígenas que habitan todavía el planeta) son las que menos transforman el paisaje. Los paisajes transformados. Son aquellos en los que se reflejan las actividades humanas y las modernas formas de vida, ya sea porque en ellos vivimos las personas o los hemos organizado según nuestras necesidades, o porque los hemos ocupado con elementos artificiales, como pueblos, ciudades, carreteras, ferrocarriles, canteras, puentes, postes y cables de electricidad... Todos los paisajes geográficos cambian con el tiempo y cada vez hay más paisajes humanizados y menos paisajes naturales. Ante la intensidad de las transformaciones, los gobiernos han puesto en práctica medidas para proteger la naturaleza. Los paisajes naturales que se consideran de mayor interés por su fauna, su flora y su relieve se declaran espacios protegidos, lo que significa que en ellos se controlan y, en algunos casos, incluso se prohíben numerosas actividades humanas. Asimismo, se protegen determinadas especies amenazadas, tanto vegetales como animales, o que estén en peligro de extinción, como la ballena y el lince ibérico.
Los espacios más favorables al ser humano son los más densamente habitados y, por ello, son los más alterados. Las zonas de clima templado son las más habitadas de la Tierra (albergan alrededor del 70% de la población mundial), pues las temperaturas moderadas y las precipitaciones relativamente abundantes favorecen el asentamiento humano y las actividades económicas. La mayoría de la población se concentra en áreas situadas por debajo de los 500 m de altitud, y tiende a concentrarse junto a los ríos y cerca de la costa (se estima que casi un tercio de la población mundial vive a menos de 50 km del mar). Como las personas somos capaces de superar las limitaciones impuestas por el medio natural de diferentes formas, se originan diferentes tipos de paisajes transformados: agrarios, industriales, urbanos, turísticos... La influencia de los seres humanos sobre el paisaje es mayor cuanto mayor es su nivel tecnológico. Las sociedades primitivas originan una menor alteración que las sociedades desarrolladas. Estas últimas son las que contaminan más la atmósfera y las aguas, reducen la cobertura vegetal al talar bosques para obtener materias primas y alteran extremadamente el relieve para construir carreteras y túneles.
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