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Resultados en Windows Live® Literatura haitianaArtículo de la enciclopedia
Esquema
Introducción; De los comienzos al romanticismo; Malditos, decadentes, simbolistas; Respuestas a la intervención estadounidense
Literatura haitiana, obras literarias escritas por autores nacidos en Haití, que pueden incluirse en el conjunto mayor de la literatura caribeña.
La independencia de Haití dividió el país en tres sectores. La población comprendía una mayoría de esclavos negros iletrados y una minoría culta francófona, educada entre un catolicismo ajeno al Vaticano y la religión vudú. Se generó una literatura de combate, a veces escrita por blancos. Se recuerdan los versos de Louvet y de Fournier-Pescay (El viejo trovador, 1812), vinculados a la estética del neoclasicismo. El abate Grégoire estudió la literatura de los negros y Boisrond-Tonnerre escribió las primeras memorias históricas. Obras históricas de ficción y de carácter antiesclavista se deben a Vastey y a Juste Chanlatte (Gritos de la naturaleza, Canto inaugural, la tragedia Nehri, la ópera cómica La partida de caza del rey, Haitíada, 1827). Actos festivos y fiestas menudearon y dieron lugar a textos de Dupré, Jules Solimes-Milscent, Jean-Jacques Romane. El romanticismo, encabezado por Félix Darfour, tuvo como principales órganos de expresión los periódicos L´Eclaireur, L´Avertisseur, Le Républicain, L´Union. En ellos destacaron los hermanos Nau, los Ardouin y Beauvais Lespinasse. Los principales nombres del romanticismo son los poetas Pierre Faubert (1806-1868) y Alibée Féry (1818-1896) y el dramaturgo Liautaud Ethéart. Se planteó por entonces la cuestión de una literatura nacional y se exploró el folclore afroantillano. En tal tarea destacan las obras monumentales de los historiadores François Xavier Garneaud (1814-1884), Beaubrun Ardouin (1796-1865) y Joseph Saint-Rémy (1815-1868). A mediados del siglo XIX hay una recuperación de las fuentes francesas y aparece la idea de una Francia Negra. Su contenido es, a la vez, contrario al racismo y a la injerencia estadounidense. En esta línea sobresale Démesvar Delorme (1831-1901), con la obra Los teóricos en el poder, defensa de lo francés; los estudios sobre la cultura popular criolla y las novelas históricas de ambiente europeo (Francesca, El condenado). Entre otros nombres destacables de la tendencia figuran Anténor Firmin, Hannibal Price, Benito Sylvain. De entonces data la primera novela de asunto haitiano, Stella, de Emeric Bergeaud (1818-1858).
La poesía de carácter malditista y decadente (véase Charles Baudelaire) aparece con Amédée Brun, Pierre Faubert, Abel Elie y Charles Seguy-Villevaleix. El tema de las guerras civiles se une al parnasianismo en Isnardin Vieux, Tertulien Guilbaud, Ignace Nau y Massillon Coicu (1867-1908), fusilado en las contiendas citadas. El teatro heroico y de conflictos de honor aparece con Vandenesse Ducasse y Henri Chauvet. Al cambiar el siglo hay una gran eclosión literaria a través de revistas como La Ronde y Haïti littéraire et sociale. Se impone la novela del costumbrismo con Frédéric Marcelin (1848-1917), autor de La venganza de Mama, Marilisse, La confesión de Bazoutte. La novela psicológica incorpora Rómulo de Fernand Hibbert. La poesía se encamina por distintos rumbos: el simbolismo de Probus Blot y Seymour Pradel, la poesía filosófica de Etzer Vilaire, el intimismo de Damoclès Vieux. Justin Lhérisson (1873-1907) escribe la letra del himno nacional.
La intervención estadounidense (1915-1930) abre una polémica entre los defensores de la influencia modernizadora anglosajona y quienes propenden a la identidad nacional: Pauléus Sannon, Frédéric Marcelin, Auguste Magloire. La poesía acusa las mismas tendencias contradictorias en las obras de Constantin Mayard, Emile Roumer y Vergniaud Leconte. Al cesar la intervención hay una fuerte ola de africanismo en revistas como Revue indigène y La Trouée. El maestro de la tendencia es Normil Sylvain (1901-1929), pero su gran teórico es Price-Marss, autor de textos fundamentales como La vocación de la elite y Así habló el tío. Entre otros nombres, merecen ser citados Carl Brouard y Dantès Bellegarde. En la década de 1930 se impone la novela del negrismo con Virgile Valcin, Stéphen Alexis (El negro enmascarado) y Jean-Baptiste Cinéas. En 1936 la revista L´Assaut y el recién fundado Partido Comunista escoran el negrismo a la izquierda, con nombres como Jules Blanchet, René Piquion y el fundador del PC, el más notorio narrador haitiano, Jacques Roumain (1907-1944), autor del clásico Los gobernantes del rocío. Esta tendencia se aproxima a la que también se dio en la literatura cubana, sobre todo con autores como Nicolás Guillén. Estas líneas dominan las dos décadas siguientes, con una poesía que concilia el vudú con el surrealismo: Anthony Lespès, Félix Morisseau, Magloire Sainte-Aude, René Bélance, René Depestre. A partir de la década de 1960, la poesía de resistencia a la dictadura cancela viejas disputas y toma un tinte humanista y no partidario en la obra de Davertige, Anthony Phelps, René Philoctète, Roland Morisseau y las publicaciones de la editorial Mémoire. La novela social cuenta con los nombres de Edwige Danticat, Marie Chauvet y Lilas Desquiron, mientras que el tema del exilio se da en las de Emile Ollivier, Jean Métellus y Stanley Péan.
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