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Resultados en Windows Live® Casa-grande y senzalaArtículo de la enciclopedia
Casa-grande y senzala, libro del sociólogo pernambucano Gilberto Freyre considerado un importante estudio histórico, sociológico (véase Sociología) y antropológico (véase Antropología) de las raíces culturales brasileñas. Es, al mismo tiempo, una narración poética sobre la “formación de la familia brasileña bajo el régimen de la economía patriarcal”, según reza el subtítulo. Publicado en 1933, Casa-grande y senzala constituye la primera parte de la trilogía que se completó con Sobrados e mocambos (1936) y Ordem e progresso (1958). El libro fue publicado en castellano en 1942, en Buenos Aires, traducido por Benjamín de Garay. La Biblioteca Ayacucho de Caracas reeditó esta traducción (compartida por Lucrecia Manduca) con correcciones, incluyendo además un prólogo de Darcy Ribeiro, en 1977. El término ‘senzala’ corresponde, en realidad, a una de las acepciones en castellano —la primera, según María Moliner; la segunda, según la Real Academia Española— de la palabra ‘galpón’: “departamento que se destinaba a los esclavos en las haciendas de América”. No obstante, Sobrados e Mocambos y Ordem e progresso no provocaron el mismo impacto que Casa-grande y senzala. Traducido a varios idiomas, sus ediciones incluyen prólogos o críticas firmadas por intelectuales como Roland Barthes y Fernand Braudel. En la editorial francesa Gallimard, Casa-grande y senzala forma parte de la colección “Grandes historias humanas”, junto a obras de Maurice Merleau-Ponty, Jean-Paul Sartre y Michel Foucault. Todas las corrientes ideológicas coinciden en reconocer que se trata ya de un clásico de la literatura sociológica, a pesar de que en un principio se puso en cuestión la importancia que Freyre concede a lo subjetivo en la formación del pueblo brasileño, rasgo que constituye, al fin y al cabo, gran parte de su originalidad: encontrar en episodios personales la resonancia de los hechos históricos. El libro está dedicado a sus abuelos, y ello explica la interpretación de Darcy Ribeiro cuando dice que “Gilberto Freyre presenta Casa-grande y senzala como una historia íntima, como un roman vrai a lo Goncourt, con algo de introspección evocativa al estilo Proust. Y ésta es quizá la mejor caracterización de su obra, una especie de cuento con chimentos de la vida doméstica de los señores nordestinos, que un nieto recuerda amorosamente, gozando y sufriendo: es un pasado que se extiende hasta tocar los nervios; un pasado que se une con la vida de cada uno; una aventura de sensibilidad, no tan sólo un esfuerzo de investigación en los archivos”. En Casa-grande y senzala, escrito medio siglo después de la abolición de la esclavitud, que tuvo lugar durante la regencia del imperio brasileño por Isabel del Brasil y de la proclamación de la República, Gilberto Freyre describe los primeros momentos de la formación de su país: el agrario y el patriarcal. El escenario es el litoral del Nordeste brasileño. En opinión de Freyre, el esclavo fue sustituido por el temporero; la senzala o galpón por el mocambo (vocablo de origen kimbundu, una de las lenguas africanas, que significa ‘choza’ o ‘rancho’); y el dueño del ingenio azucarero por el empresario o por el capitalista ausente. En determinado momento de la obra, Freyre anuncia que “alrededor de los señores de los ingenios se creó el modo de civilización más estable de Latinoamérica”. La casa-grande, residencia del dueño del ingenio, venció a la Iglesia católica y a los virreyes. Funcionó como fortaleza, coro, escuela, taller, harén, residencia de mujeres jóvenes, hospedaje, banco e incluso cementerio. Lejos de ella, la vida social en Brasil era prácticamente inexistente. En contrapartida, algunas peculiaridades que Freyre considera propias de la historia brasileña, habrían actuado poderosamente en favor de la democratización social en Brasil. Entre ellas, la escasez de mujeres blancas en el inicio de la colonización, particularidad insólita en el mundo, creó “zonas de confraternización entre vencedores y vencidos, entre señores y esclavos”. Fue este mestizaje el que llevó a Gilberto Freyre a soñar con la posibilidad de que se gestase una sociedad más abierta y ajena a la discriminación: utopía, al fin y al cabo, superadora de ciertos prejuicios ideológicos que aparecen en su obra. Sin duda, tanto en este libro como en Azúcar, por ejemplo, el autor ha insistido en una de las contribuciones de la población negra: en palabras de Darcy Ribeiro, “enseñar al brasileño a explotar todas las posibilidades de las papilas de la lengua y de los nervios olfativos, con su magia culinaria”.
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