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Pluvisilva

Artículo de la enciclopedia
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Bosque caducifolio monzónicoBosque caducifolio monzónico
Esquema
4.3

Interrelaciones entre plantas y animales

Como sucede con este tipo de alga y el perezoso, muchas plantas y animales de la selva tropical dependen unos de otros, incluso en mayor grado que en otros ecosistemas. Por ejemplo, el 90% de los árboles dependen de animales para dispersar sus semillas. En comparación, en otros tipos de bosque el 50% de los árboles o más, utilizan el viento para hacerlo. Estas relaciones entre plantas y animales son beneficiosas para ambos. Algunos animales protegen especies vegetales de sus depredadores mientras que las plantas proporcionan alojamiento, por ejemplo, muchas plantas tropicales como el árbol-serpiente, tienen estructuras huecas en sus tallos que las hormigas mordedoras usan como hogar. A cambio de un lugar donde vivir, las hormigas protegen a la planta, ahuyentando los posibles depredadores (plantas trepadoras o animales hambrientos) tan pronto como descubren su presencia.

En algunos casos, las especies son tan dependientes la una de la otra, que no pueden vivir por separado. Por ejemplo, todos los tipos de higuera dependen de una o más especies de avispa, y viceversa. Sin la tarea de polinización que llevan a cabo las avispas, las higueras no podrían reproducirse, y se enfrentarían a la extinción; y sin cobijo para sus huevos y larvas, a las avispas les aguardaría un destino similar.

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Valor económico

Las pluvisilvas son regiones increíblemente ricas en recursos naturales, en especial madera, minerales y petróleo, que alcanzan altos precios en los mercados internacionales. Muchos árboles de las selvas tropicales son muy apreciados por la durabilidad y belleza de su madera. La teca, el palo de rosa y la caoba son maderas duras que se utilizan para la confección de muebles y labores de ebanistería en todo el mundo. La teca, que resiste a la corrosión atmosférica, es muy apreciada también en la construcción naval. Los yacimientos de crudo y gas natural del Sureste asiático, golfo de Guinea y Sudamérica atraen a las multinacionales. Para muchos campesinos, las selvas tropicales ofrecen amplios terrenos para pastos o labores agrícolas. Las selvas tropicales agregan también una gran cantidad de animales exóticos, como loros y monos, que son muy valiosos como mascotas.

La gran diversidad de especies hace de las pluvisilvas hábitats muy apreciados para la experimentación de nuevas medicinas y cultivos agrícolas. Entre las drogas que han tenido su origen en la pluvisilva destacan las primeras variedades de la píldora anticonceptiva, sintetizada por primera vez a partir de batatas salvajes de Centroamérica; o medicinas muy especializadas, derivadas de la vincapervinca rosa de Madagascar, utilizada para el tratamiento de una variante poco habitual de leucemia. De las miles de plantas identificadas como portadoras de compuestos anticancerígenos, más de la mitad son propias de las pluvisilvas. Se llevan a cabo proyectos multinacionales de investigación en cientos de laboratorios de todo el mundo en los que se ponen a prueba plantas de la pluvisilva como tratamientos para muchas enfermedades, especialmente el cáncer y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

Quizás el mayor beneficio obtenido de los bosques tropicales, sea, sin embargo, su papel como protectores de la vida en el planeta. Estos esenciales servicios ambientales incluyen el reciclaje de nutrientes esenciales como el nitrógeno y el fósforo, la absorción de dióxido de carbono procedente de la atmósfera, la regulación de temperaturas y precipitaciones, la protección de la erosión del suelo por arrollada, y su papel como albergadores de los polinizadores de las cosechas agrícolas. Se ha calculado que el valor económico de estos servicios sobrepasa cualquier otro uso posible de la tierra. Por ejemplo, los economistas estiman que los servicios ambientales de una hectárea de selva tropical costarricense tienen un valor de entre 1.300 y 2.700 dólares estadounidenses al año, mucho más que los beneficios que cualquier granjero podría obtener convirtiendo la tierra en pasto sembrado o en plantación.

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Pueblos indígenas

La mayor parte de las pluvisilvas del mundo están habitadas, y lo han estado desde hace milenios, por pueblos aborígenes que dependen de las selvas para su subsistencia. Muchos pueblos indígenas viven en lo más profundo del bosque, en zonas a las que, incluso hasta hoy día, sólo se puede llegar a través de los ríos. Los antropólogos creen que pueden existir hasta mil culturas diferentes viviendo en las selvas tropicales del mundo. Entre muchos otros pequeños grupos, cabe destacar a los yanomami, los ashaninka y los cayapó en Sudamérica; los pigmeos baka de Camerún; y los dayak, penan y bentian de Borneo. Aunque cada grupo indígena posee una cultura y costumbres diferentes, todos comparten su dependencia del hábitat selvático en el que viven.

Las tribus indígenas poseen a menudo un gran conocimiento sobre las pluvisilvas, que incluye el uso medicinal de diferentes plantas, las costumbres de cría de los pájaros y los ciclos estacionales. Este conocimiento ha pervivido oralmente de generación en generación. Muchos pueblos indígenas recolectan frutos, nueces, leña, materiales de construcción de las pluvisilvas. La mayoría depende también de la agricultura a pequeña escala para alimentarse y proveerse de medicinas.

La mayor parte de los pueblos indígenas utilizan un método conocido como de rotación y barbecho, para lo que aclaran pequeñas manchas de bosque en las que cultivan plantas en huertos. A veces aclaran el terreno mediante la quema controlada. Conocido como cultivo por rozas, este método facilita el aclarado del bosque y libera rápidamente los nutrientes del suelo. Dado que los suelos de la pluvisilva son pobres en nutrientes, la producción cae en picado tras un par de años. Entonces, el huerto se abandona y se abre un nuevo claro en otra parte. Los pueblos indígenas han confiado en estos métodos agrícolas durante milenios. Antiguamente, los claros abandonados se regeneraban durante muchos años antes de ser cultivados nuevamente. Estas prácticas tradicionales no eran muy dañinas para la pluvisilva, debido a la gran extensión que ocupaban las pluvisilvas y a la exigüidad de las poblaciones indígenas.

En la segunda mitad del siglo XX, las tribus indígenas han sido superadas ampliamente en número por los colonos que han emigrado a la región. Atraídos por la tierra aparentemente desocupada, pequeños granjeros y rancheros amenazan la supervivencia de los pueblos indígenas y de su hábitat forestal. Las explotaciones madereras, las minas, y los yacimientos de gas y petróleo, han reducido también drásticamente el tamaño de las selvas tropicales en el mundo, y a medida que los bosques se hacen más pequeños, los pueblos indígenas son forzados a competir por el territorio que queda. En este escenario competitivo, incluso las prácticas de agricultura sostenible de antaño pueden causar un daño considerable al frágil ecosistema de la pluvisilva.

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Deforestación

A pesar de su singularidad y de su extraordinario valor, las selvas tropicales están siendo destruidas y degradadas a un ritmo insostenible. Algunos científicos estiman que a principios de la década de 1990, las selvas tropicales estaban siendo destruidas a un ritmo de aproximadamente 28 ha por minuto, o lo que es lo mismo, 14 millones de hectáreas al año (una superficie similar a la del estado de Wisconsin). Esta cifra, que suponía una disminución respecto de la década anterior, cuando se destruyeron 16 millones de ha al año, fue debida a una menor tasa de deforestación en la Amazonia a principios de la última década del siglo. Sin embargo, fotografías tomadas por satélites, indican que a finales de la década de 1990 volvió a incrementarse la destrucción de la Amazonia. En las últimas tres décadas del siglo XX, cerca de 5 millones de km2 han sido talados, lo que supone el 20% de las selvas tropicales del mundo. En este tiempo, la deforestación de Asia tropical llegó al 30%. Las altas tasas de deforestación son seguidas inevitablemente por tasas alarmantes de extinción de especies vegetales y animales, porque la mayoría de las especies de la pluvisilva no pueden sobrevivir fuera de su hábitat. Algunos científicos estiman que se extinguen docenas de especies de la pluvisilva cada día.

Las causas de la deforestación varían según las zonas, pero algunas tendencias parecen ser comunes en todas las pluvisilvas. Las compañías madereras que buscan valiosas especies tropicales o, menos a menudo, las compañías petrolíferas en busca de más pozos, suelen ser las primeras en llegar a un área remota de la pluvisilva. Si se les deja crecer durante unas pocas décadas, algunos bosques talados pueden regenerarse, pero en general esto no sucede así: las carreteras construidas por las madereras proporcionan acceso a los campesinos sin tierra para llegar a esta nueva zona, así como para transportar sus cosechas al mercado. Por cada kilómetro de carretera construida a través de un área forestal, entre 4 y 24 km2 de bosque son talados y colonizados.

Una vez que los leñadores abandonan el territorio, les sigue un típico ciclo de destrucción. Cuando llegan los campesinos sin tierra, aclaran el terreno para sembrarlo. Los pobres suelos tropicales producen escasas cosechas, especialmente después de un par de años. Entonces, los campesinos venden sus tierras a los rancheros de ganado o a los propietarios de grandes plantaciones. Después de que se han agotado los nutrientes y los suelos han sido compactados por el ganado, las tierras son abandonadas completamente yermas. El bosque tropical no se regenera fácilmente en tales territorios sin ayuda humana. Mientras tanto, los campesinos y los rancheros se marchan en busca de un nuevo territorio, al cual se puede acceder por la acción de los madereros y en donde el ciclo empieza de nuevo.

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Conservación de la pluvisilva

Desde la década de 1970 se ha asistido a la creación de un número cada vez mayor de organizaciones nacionales e internacionales destinadas a promover la conservación de la pluvisilva. En los últimos años, se han utilizado principalmente dos enfoques: la protección estricta y el desarrollo sostenible. El primero, la protección propiamente dicha a través de parques nacionales y reservas naturales, se ha convertido en un elemento esencial para la conservación de la biodiversidad. Con este método de conservación, se aíslan sectores enteros de selva y se regula estrictamente su uso. Las áreas protegidas son especialmente importantes para preservar las pluvisilvas más emblemáticas desde un punto de vista biológico, es decir, aquellas selvas con una diversidad de especies excepcionalmente alta o con muchas especies endémicas. Así, en los últimos 20 años del siglo XX, el número de parques nacionales en los países tropicales se ha incrementado considerablemente y a comienzos del nuevo milenio aproximadamente el 5% de todos los bosques estaba sujeto a algún tipo de protección. Organizaciones internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Mundial para la Naturaleza han lanzado una campaña para que todos los países del mundo en vías de desarrollo protejan el 10% de sus bosques para final de siglo.

Sin embargo, proteger esas áreas es caro, e incluso imposible en algunas zonas. Las comunidades que viven cerca de las selvas tropicales necesitan de ellas para alimentarse. Cuando se les prohibe que usen la selva, se les reducen las posibilidades de subsistencia. Para aminorar estos efectos, se han desarrollado programas que proporcionan alternativas económicas sostenibles al uso destructivo de la tierra.

Una alternativa en algunas selvas es la tala sostenible, en la que los árboles son seleccionados cuidadosamente para aminorar el impacto sobre el ecosistema. Otras comunidades cosechan y venden productos biológicos, como semillas vegetales muy valiosas (nueces tagua o nueces de Brasil), en tanto que otras se dedican a la producción y comercialización de medicinas y drogas para fortalecer y diversificar sus economías. Otra alternativa cada vez más popular son las granjas dedicadas a la cría de bellas mariposas tropicales. En muchas comunidades situadas en áreas de pluvisilva ha proliferado la actividad ecoturística (basada en un tipo de turismo dedicado al estudio de la naturaleza y a la práctica de actividades al aire libre que tienen un impacto ecológico mínimo) como medio para atraer recursos económicos preservando a la vez su frágil ecosistema tropical.

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