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Budismo

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Saung-gauk clásico de BirmaniaSaung-gauk clásico de Birmania
Esquema
2.2. 1

Las Cuatro Nobles Verdades

Los elementos centrales en los que se basaba la Iluminación de Buda estaban condicionados por la realización de las denominadas Cuatro Nobles Verdades: (1) La vida es sufrimiento. Esta afirmación va más allá del simple reconocimiento de la existencia del sufrimiento en la vida, y se refiere más bien a que la existencia humana es intrínsecamente dolorosa desde el momento del nacimiento hasta el de la muerte. Más aún, este sufrimiento ni siquiera desaparece con la muerte, ya que Buda incluyó en sus enseñanzas la idea hindú de que la vida es cíclica, por lo que la muerte simplemente precede a una nueva reencarnación. (2) La causa de este sufrimiento radica en el hecho de que el hombre desconoce la naturaleza de la realidad, y por ello siente ansiedad, tiene apego a las cosas materiales y mucha codicia. Estos defectos provocan su sufrimiento. (3) Se puede poner fin al sufrimiento si el hombre logra superar su ignorancia e ir más allá de las ataduras mundanas. (4) El camino para dar fin al sufrimiento es la Óctuple Senda (o Camino de las Ocho Etapas), que consiste en tener una adecuada visión de las cosas, buenas intenciones, un modo de expresión correcto, realizar buenas acciones, tener un modo de vida adecuado, esforzarse de forma positiva, tener buenos pensamientos y dedicarse a la contemplación del modo adecuado. Generalmente, estos últimos ocho puntos se dividen en tres categorías que conforman el pilar central del budismo: moral, sabiduría y concentración.

2.2. 2

Anatmán

El budismo analiza la existencia humana partiendo de la base de que está formada por un conjunto de cinco realidades (skandhas): el cuerpo material, los sentimientos, las percepciones, la predisposición ante las cosas o tendencias kármicas y la conciencia. Cada persona es simplemente la combinación temporal de estas cinco realidades, que a su vez están sujetas a continuos cambios. Ninguna de ellas se mantiene igual ni siquiera en dos momentos consecutivos. Los budistas niegan que este conjunto de cinco realidades, ya sea en forma individual o conjunta, pueda ser considerado como una existencia independiente y permanente, o el alma (atmán). De hecho, consideran erróneo concebir que exista siquiera una unidad permanente que sea un elemento constitutivo del hombre. Buda sostenía la idea de que esta concepción de uno mismo llevaba a que las personas fueran egoístas, padecieran ansiedad y, por lo tanto, sufrieran. Por eso enseñó la doctrina de anatmán, o negación de la existencia de un alma permanente. Sostenía que toda existencia humana se caracterizaba por contar con las tres indicaciones de: anatmán (no tener alma), anitya (impermanencia) y dukkha (sufrimiento). La doctrina de anatmán hizo necesario que Buda reinterpretara la creencia hindú de las reencarnaciones en el ciclo de la existencia fenomenológica, más conocida como samsara. Después de haber llegado a este punto de su enseñanza, Buda comenzó a difundir la doctrina del origen condicionado (pratityasamutpada) de la existencia. Según esta doctrina, existe una cadena de 12 causas unidas donde se demuestra cómo el haber sido ignorante en una vida anterior hace que la persona tienda a formar un determinado conjunto que tiene que desarrollar. Esta combinación llevará a que actúen la mente y los sentidos. Las sensaciones que resultan de este actuar llevan a sufrir ansiedad y apegarse a la existencia. Esta condición determina el proceso de ser nuevamente, creando otro ciclo de nacimiento, vida adulta y muerte. A través de esta cadena causal se vincula una vida a la siguiente. Se llega a un fluir de nuevas vidas más que a un existir permanente que se desplace de una vida a otra; de hecho es la creencia de una reencarnación sin transmigración.

2.2. 3

Karma

La doctrina del karma se encuentra muy relacionada con la del anatmán. El karma se basa en los actos de cada persona y en las consecuencias morales que se desprendan de esos actos. Los actos humanos determinan la reencarnación posterior de una persona, por lo que las buenas acciones lógicamente son recompensadas, como son castigadas las malas. Por eso el budismo sostiene que no existen en el mundo los placeres inmerecidos ni los castigos injustificados, sino que todo es más bien producto de una justicia universal. El proceso kármico actúa por medio de una ley moral natural más que por medio de un sistema de juicio divino. El karma de cada individuo determina asuntos tales como su belleza, su inteligencia, su longevidad, su salud y su nivel social. De acuerdo con las enseñanzas de Buda, y según el tipo de karma que tenga cada persona, ésta puede reencarnarse en un ser humano, en un animal, en un fantasma hambriento, en un habitante del infierno o incluso en alguno de los dioses de la religión hindú.

A pesar de que el budismo no niega la existencia de dioses, no les atribuye importancia especial. La vida de los dioses en el cielo es larga y apacible, aunque están sujetos a los mismos problemas que pueda tener cualquier otra criatura, como una eventual muerte o una futura reencarnación en un estado de existencia inferior. Los dioses, pues, no son los creadores del Universo, ni tampoco controlan el destino de la humanidad, de modo que, para el budismo, rezarles o hacerles sacrificios no tiene ninguna utilidad. De las distintas modalidades de reencarnación, la humana es la mejor, porque las deidades están tan absortas en sus propios placeres que pierden de vista la necesidad de redención. Por lo tanto, la posibilidad de alcanzar la iluminación es válida sólo para los seres humanos.

2.2. 4

Nirvana

El objetivo final del camino del budismo es lograr liberarse de la existencia fenoménica a la que le es propia el sufrimiento. Para lograr este objetivo es necesario alcanzar el nirvana, estado de iluminación en el que los fuegos de la codicia, el odio y la ignorancia han sido apagados. Este estado no debe confundirse con el aniquilamiento; el nirvana es un estado de conciencia que va más allá de ninguna definición. Después de alcanzar el nirvana, el iluminado puede seguir viviendo e ir eliminando cualquier remanente de karma que pueda tener, hasta llegar, en el momento de la muerte, a un último estado de nirvana absoluto (parinirvana).

En teoría cualquier persona puede alcanzar el nirvana, aunque en realidad es un objetivo accesible sólo para los miembros de la comunidad monástica. En el budismo Theravada la persona que ha alcanzado la iluminación porque ha seguido la Óctuple Senda es conocida con el nombre de arhat (aquél que vale mucho), algo así como un santo solitario.

Todos aquellos que, por una u otra razón, no son capaces de lograr el objetivo final, tienen que, como siguiente opción, tratar de lograr una mejor reencarnación por medio del perfeccionamiento de su karma. Generalmente aspiran a esta meta inferior los budistas laicos, quienes ven en este objetivo la esperanza de llegar a una vida en la que alcancen la iluminación final, como miembros de la sangha.

La ética que guía y que lleva a alcanzar el nirvana es objetiva y de orientación interior, personal. Exige cultivar cuatro actitudes que demuestren la virtud. Estas actitudes son conocidas como Los Palacios de Brahma, y son: la amabilidad y ternura, la compasión, la alegría benévola y la ecuanimidad. Sin embargo, la ética que lleva a lograr una mejor reencarnación se centra más bien en el cumplimiento de los deberes que tiene cada persona con respecto a la sociedad. Estos deberes incluyen actos de caridad, un especial apoyo a la sangha, y no olvidar jamás los cinco preceptos que constituyen el código básico de la moral budista. Estas normas prohiben matar, robar, tener un lenguaje hiriente, un comportamiento sexual irresponsable y consumir bebidas alcohólicas. Si la persona se atuviera a estos preceptos, podría superar las tres grandes raíces del mal: la lujuria, el odio y el engaño.

3

Desarrollo inicial

Poco tiempo antes de que Buda muriera, sus discípulos le pidieron que nombrara a un sucesor, pero él se negó. Más bien les instó a que cada uno trabajara de forma personal y lograra su propia salvación. Considerando que en aquel entonces las enseñanzas del budismo se transmitían sólo de forma oral, pronto se hizo evidente la necesidad de escribir estas enseñanzas y poder formar así una base sólida que mantuviera la unidad y la pureza de la comunidad. Ante esta situación, la orden monástica budista decidió reunirse de forma periódica para lograr un acuerdo tanto en asuntos de doctrina como de prácticas religiosas. Dentro de la tradición budista hubo cuatro reuniones que fueron consideradas Consejos Superiores.

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