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Joyería

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Pectoral egipcioPectoral egipcio
Esquema
1

Introducción

Joyería, objetos personales utilizados desde la antigüedad en todas las culturas como adorno, signo de posición social, rango oficial o símbolo de creencias religiosas o de otro tipo. En su sentido más amplio el término joyería comprende objetos realizados en diferentes tipos de material orgánico e inorgánico como cabello, pluma, piel, escamas, hueso, concha, madera, barro, metal o mineral. En un sentido más concreto, como el utilizado en el presente artículo, el término se refiere a piedras preciosas o semipreciosas y a objetos realizados con metales preciosos o bellos como oro, plata, platino, cobre y latón.

Las joyas se utilizan en adornos para la cabeza y la cara como coronas, diademas, tiaras, penachos, horquillas, adornos de sombreros, pendientes, aros nasales y aros para los labios; en adornos para el cuello como collares, gargantillas y colgantes; en adornos para el pecho como pectorales, broches y botones; en adornos para brazos y piernas como anillos, brazaletes, pulseras y tobilleras; y en otro tipo de adornos como cinturones con dijes (colgantes), esencieros y rosarios. Gran parte del conocimiento actual sobre las joyas antiguas procede de los objetos personales encontrados en las tumbas. En las culturas donde no era costumbre enterrar a los muertos con sus objetos de valor este conocimiento se ha extraído de pinturas y esculturas. Ver Diamante; Esmalte; Gemas.

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Egipto

Los antiguos egipcios, que ya conocían la mayoría de los procesos de tratamiento de los metales ornamentales utilizados en la actualidad, crearon joyas hábilmente engastadas, grabadas, soldadas, repujadas e incrustadas. Generalmente trabajaban con oro y plata, incrustando en estos metales piedras preciosas como la cornalina, el jaspe, la amatista, la turquesa y el lapislázuli adornados con esmalte y cristal. El arte egipcio produjo joyas de gran belleza, especialmente diademas, collares anchos de cuentas, pectorales cuadrados, brazaletes de aros articulados o de cuentas y anillos. Muchos egipcios llevaban dos brazaletes en cada brazo, uno en la muñeca y otro encima del codo. Un adorno especialmente popular era la sortija de sello decorada con símbolos religiosos como el escarabajo, la flor del loto, el halcón, la serpiente o el ojo.

En las tumbas egipcias se han encontrado gran cantidad de joyas. Especialmente notables son los adornos personales hallados en la tumba de Tut Anj Amón (dinastía XVIII, 1570-1293 a.C.), en la actualidad en el Museo de El Cairo.

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Oriente Próximo

En las tumbas sumerias, babilónicas y asirias de los siglos III y II a.C. se han descubierto gran cantidad de piezas de oro, plata y piedras preciosas en forma de diademas, collares, pendientes y amuletos zoomorfos, entre los que destaca la diadema real de Ur con finas hojas de haya doradas (Museo Británico, Londres).

También en Anatolia, Persia y Fenicia se realizaban excelentes joyas en oro y plata. Utilizaban técnicas como la granulación (superficies decoradas con pequeños gránulos de oro), la filigrana, la incrustación de gemas y el alveolado y campeado de esmaltes. Se ha constatado que en el arte fenicio hay una influencia egipcia y en el arte persa una influencia mesopotámica, lo que hace pensar que en aquel tiempo existía un comercio o algún otro tipo de contacto muy intenso.

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Grecia y Roma

Entre los años 2500 a.C. y 500 a.C., inicio del periodo clásico del arte griego, los artesanos del periodo minoico de Troya y Creta (en puntos muy alejados entre sí del Egeo) realizaron, sin embargo, pendientes, brazaletes y collares muy similares. Sus obras típicas eran espirales finas y cadenas de alambre engarzado y trenzado y finas hojas en forma de pétalos y rosetas. Las técnicas más utilizadas eran la del estampado, el esmaltado, la granulación de oro y la filigrana, si bien era más rara la incrustación de piedras. Los motivos más utilizados eran las espirales y los de tipo naturalista como la sepia (parecida al calamar), la estrella de mar y la mariposa. Entre las joyas encontradas en Micenas y Creta (hoy en el Museo Nacional de Atenas) hay numerosos discos de oro de pequeño tamaño con una perforación que permitía sujetarlos a los trajes, así como diademas de oro realizadas con largos óvalos cubiertos por rosetas repujadas. Ver Civilización del Egeo.

Las antiguas joyas griegas, etruscas y de otras partes de Italia realizadas entre los años 700 y 500 a.C. estaban totalmente inspiradas en los modelos egipcios y asirios llevados por los mercaderes fenicios. Las técnicas seguían siendo básicamente las mismas que las del periodo precedente y las plaquetas realzadas o estampadas constituían el elemento básico del trabajo; se siguió utilizando la técnica de la granulación, y en Etruria esta técnica alcanzó un alto grado de refinamiento. El bello collar griego de Rodas del siglo VII a.C. está formado por siete plaquetas rectangulares de oro con figuras aladas en relieve bordeadas de pequeñas bolas de oro (Museo Británico, Londres).

En el periodo griego clásico (siglos V y IV a.C.) dejó de utilizarse la técnica de la granulación y reaparecieron las del esmalte y la filigrana. Las joyas clásicas griegas eran finas y elegantes, los collares de oro trenzado estaban adornados con flores y borlas, y los pendientes de aro tenían discos y rosetas de filigrana. En el siguiente periodo helenístico se utilizaron colgantes con forma de ánforas, victorias aladas, cupidos y palomas, pero la innovación más importante fue la inclusión de grandes piedras de color, especialmente granates, en el centro de los diseños. Este esquema fue desarrollado por los romanos, que utilizaron una variedad mucho mayor de piedras que colocaban en filas rodeadas de perlas.

En la península Ibérica, entre los restos arqueológicos hallados de la época, destacan los famosos Tesoros de Villena y de Carambolo, en Sevilla, formado por 21 piezas de oro que muestran influencias orientales combinadas con elementos mediterráneos. Es uno de los conjuntos más representativo de la joyería del reino de Tartessos.

En sus joyas los romanos utilizaron con frecuencia el esmalte y lograron una gran perfección en la realización de camafeos (algunos de gran tamaño). Otras joyas muy de moda fueron la fíbula (broche similar a un imperdible o alfiler de seguridad), los anillos (que en pleno apogeo del Imperio se usaban en todos los dedos) y los adornos exóticos de ámbar. Hacia finales del Imperio romano, a partir del siglo III d.C., los collares y las pulseras se realizaban con monedas de oro montadas cuidadosamente en forma de arcada; el estilo clásico desapareció paulatinamente.

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