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Joyería

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Pectoral egipcioPectoral egipcio
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Siglos XVII y XVIII

Las joyas de este periodo pueden dividirse en joyas con diamantes (por lo general de diseño conservador) y joyas que reflejaban los cambios de la moda en el vestido y en las artes. Con la introducción en el siglo XVII de nuevas técnicas para tallar las piedras preciosas y darles un mayor brillo, el diamante se convirtió en la más apreciada, consideración que mantiene en la actualidad. En los siglos XVII y XVIII se pudieron realizar joyas de tipo más popular con materiales inferiores como resultado de las nuevas técnicas de producción industrial. Junto a tiaras de diamantes, anillos y broches de diseño naturalista, se realizaba una bisutería de estilo neoclásico (inspirada en piezas halladas en Pompeya), gótico, renacentista y egipcio. Además de oro y piedras semipreciosas se utilizaban aleaciones, pasta (para imitar gemas), acero, hierro fundido y técnicas como el estampado y tallado mecánico de motivos y monturas.

Característico de esta época, tanto de la joyería como de la bisutería, es el aderezo. Un aderezo femenino constaba de collar, pendientes, broche y, a veces, también de tiara o anillo. Un aderezo masculino en el siglo XVIII constaba de botones, hebillas de zapato, empuñadura del sable e insignia de la orden de caballería. Se diseñaron gran cantidad de magníficos aderezos y joyas para las casas reales europeas, las cuales durante siglos han ido acumulando colecciones de aderezos de coronación, joyas oficiales y personales e importantes piedras preciosas como los diamantes Koh-i-noor y Esperanza. Aunque muchas joyas reales han sido retalladas, fraccionadas o se han perdido, aún se conservan importantes colecciones en la torre de Londres, el tesoro de Viena y el Kremlin de Moscú. En esta época también estuvieron de moda accesorios con piedras preciosas como relojes, tabaqueras y sellos.

Algunas de las joyas europeas más suntuosas fueron realizadas en Francia durante el Segundo Imperio, cuando se impuso el uso extravagante de perlas y diamantes de gran valor. Al dar mayor importancia a la abundancia, la ostentación y al valor intrínseco de las piedras preciosas, se descuidó la artesanía de las monturas de metal y bajó la calidad de las joyas. En Rusia, a finales del siglo XIX, tuvo lugar un resurgimiento de la orfebrería con Carl Fabergé, creador de accesorios como cajas, empuñaduras de bastones, abanicos y marcos de cuadros. Al igual que los orfebres del renacimiento, Fabergé se especializó en el contraste de colores y materiales y sus diseños muestran una original combinación de oro, esmalte y piedras preciosas.

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Siglo XX

En París, hacia 1900, los joyeros del movimiento Art Nouveau dieron un nuevo impulso a la orfebrería. Entre ellos destaca René Lalique, quien utilizó en sus creaciones plantas, pájaros e insectos y dio prioridad al diseño frente al valor intrínseco de los materiales. En sus obras utilizó tanto esmaltes, marfil, cristal y cuerno como piedras semipreciosas y preciosas. El estilo Art Nouveau fue introducido en Estados Unidos por Louis Comfort Tiffany, uno de los principales diseñadores de joyas. En España el modernismo favoreció el auge de la joyería, destacando, entre otros, L. Masriera y L. Escolar.

La joyería moderna refleja cambios importantes en cuanto a moda y tecnología. Después de la I Guerra Mundial (1914-1918) la moda del pelo corto en la mujer supuso el fin de joyas como peines y otros accesorios para el pelo. En esta época se pusieron de moda las polveras, los relojes de pulsera y las tabaqueras con piedras preciosas. Los metales nobles pero ligeros, como el platino, el iridio y el paladio, han permitido realizar monturas innovadoras de gemas, al tiempo que los nuevos métodos de fundición han permitido realizar diseños más escultóricos y utilizar nuevas texturas y acabados metálicos. Al igual que en el renacimiento, en el siglo XX las joyas volvieron a ser diseñadas por pintores y escultores. La obra del pintor francés Georges Braque y la del escultor estadounidense Alexander Calder combinan la utilidad con la estética. Las joyas diseñadas por el español Salvador Dalí son más extravagantes y, más que adornos para ser llevados, son diseños en sí mismos. En España destacan también, entre muchos otros, los diseños de Pablo Ruiz Picasso, de los escultores Pablo Gargallo y Miguel Berrocal, y, más recientemente, del pintor Guillermo Pérez Villalta.

Aunque gran parte de la joyería moderna está diseñada y realizada a escala industrial, se sigue manteniendo una fuerte tradición de orfebrería en Escandinavia y en Estados Unidos, donde la plata, las piedras semipreciosas, el cobre martillado y otros materiales menos nobles son de uso común. También es muy frecuente el uso del plástico en bisutería. Los talleres de artesanía producen una amplia selección de diseños abstractos y naturalistas en anillos, pulseras, pendientes, collares y broches. Aunque la joyería del siglo XIX y principios del XX estaba destinada preferentemente a la mujer, a finales del siglo XX ha surgido un mercado masculino de joyas como cadenas, colgantes, pendientes y pulseras. Pero los grandes joyeros, como Cartier o Van Cleef y Arpels, continúan diseñando motivos clásicos, flores o animales combinando hermosas piedras. En España destacan joyeros tradicionales como los Capdevila, y una generación más joven compuesta por artistas de gran proyección internacional como R. Puig, Chelo Sastre, Joaquín Berao y R. Fout.

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Oriente

En Oriente se han mantenido las técnicas y estilos de orfebrería tradicionales desde la más remota antigüedad. La joyería india (tiras y pendientes de oro, collares de cuentas y pulseras metálicas y de cerámica) ya existía en el valle del Indo hacia el 1500 a.C. Esculturas posteriores muestran a mujeres y hombres con pesados collares, pulseras, diademas y pendientes. Actualmente los orfebres indios, también expertos en las técnicas utilizadas en Occidente, realizan trabajos esmaltados, soldados, granulados y de filigrana de gran delicadeza. Algunas de sus mejores obras, especialmente las de filigrana de plata, se producen en Cuttack, Cachemira, y Bengala. Entre los ejemplares históricos de orfebrería india que se exhiben en el Museo Victoria y Alberto de Londres, destaca un broche de oro en forma de media luna con bolas doradas granuladas y colgantes, así como dijes de turbante en oro y esmalte de Jaipur, Rājasthān. Otras piezas del sur de la India presentan motivos de la mitología hindú.

En los manuscritos miniados persas se observa que tanto los hombres como las mujeres llevaban costosas joyas en los tocados, collares y pendientes. El material característico era el oro esmaltado y el centro principal de producción era la ciudad de Shīrāz. Los amuletos actuales y las joyas antiguas (como los pendientes de dos filas en forma de cúpula rodeados de perlas y los colgantes en forma de hoja que se exhiben en el Museo Victoria y Alberto) están realizados con la técnica de oro esmaltado.

En las joyas tradicionales chinas se utilizaba más la plata que el oro, que se doraba para evitar su deslustre. Ambos metales, en muchos casos, se esmaltaban en azul (uno de los colores más apreciados) y se decoraban con plumas azules de martín pescador. El jade era la piedra preciosa más utilizada. Bajo el Imperio chino los emblemas con piedras preciosas, como los botones del sombrero de los mandarines, indicaban el rango. En la alta sociedad las mujeres utilizaban tocados de plata y filigrana de oro extremadamente elaborados. Las figuras de dragones, aves fénix y los símbolos budistas se utilizaban en la decoración, así como en collares, anillos y pulseras. Las joyas de gran calidad en oro y plata de Nepal, Myanmar (antes Birmania) y Tailandia están relacionadas con la orfebrería india y china. Los japoneses han destacado en la creación de accesorios en laca y marfil como peines, botones y monederos de cintura.

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África

Desde la prehistoria el gran continente africano ha producido joyas de gran belleza y diversidad. Además del trabajo de los antiguos egipcios ya mencionado, el norte de África destaca por el trabajo de la plata esmaltada, de los tuaregs y otros pueblos del desierto. Al sur del Sahara los artesanos de los grandes reinos medievales africanos realizaban anillos, pendientes, pulseras y otros adornos de oro (Ghana), ámbar (Songay), marfil y latón (Benín) y bronce (Yoruba). Las cuentas de concha y cristal han sido durante mucho tiempo elementos básicos de los adornos personales africanos. Las joyas también se han utilizado para expresar creencias religiosas, como las cruces de Etiopía y los amuletos del noroeste de África, y para indicar la posición social o económica. En la joyería africana actual se representan a menudo temas tradicionales con materiales modernos.

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