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Congregacionalismo

Artículo de la enciclopedia
Esquema
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Introducción

Congregacionalismo, forma o política de gobierno de la Iglesia en la que cada iglesia local es totalmente autónoma en cuanto a su gobierno. El término puede ser empleado en un sentido genérico o para referirse al desarrollo histórico específico del movimiento congregacionalista, que tuvo su origen en el puritanismo inglés, o para designar a un grupo específico que se haya desarrollado dentro de esta tradición.

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Congregacionalismo como término genérico

En este sentido, el congregacionalismo contrasta con las políticas jerárquicas, tales como el episcopado y el presbiterianismo (véase Movimiento eclesial; Clérigo). El episcopado sostiene que la autoridad de la Iglesia debe ser ejercida por la orden de los obispos. Los Presbiterianos están organizados según una estructura jerárquica en orden ascendente: la congregación local, el presbiterio (que representa a una serie de congregaciones), el sínodo regional y una asamblea general que supervisa todo lo anterior. Cada una de estas entidades presbiterianas ejerce una cierta autoridad sobre aquellas entidades que la constituyen. Las diferencias dentro de estas políticas podría ser aclarada por su poder para decretar. En el episcopado, toda la responsabilidad recae sobre los obispos; en el presbiterianismo, sobre el presbiterio. Pero en el congregacionalismo, cada iglesia local puede nombrar a su propio ministro. El congregacionalismo es la política de muchas entidades religiosas, aparte de aquellas que han utilizado el término congregacional como nombre para su agrupación; dentro de éstas se incluyen los baptistas y los unitaristas.

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Congregacionalismo como tradición

En un sentido estricto, el congregacionalismo es la política de una de las ramas del puritanismo inglés, específicamente de aquellos puritanos que emigraron a Nueva Inglaterra en el siglo XVII. Según los informes históricos más antiguos, el congregacionalismo generalmente se asocia con Robert Browne, quien ya en 1582 sostenía que la Iglesia de Inglaterra estaba tan corrupta, que la única solución era que los verdaderos cristianos se separaran de ella para formar sus propias iglesias autónomas. Teniendo esto en cuenta, sus seguidores recibieron el nombre de separatistas. Durante el siglo XVII, estos separatistas se unieron con otros grupos de disidentes, adoptando todos el nombre aglutinador de independientes.

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Principios esenciales

En este congregacionalismo inicial, la pertenencia estaba restringida sólo para aquellos que eran regenerados o que habían renacido espiritualmente, a través de una experiencia personal de conversión. La iglesia local estaba constituida por una asamblea, creada con el acuerdo general de todos los miembros; esta entidad tenía la autoridad para elegir a sus propios líderes y para controlar los asuntos disciplinarios de sus miembros. Los congregacionalistas también reconocen la comunión de las iglesias, esto es, la obligación que tienen las iglesias autónomas de trabajar en conjunto; por otro lado, ponían especial énfasis en la clara distinción entre Iglesia y Estado. La restricción que existía con respecto a aceptar miembros regenerados, era una norma basada en la distinción que hacían los calvinistas entre los elegidos y los no elegidos (véase Predestinación); el objetivo era tratar de conciliar las distinciones temporales de las eternas, y que serían reveladas el día del juicio final. La asamblea era una declaración voluntaria, por medio de la cual, los miembros aceptaban trabajar juntos en un ambiente de amor y afecto. En sus manifestaciones primitivas no se incluía un lenguaje de credo, y no constituía una prueba de creencias ortodoxas. La disciplina de los miembros y el hecho de que el ministro fuera elegido por la Iglesia, reflejaba los intentos por corregir los abusos que la Iglesia de Inglaterra cometía con los puritanos, donde la disciplina impuesta por tribunales diocesanos era ineficaz y los compromisos del clero con sus cargos era dado de forma general por ciertos privilegios de patronos privados. La tendencia del congregacionalismo a convertirse en un parroquialismo a pequeña escala, hasta cierto punto se contrapesaba con el énfasis que ponían en la comunión de las iglesias. Si bien consideraban que la Iglesia y el Estado debían apoyarse mutuamente, no estaba permitido que ninguna de las dos entidades interfiriera ni en los asuntos internos ni en los sistemas operativos autónomos de la otra. Estos principios eran considerados como bíblicos, derivados del modelo de las comunidades del Nuevo Testamento.

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