Selección del equipo editorial
Bibliografía sobre el tema que estás buscando, Italia, seleccionada por los editores de Encarta
Artículos relacionados
Datos y cifras
Buscar en Encarta

Resultados en Windows Live®

Mira los resultados de la búsqueda en
Resultados en Windows Live®
Página 10 de 18

Italia

Artículo de la enciclopedia
Multimedia
Bandera e himno de ItaliaBandera e himno de Italia
Esquema
6.3

El Risorgimento

La cada vez mayor oposición de los italianos al dominio austriaco se manifestó en un sentimiento cada vez más fuerte en favor de la unidad nacional y la independencia, cuyo primer síntoma fue el nacimiento de una red de sociedades secretas, en especial las que integraban el movimiento denominado carbonarismo, surgido en el sur de Italia, que desempeñaron un papel de vital importancia en el transcurso de las revoluciones de 1820, fuertemente reprimidas por Austria.

6.3. 1

Los movimientos nacionalistas

La revolución de julio de 1830, que provocó el derrocamiento de Carlos X en Francia, tuvo gran repercusión en Italia. En 1831 estallaron insurrecciones en los Estados Pontificios. Representantes de diversas regiones, excepto de Roma y unas pocas ciudades fronterizas con Ancona, se reunieron en Bolonia y acordaron el establecimiento de la república como forma de gobierno. El papa Gregorio XVI pidió ayuda a Austria para sofocar el movimiento revolucionario en los dominios papales y la ciudad fue puesta bajo control militar.

Tras la muerte del rey Carlos Félix de Cerdeña (1831), ocupó el trono Carlos Alberto, que prometió al pueblo una constitución. Giuseppe Mazzini, que creía en el talante liberal del príncipe Carlos Alberto, animó al nuevo rey a que emprendiera la misión de liberar Italia. El rey encarceló a Mazzini, a pesar de lo cual los patriotas italianos siguieron viendo en el monarca el líder del movimiento.

Desde su exilio en Marsella, Mazzini fundó en 1831 una organización llamada Joven Italia para difundir el sentimiento nacionalista y republicano entre los italianos. El hecho de que los levantamientos fueran siempre reprimidos provocó que parte de los italianos se cuestionaran el uso de métodos radicales y empezaran a pensar que debería ser otro tipo de líder el que dirigiera la causa nacionalista.

El movimiento neogüelfista pretendía el establecimiento de un nuevo orden en que el papa sería a un tiempo el dirigente político y religioso de Italia. En 1846, la elección del papa Pío IX animó a los seguidores de los movimientos nacionalista y neogüelfista, que veían en el nuevo pontífice un hombre de talante liberal y partidario del proceso unificador italiano. Pío IX, puso inmediatamente en marcha un extenso programa de reformas en los Estados Pontificios: amnistía para los presos políticos, retorno de los exiliados, libertad de expresión, acceso de los seglares a los órganos de gobierno y la creación de una órgano de consulta encargado de sugerir nuevas reformas. El ejemplo del papa fue seguido por los gobernantes de Lucca, Toscana y Piamonte. No obstante, las reformas de 1846 y 1847, lejos de apaciguar el movimiento revolucionario, lo intensificaron. En enero de 1848 el pueblo de Palermo expulsó al ejército de Fernando II, rey de las Dos Sicilias, que, en respuesta al estallido de revoluciones en el continente, prometió a sus súbditos una constitución. A su vez, Leopoldo II, gran duque de Toscana, aprobó una constitución para su ducado. En Turín, el rey Carlos Alberto, por sugerencia de Camillo Benso, conde de Cavour, prometió también la aprobación de una constitución. Por su parte, el papa Pío IX, de mala gana, aceptó una constitución para los Estados Pontificios, aunque contemplaba el curso de los acontecimientos con preocupación.

6.3. 2

Los movimientos revolucionarios de 1848

El estallido de la revolución en Viena en 1848, que acabó con el mandato del canciller austriaco Klemens de Metternich, fue el detonante de la revuelta que tuvo lugar el 18 de marzo en Milán. El 22 de marzo, el pueblo expulsaba de la ciudad a las tropas austriacas. En Venecia se repitieron los acontecimientos y fue proclamada la república. Los monarcas absolutistas de Parma y Módena se vieron obligados a abandonar sus tronos. En Piamonte, los nacionalistas instaban a una guerra de liberación para arrojar a los austriacos de Italia. Superadas las dudas iniciales, el rey Carlos Alberto marchó con su ejército en ayuda de Lombardía y se proclamó como el liberador de Italia. Sin embargo, las esperanzas del pueblo italiano se desvanecieron cuando a finales de abril Pío IX se negó a participar en la guerra. A mediados de mayo la revolución fracasó en Nápoles, y el 24 de julio los austriacos derrotaron a los piamonteses. Un armisticio, contra el que se manifestó más tarde el rey Carlos Alberto, permitió a los piamonteses abandonar Lombardía. El rey fue finalmente derrotado en la batalla de Novara en marzo de 1849, y después abdicó en favor de su hijo, Víctor Manuel II.

6.3. 3

La revolución en Roma

Mientras tanto, Pío IX fue acusado por los elementos radicales de no haber dado su apoyo a la guerra en favor de la independencia. En Roma estalló una revuelta popular que obligó al Papa y a su más cercano consejero, el cardenal Giacomo Antonelli, a huir de la ciudad en noviembre de 1848. En su ausencia se proclamó la república. A principios del año 1849, el cardenal Antonelli pidió ayuda a las autoridades católicas de Francia, Austria, España y Nápoles para acabar con este régimen. A pesar de los esfuerzos de Mazzini, que estaba al frente del gobierno, y del líder militar Giuseppe Garibaldi, los austriacos atacaron desde el norte y los españoles y napolitanos desde el sur, permitiendo al ejército francés ocupar Roma en julio de 1848. De esta forma el poder papal fue restaurado.

6.3. 4

Garibaldi y Cavour

El rey Víctor Manuel II se mantuvo fiel a la Constitución liberal que su padre había promulgado y a la bandera tricolor, símbolo de la Italia libre, con lo que propició que los refugiados políticos procedentes de los estados conservadores buscaran asilo político en Cerdeña. En 1852 Cavour se convirtió en primer ministro de Cerdeña y en 1855 hizo que el país participara, junto con Gran Bretaña y Francia, en la guerra de Crimea. En la conferencia de paz celebrada en París en 1856, Cavour, con la connivencia del emperador francés Napoleón III, presentó la cuestión italiana como un problema de carácter internacional. En 1858 mantuvo una reunión secreta con Napoleón para planear la ofensiva conjunta de Francia y Cerdeña contra Austria para liberar definitivamente Italia. La guerra estalló en 1859. La coalición franco-italiana ganó las batallas de Magenta y Solferino, no sin gran esfuerzo. Napoleón, temeroso de las consecuencias de embarcarse en una larga guerra, abandonó a los italianos y firmó, en julio de 1859, un preacuerdo con los austriacos sin la participación de Cerdeña. Después, esta aceptó los términos del Tratado de Zurich: Austria cedió casi toda Lombardía a Francia, que a su vez cedió las ciudades lombardas de Peschiera y Mantua a Cerdeña. En varios lugares se estaba preparando el terreno para la unificación italiana. Una serie de plebiscitos celebrados en 1860 pusieron de manifiesto el deseo de los habitantes de la Romaña y de los ducados de Parma y Módena de unirse a Cerdeña. Francia obtuvo, según lo acordado en el Tratado de Turín, las regiones de Niza y Saboya. En abril de 1860, estalló en Palermo una nueva revuelta contra Francisco II, rey de las Dos Sicilias. En mayo, Garibaldi, con la ayuda secreta de Cavour, dirigió una expedición contra Génova en apoyo de la revuelta siciliana. Garibaldi se hizo con el control en Sicilia y en agosto atacó tierras napolitanas, para acabar entrando en la misma ciudad de Nápoles el 7 de septiembre. Francisco II se refugió en una fortaleza de Gaeta. El gobierno de Cerdeña, mientras simpatizó con la causa de Garibaldi, se mantuvo en una posición neutral; sin embargo, cuando este amenazó con atacar Roma, que estaba protegida por los franceses, se alarmó. Con el permiso de Napoleón III, Cavour trasladó sus tropas a los Estados Pontificios en un intento de bloquear el avance de Garibaldi. Finalmente, Cerdeña se hizo con casi la totalidad de los Estados Pontificios dejando al papa sólo la posesión de Roma y sus inmediaciones. Mientras tanto, se celebraron plebiscitos en Nápoles y Sicilia, así como en las zonas fronterizas y Umbría, todos ellos con resultado favorable a la unión con el reino de Piamonte-Cerdeña, que desde la primera mitad de 1860 había pasado a denominarse Reino de Italia del Norte.

Atrás
... | | | | | | | | | | ... 
Siguiente
Buscar en esta página
Ver página para imprimir
Enviar




© 2008 Microsoft