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Esquema
El primer estilo, popular aproximadamente entre los años 120 y 80 a.C. (casa de Salustio, Pompeya), se basa en la decoración griega de interiores y a veces se denomina como estilo de las incrustaciones porque sus pinturas sobre el yeso se utilizaron para imitar el aspecto de los muros de mármol pulidos. Los pintores que trabajaron en el segundo estilo o estilo arquitectónico, desde el 80 al 15 a.C., intentaron crear por medio de la perspectiva una ilusión espacial que se prolongaba más allá de la superficie mural. Las columnatas, los jardines, los escenarios teatrales y los templos circulares fueron motivos usuales. Hoy se pueden encontrar extensas series de frescos del segundo estilo en Pompeya (villa de los Misterios, año 50 a.C.), en una magnífica villa excavada recientemente cerca de Oplontis (también del año 50 a.C.) y en otros lugares. La casa de Augusto en la colina del Palatino en Roma estaba decorada en este elegante estilo (c. 25 a.C.).
El tercer estilo u ornamental, datado desde el 15 a.C. hasta el 63 d.C. es una pintura delicada en la que el ilusionismo del segundo estilo se suprimió en favor de arabescos lineales sobre fondos monocromos. Las habitaciones más hermosas pintadas en el tercer estilo se conservan en la villa de Agripa Postumo en Boscotrecase (10 a.C.). El cuarto estilo o estilo intrincado, desarrollado entre el 63 al 79 d.C., antes de la erupción del Vesubio, es el estilo último y más complejo. Los motivos arquitectónicos fueron de nuevo populares, pero no de acuerdo con una perspectiva lógica, sino con estructuras fantásticas e imposibles de construir, como las de la casa de los Vetti en Pompeya. En los estilos tercero y cuarto la parte central de los murales está pintada al estilo de las tablas, mostrando temas mitológicos, aunque también se conocen ejemplos de vida cotidiana y retratos. El desarrollo de la pintura mural después de la destrucción de estas ciudades por el Vesubio está menos documentado, pero se pueden encontrar estancias pintadas en los siglos II, III y IV en Ostia y, sobre todo, en las catacumbas romanas, donde los temas cristianos se desarrollaron mucho antes de la conversión de Constantino al cristianismo. Entre los restos murales pictóricos de la Hispania romana debemos destacar los conservados en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y los de Santa Eulalia de Bóveda (Lugo).
Dondequiera que existieran pinturas murales, es probable que también hubiera suelos policromos. Éstos estaban pintados de forma sencilla, a menudo con tonos uniformes, pero en muchos casos se completaron con baldosas de mármol de colores o pequeños paralelepípedos vítreos (teselas) formando mosaicos.
En todas las partes del Imperio se han encontrado mosaicos romanos. Oscilan desde los modelos abstractos de teselas blancas y negras hasta las ambiciosas composiciones figurativas policromas, como el gran suelo de la casa del Fauno en Pompeya, que se cree reproduce una pintura griega del siglo IV a.C. sobre la batalla de Isos, un encuentro entre los ejércitos de Alejandro Magno y el rey Darío III de Persia. A menudo los techos romanos estuvieron pintados o recubiertos de mosaicos, pero también se decoraron con relieves policromos de estuco. Se han excavado hermosas bóvedas estucadas en la casa Farnesina (20 a.C.) y en la tumba de los Pancratii en Roma (160 d.C.). En España se conservan muchos mosaicos de época romana. Entre ellos cabe destacar los del Museo de Barcelona (temática circense y pisciforme), los del Museo Arqueológico Nacional de Madrid (sobre todo los que representan los trabajos de Hércules), los de Tarragona (con el tema de la Medusa), los del Museo de Navarra en Pamplona (Triunfo de Baco y Teseo y el Minotauro), los de Itálica (mosaico de Neptuno), los de Mérida (mosaico de los siete sabios y mosaicos de la casa del Mitreo) y los de Ampurias en Girona (Sacrificio de Ifigenia).
En la Roma antigua las denominadas artes menores, la metalistería, el tallado de gemas o el soplado y moldeado del vidrio, aunque tuvieron un desarrollo menor, fueron muy apreciadas. Los nombres de los artistas rara vez se hicieron constar, pero conocemos al grabador de los sellos oficiales del emperador Augusto, un artífice llamado Dioscórides. Se conservan un gran número de camafeos y piedras preciosas grabadas en hueco, con retratos y figuras mitológicas, así como algunos grandes camafeos con escenas narrativas y alegóricas. Entre los más importantes están la Gemma Augustea (principios del siglo I d.C., Kunsthistorische Museum de Viena), dedicada a Augusto y el Gran Camafeo de Francia (París, Biblioteca Nacional), realizado en honor de Tiberio, sucesor de Augusto. Los orfebres fueron diestros en la elaboración de joyas de metales preciosos y costosas vajillas. Se han encontrado vajillas de plata romanas en una villa en Boscoreale y en la casa de Menander en Pompeya. Ambos tesoros, enterrados por la erupción del Vesubio, incluyen motivos abstractos, vegetales y figurativos. Los trabajos en miniatura más difundidos del arte romano fueron las monedas acuñadas en oro, plata y cobre. Bajo el Imperio, las monedas mostraban en el lado anverso los retratos de los emperadores y en el reverso representaciones de dioses, de edificios o de relatos mitológicos. El vidrio romano, a pesar de su fragilidad, se ha conservado en cantidades considerables. La fabricación incluyó las técnicas del vidrio moldeado y del vidrio soplado, además de variantes lujosas como los camafeos de cristal (vaso Portland, siglo I d.C., Museo Británico de Londres), los mosaicos vítreos (ejemplos del siglo I a.C. en el Museo del Vidrio de Corning, Nueva York), los fondos de oro (vidrios decorados por el reverso con pan de oro, ejemplos varios del siglo IV d.C. en el Museo Metropolitano de Nueva York) y la diatreta (vasos torneados), vasijas de cristal de una pieza con figuras talladas en altorrelieve sobre la superficie exterior (vaso Licurgo, siglo IV d.C., Museo Británico).
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