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Resultados en Windows Live® Evangelio según san LucasArtículo de la enciclopedia
Esquema
Evangelio según san Lucas, tercer libro del Nuevo Testamento.
La tradición de la Iglesia, que data de finales del siglo II, lo atribuye a “Lucas, el médico querido” (Col. 4,14), uno de “mis colaboradores” (Flm. 1,24), mencionado por san Pablo en dos de sus epístolas. La misma tradición también atribuye a san Lucas los Hechos de los Apóstoles que, conjuntamente con el Evangelio que lleva su nombre, suele considerarse que constituyeron una única obra en los primeros años del cristianismo. La mayoría de los especialistas modernos aceptan que Lucas fue el autor de ambos libros, aunque algunos —debido a la contradicción entre las epístolas de san Pablo y lo que de él se cuenta en Hechos— dudan que Lucas y Pablo estuviesen estrechamente asociados durante la obra misionera de este último. En la actualidad, la opinión más generalizada es que el Evangelio según san Lucas fue redactado entre los años 70 y 80 d.C. También se han sugerido fechas anteriores o posteriores: en torno al 63-65 d.C. si, como se ha propuesto, Hechos fue escrito mientras Pablo estaba encarcelado en Roma; a finales del siglo I, si se toma como prueba de una fecha posterior cualquier ausencia de referencias al Evangelio en los escritos de los primeros padres de la Iglesia. Se desconoce si este Evangelio fue escrito en Roma, en Asia Menor o en Grecia.
El contexto del Evangelio según san Lucas es el mismo que refiere el Evangelio según san Marcos. Sin embargo, Lucas amplió el relato de Marcos mediante dos importantes interpolaciones (Lc. 6,20-8,3; 9,51-18,14). La mayoría de los especialistas coincide en que estas inserciones fueron tomadas principalmente de una recopilación de los dichos de Jesucristo conocida como “Q”, o “Logia”, y de un cuerpo de tradiciones orales denominado a veces “L”, recopiladas por Lucas o conocidas sólo por él. Lucas puede dividirse en seis secciones bastante diferenciadas: un prólogo (1,1-4); relatos del nacimiento e infancia de Jesús (1,5-2,52); el ministerio de Jesús en Galilea (3,1-9,50); su viaje desde Galilea a Jerusalén (9,51-19,48); su predicación en Jerusalén (capítulos 20-21); y su Pasión, Resurrección y Ascensión (capítulos 22-24). El prólogo, que expone las razones y la autoridad para escribir el Evangelio, está dirigido al “ilustre Teófilo” (1,3). Es posible que Teófilo no sea más que una denominación simbólica del lector cristiano, aunque lo más probable es que se tratase de una persona real, quizá un funcionario romano. El prólogo de Lucas es único en los tres primeros Evangelios. Modelado sobre la base de los prólogos de los historiadores helenistas, da la impresión de que Lucas escribió principalmente en calidad de historiador, registrando los hechos tras una exhaustiva investigación. La narración del nacimiento e infancia de Jesús que aparece en Lucas ha sido la que más peso tuvo para dar forma a la celebración cristiana de la Navidad. De ella se han tomado los grandes himnos conocidos como Magnificat (1,46-55) y Benedictus (1,68-79). Los relatos familiares que son exclusivos de Lucas incluyen la Anunciación (1,26-38); la visita de María, madre de Jesús, a Isabel, madre de Juan el Bautista (1,39-56); el nacimiento de Juan el Bautista (1,57-80); la circuncisión de Jesús y su consagración en el Templo (2,21-40); y la aparición de Jesús en el Templo a los 12 años de edad (2,41-52). Los pormenores que Lucas ofrece del ministerio de Jesús en Galilea son similares, con relativamente pocas excepciones, a los que encontramos en Marcos. Lucas da una descripción más detallada del rechazo de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret (4,16-30) y presenta una genealogía de Jesús que remonta sus orígenes humanos no sólo hasta Abraham, sino también hasta Adán (3,23-28). Por otra parte, sitúa el lugar del Sermón de la Montaña “en un paraje llano” (6,17) en lugar de hacerlo sobre la cima de un monte (6,20-49). Éstas son las principales diferencias entre ambos escritos. Sin embargo, en cuanto al viaje de Jesús hacia Jerusalén atravesando Samaria (9,51-19,48), este Evangelio contiene un material considerable que no aparece ni en Marcos ni en Mateo. Son sobre todo estos capítulos (probablemente tomados en su mayoría de la fuente “L”), que numerosos especialistas denominan “sección especial de Lucas”, los que ofrecen sus cualidades distintivas. Las narraciones y dichos únicos y característicos que aparecen en estos pasajes incluyen las historias de la misión y el regreso de los 72 discípulos (10,1-20) —70 en la versión protestante—, de Marta y María (10,38-42), y del rico publicano Zaqueo (19,1-10), así como las parábolas del buen samaritano (10,29-37); de la dracma perdida (15,1-10), del hijo pródigo (15,11-32), y la del rico Epulón y el mendigo Lázaro (16,19-31). Aquí también se incluye la versión abreviada de Lucas del Padrenuestro, sin la doxología que puede encontrarse en Mateo 6,9-15, escenificada en un contexto diferente. Para sus relatos acerca del ministerio de Jesús en Jerusalén (capítulos 20-21), y de la Pasión y Resurrección (capítulos 22-24), Lucas vuelve a recurrir a Marcos. Sin embargo, añade a la narración de éste las últimas palabras de Jesús a sus discípulos (22,21-38), sus palabras en camino hacia la cruz (23,28-31), las palabras de los dos salteadores crucificados (23,39-43), las apariciones de Cristo resucitado en el camino de Emaús y en Jerusalén (24,13-49) y su Ascensión (24,50-53). El Evangelio según san Lucas fue escrito fundamentalmente para su difusión entre los gentiles. El objetivo declarado del evangelista es el de ser universal, ya que Lucas —más que Mateo y Marcos— intenta situar a la persona y ministerio de Jesús dentro del tiempo y del mundo. Su genealogía de Jesús destaca la importancia universal de Cristo. Los pequeños toques que salpican la totalidad del texto mantienen constantemente este motivo de universalidad ante el lector. Sólo en Lucas puede leerse que llegaron soldados (seguramente gentiles) a ser bautizados por Juan (3,14); ningún otro evangelista mostró preocupación por los samaritanos (9,51-56; 17,11-19); y su Evangelio espera el día en que la palabra de Dios sea escuchada y prevalezca entre “todas las naciones” (24,47). También característico de Lucas es su preocupación por las relaciones sociales justas, en especial entre el rico y el pobre; su interés por los pecadores y los parias sociales; y su compasión por la mujer, única entre los evangelistas (7,11-17; 7,36-50; 8,1-3).
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