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Resultados en Windows Live® Epístolas a Timoteo y TitoArtículo de la enciclopedia
Esquema
Epístolas a Timoteo y Tito, tres libros del Nuevo Testamento, en dos de los cuales se dirigen epístolas a Timoteo y, en el tercero, a Tito. Tanto Timoteo como Tito fueron discípulos y ayudantes de san Pablo. Por lo general, estas tres cartas se denominan epístolas Pastorales, ya que en su mayor parte están dedicadas a la organización eclesiástica, a las obligaciones del ministerio (1 Tim. 3,1-13), a la homogeneización de la doctrina (2 Tim. 1,13-14) y a los códigos de conducta cristianos (2 Tim. 2,8-15; Tit. 2,1-3,8).
Aunque la tradición de la Iglesia ha atribuido las tres epístolas a Pablo, numerosos especialistas modernos han cuestionado que Pablo sea el autor. Según estos eruditos, el estilo y el vocabulario de las así llamadas Pastorales difiere significativamente de los auténticos escritos paulinos. Tampoco la situación histórica reflejada en las tres epístolas Pastorales coincide con ninguna situación de la vida de Pablo tal y como ha quedado registrada en Hechos de los Apóstoles y en las genuinas cartas paulinas. En la actualidad, está generalizada la opinión que atribuye las Pastorales a un único autor anónimo de finales del siglo I, que las atribuyó seudónimamente a Pablo. Es posible que fuera un discípulo de éste, utilizando para su obra material paulino auténtico. El orden de su composición se desconoce. Tampoco existe un acuerdo en cuanto a sus destinatarios, aunque al parecer las dos epístolas a Timoteo estaban dirigidas a las iglesias de Asia Menor, y la de Tito fue enviada a Creta. Con todo, a diferencia de las otras cartas paulinas, éstas no van dirigidas a la congregación cristiana, sino a sus líderes.
El principal objeto de las epístolas Pastorales fue proporcionar instrucciones para la organización y administración de la iglesia cristiana, así como combatir las herejías que amenazaban destruirla mediante el desorden doctrinal y moral (1 Tim. 4,1-6,2; Tit. 1,5-16; 3,8-12). La necesidad de una organización administrativa y de una modificación doctrinal surgió, en parte, del cambio de expectativas: los cristianos del periodo apostólico creían que la Parusía, o Segunda Venida de Cristo, era inminente. Se mostraban indiferentes y hostiles hacia las cuestiones mundanas, porque no esperaban que sus existencias en este mundo fueran a prolongarse durante mucho tiempo. Sin embargo, a finales del siglo I, los cristianos debieron darse cuenta de que, como la Parusía no se había producido, debía cambiar la manera en que su iglesia consideraba su probablemente más prolongada permanencia en este mundo. Además, el número de cristianos había crecido, llegando a ser identificados por la sociedad y por el Estado como un movimiento religioso separado completamente de los judíos, como consecuencia de lo cual se habían incrementado la oposición pública y la persecución del estado. A la sazón se formulaban numerosas doctrinas cristianas y no se habían determinado las categorías de ortodoxia o de herejía. Por consiguiente, era necesario identificar y salvaguardar las auténticas enseñanzas de la Iglesia, en especial frente a las interpretaciones falsas y a las especulaciones de los primeros gnósticos.
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