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Mientras la vida en la región Oriental volvía a la normalidad, Nigeria disfrutó durante cuatro años de un rápido crecimiento económico impulsado por los crecientes ingresos provenientes del petróleo y el país se convertía en el quinto productor mundial de este producto. Sin embargo, el continuo mandato militar, a pesar de las promesas de volver a un gobierno civil, llevó a una continuada inestabilidad. El 29 julio de 1975 Gowon fue expulsado tras un golpe de Estado encabezado por el general Murtala Ramat Muhammad, y a su vez Muhammad fue asesinado en un fallido intento de golpe de Estado el 13 de febrero de 1976. Su sucesor, el general Olusegun Obasanjo, presidió la transición hacia un gobierno civil que culminó en la promulgación de una nueva Constitución y en la elección en el verano de 1979 de un nuevo presidente de la República, Shehu Shagari. El gobierno de Shagari, al igual que el de sus predecesores, intentó destinar los ingresos del petróleo para la financiación de un ambicioso programa de desarrollo económico. Además, Shagari trató de realizar una ‘revolución verde’ para estimular la productividad agrícola y disminuir la creciente dependencia del país de las importaciones de alimentos. El debilitamiento del mercado petrolero a comienzos de la década de 1980 supuso un severo golpe a estas pretensiones; los ingresos por exportaciones de crudo, que en 1980 habían sobrepasado los 20.000 millones de dólares, cayeron hasta los 10.000 millones en 1982, y Nigeria fue incapaz de pagar sus deudas a corto plazo. Con escasez de divisas, el país tuvo dificultades para efectuar las importaciones necesarias, y la economía, que ya estaba debilitada por la mala administración y la corrupción, cayó en una fuerte recesión. En enero de 1983 el gobierno ordenó la expulsión de todos los extranjeros no cualificados. Al menos un millón de personas salieron, aunque muchos regresaron pronto. Ese mes de agosto, Shagari obtuvo la reelección; su organización política, el Partido Nacional de Nigeria, mostró también una fuerza abrumadora en las posteriores votaciones para el parlamento federal. La situación económica de Nigeria siguió empeorando y Shagari fue depuesto en 1983 en un golpe encabezado por el general Muhammad Buhari, el cual instauró un programa de austeridad muy rígido que le hizo impopular. En 1985 fue depuesto por un golpe de Estado sin derramamiento de sangre encabezado por el general de división Ibrahim Babangida, que suspendió los decretos más impopulares. Babangida renegoció parte de la deuda de Nigeria y reforzó el control gubernamental sobre los negocios para mejorar de este modo la economía nacional. A comienzos de 1990 desbarató un intento de golpe de Estado; como parte del programa para regresar a un gobierno civil se convocaron elecciones locales en 1990 y parlamentarias en 1992. En junio de 1993 se celebraron elecciones para elegir un presidente civil; el ganador fue un millonario hombre de negocios, Moshood Abiola, pero el gobierno anuló los resultados de las elecciones. En agosto Babangida cedió su cargo como presidente, y pasó el poder a un gobierno interino encabezado por Ernest Shoneka. El ministro de Defensa, el general Sani Abacha, derrocó al gobierno de transición en noviembre, prohibió toda actividad política y encarceló a muchos de sus oponentes, como el propio Abiola. Sin embargo, presionado por los gobiernos acreedores de Nigeria, anunció con posterioridad que habría una vuelta al gobierno civil en distintas fases y que el traspaso de poder comenzaría en enero de 1996, con el levantamiento de la prohibición de las actividades políticas. En 1993, después de un nuevo golpe de Estado, se creó una Comisión Constitucional Nacional, que estableció un nuevo borrador de Constitución en abril de 1995 en el que la presidencia se alternaría entre una personalidad del norte y otra del sur; la Comisión informó también de que enero de 1996 era una fecha demasiado temprana para el restablecimiento de un sistema multipartidista, indicando con esto que la vuelta a un gobierno civil sería, de producirse, gradual. En este contexto se encuadran las medidas represivas ejercidas contra importantes personalidades de la vida política y cultural de Nigeria. En noviembre de 1995, el escritor Ken Saro-Wiwa, uno de los líderes de los ogoni (pueblo nigeriano que trata de acceder a cierto nivel de autonomía y cuyo territorio constituye la mayor zona productora de petróleo del país), fue ahorcado junto con otros miembros de su misma etnia acusado de haber participado en cuatro asesinatos, en un juicio carente de las mínimas garantías procesales; en marzo de 1997, el premio Nobel Wole Soyinka, huido del país en 1994 tras el golpe de Estado, fue acusado por las autoridades militares nigerianas de un delito de alta traición, lo que podría suponer su condena a muerte. En diciembre de 1997 se celebraron elecciones legislativas y regionales, que dieron el triunfo al Partido Unido del Congreso, respaldado por el presidente del país, el general Sani Abacha. El partido gubernamental logró una aplastante victoria en los comicios —celebrados en medio de la apatía popular— y obtuvo 31 de los 40 escaños en disputa. Los comicios fueron presentados como paso previo a la vuelta al poder civil en unas elecciones previstas para el año siguiente. Ante la ausencia de un plan decidido para iniciar la transición a la democracia, la oposición inició una campaña de movilizaciones tendentes cuyo fin último era el derrocamiento de Abacha, quien, de modo repentino, murió el 8 de junio de 1998. Le sucedió en el cargo Abdulsalam Abubakar, quien prometió que respetaría el programa de democratización. En ese contexto, el 7 de julio se produjo la muerte repentina del opositor Moshood Abiola, que, aunque encarcelado, había iniciado contactos con miembros del gobierno y de organismos internacionales con el fin de acordar la transición pacífica hacia un régimen civil pluripartidista. Abubakar convocó elecciones democráticas y puso en libertad a varios disidentes. El ex presidente Olusegun Obasanjo, al frente del Partido Democrático Popular (PDP), apoyado por el Ejército, obtuvo la victoria en las elecciones presidenciales celebradas en febrero de 1999. El 29 de mayo de ese año, el mismo día que entró en vigor la nueva Constitución, se convirtió en el primer presidente civil de la República desde 1983. A partir de su llegada al poder, se incrementó la tensión religiosa entre las comunidades católica y musulmana, especialmente a raíz de que en febrero de 2000 los islamistas del estado de Kaduna pretendieran implantar la sharia (ley islámica), como ya había hecho otro estado del norte del país. Obasanjo fue reelegido jefe del Estado el 19 de abril de 2003, al obtener el 61% de los sufragios y superar al ex presidente Muhammad Buhari, líder del Partido de Todos los Pueblos de Nigeria. Los resultados de estos comicios fueron denunciados por la oposición, en tanto que una misión de observadores de la Unión Europea, si bien detectó fraudes localizados, consideró suficientemente válido el proceso electoral. Una semana antes, el PDP de Obasanjo también había vencido en las elecciones legislativas, logrando mayoría absoluta en la Cámara de Representantes y en el Senado. En los comicios presidenciales desarrollados el 21 de abril de 2007, se impuso el candidato del PDP, Umaru Musa Yar'Adua, quien recabó el 70% de los votos y sustituiría por tanto en la jefatura del Estado a Olusegun Obasanjo. Este proceso electoral, cuya presunta fraudulencia denunció la oposición, fue también criticado por los observadores internacionales, que manifestaron haber detectado múltiples irregularidades en el mismo.
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