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Esquema
Alfonso I, ayudado por los Templarios y otras órdenes militares, extendió el límite del nuevo reino hacia el sur del río Tajo. Su hijo Sancho I (1185-1211) animó a los cristianos a que repoblaran el área reconquistada donde se establecieron municipios autogobernados. Un destacado papel tuvieron los monjes cistercienses, cuyas repoblaciones promovieron un aumento de la producción agraria. A finales del siglo XII, los almohades, una dinastía musulmana del norte de África, frenaron temporalmente el avance de los cristianos hacia el sur, pero después de su derrota en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la Reconquista continuó. El rey Alfonso III (1248-1279) completó la expulsión de los musulmanes del Algarve y trasladó la capital de Coimbra a Lisboa. También puso en marcha el gobierno con ayuda de las Cortes (asamblea representativa que incluía miembros de la nobleza, del clero y de los ciudadanos) e incrementó el poder de la monarquía a expensas de la Iglesia. Su hijo Dionisio el Liberal, fomentó la agricultura, fundó la primera universidad de la nación en Coimbra y fue el responsable del desarrollo de la Armada portuguesa. En 1294 firmó un tratado comercial con Inglaterra, que fue el comienzo de una serie de alianzas entre los dos países. El sucesor de Dionisio, Alfonso IV, se unió con Alfonso XI de Castilla para conseguir la victoria sobre los musulmanes en la batalla del río Salado en 1340. En este periodo fueron frecuentes los matrimonios entre miembros de las casas reales de Castilla y Portugal, abriéndose la posibilidad de que ambos reinos pudieran unirse. Después de la muerte de Fernando I, el último de los descendientes legítimos de Enrique de Borgoña, su hermano ilegítimo Juan I se aseguró el trono portugués en 1385, tras dos años de guerra civil, y dio lugar al nacimiento de la dinastía de Avís. El reinado de Juan fue uno de los más notables de la historia de Portugal. Consolidó la independencia portuguesa tras derrotar a Castilla en la batalla de Aljubarrota (1385). En 1386 Inglaterra y Portugal se aliaron permanentemente en el Tratado de Windsor. Otro hecho destacado del reinado de Juan fue el inicio de las exploraciones marítimas portuguesas, que comenzaron bajo la dirección de su hijo Enrique el Navegante, príncipe de Portugal, que exploró la costa africana en busca de una ruta hacia las Indias. Comenzó un siglo de exploración y conquista que hizo de Portugal uno de los mayores poderes coloniales del mundo y permitió el desarrollo de la burguesía mercantil. Entre 1418 y 1419 los navegantes portugueses exploraron Madeira y en 1427 descubrieron las Azores. En Marruecos hubo una importante campaña militar que acabó con la ocupación de Ceuta en 1415.
Madeira y las Azores rápidamente se convirtieron en importantes centros de producción de azúcar, y la conquista de Ceuta dio a Portugal un enclave estratégico en el norte de África, que serviría de base para futuras exploraciones de la costa africana. Utilizando la carabela (un nuevo tipo de navío ligero especialmente adaptado a los viajes por el Atlántico), los marineros portugueses navegaron más al sur de Cabo Verde en 1444 y, hacia 1460 alcanzaron Sierra Leona. Mientras tanto, los sucesores de Juan I, el rey Duarte I o Eduardo I (1433-1438) y Alfonso V, enviaron expediciones a Marruecos y tomaron las ciudades de Tánger y Arcila (Asilah).
El rey Juan II (1481-1495) restableció el prestigio de la monarquía sometiendo a los turbulentos nobles a su autoridad. En el extranjero, fundó (1482) un fuerte portugués en Elmina (la actual Ghana) y estableció relaciones con el reino del Congo (en la actualidad, Angola). Entre los años 1487 y 1488, Bartolomeu Dias se convirtió en el primer navegante que bordeó el extremo meridional de África y abrió una ruta marina hacia Oriente. Después del viaje a América de Cristóbal Colón en 1492, Portugal y España firmaron el Tratado de Tordesillas (1494) que concedía a Portugal todas las tierras descubiertas al este de una línea a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Ver Línea de demarcación.
Bajo el mandato del rey Manuel I, el poderío portugués alcanzó el máximo esplendor. En los años 1497 y 1499 Vasco da Gama realizó el primer viaje a la India siguiendo la ruta descubierta por Dias e inauguró un lucrativo comercio de especias y otros artículos de lujo entre Europa y Asia meridional. Dirigidos por Alfonso de Albuquerque, los portugueses ocuparon Goa (en la India), en 1510, Malaca (actual Melaka, Malaysia) en 1511, las Molucas (en la actualidad Indonesia) en 1512-1514 y la isla de Ormuz, en el golfo Pérsico, en 1515. Durante ese mismo periodo, los portugueses abrieron el comercio con China y establecieron relaciones con Etiopía. Como habían hecho otros reyes portugueses, Manuel I soñó con la unidad de Portugal y España bajo su mandato y se casó sucesivamente con dos hijas del rey Fernando II de Aragón y de la reina Isabel I de Castilla (los Reyes Católicos). A imitación de lo sucedido en España, expulsó a los judíos y a los musulmanes de sus dominios en 1497; de este modo se privó a Portugal de la mayor parte de su incipiente clase media. Su hijo Juan III promovió el asentamiento en Brasil e introdujo (1536) la Inquisición en Portugal para reforzar la obediencia religiosa. A su muerte en 1557, Portugal había empezado a declinar su poder político y comercial. Esta tendencia continuó bajo el rey Sebastián, que murió durante una expedición a Marruecos en 1578 que concluyó con la derrota de Alcazarquivir. Con la muerte de su sucesor, el rey Enrique, en 1580, finalizó la dinastía de Avís.
A la muerte de Enrique, siete aspirantes se disputaron la sucesión al trono. El más poderoso era Felipe II, rey de España, quien en 1580 fue elegido rey por las Cortes de Tomar con el nombre de Felipe I de Portugal. La anexión de Portugal por parte de la monarquía española de los Habsburgo generó fuertes gastos por las guerras españolas en Europa en el periodo conocido como el ‘cautiverio de los seis años’, aunque la apertura de los territorios coloniales españoles favoreció a la burguesía y a miembros de la alta nobleza portuguesa. Después de 1600, el dominio portugués sobre las Indias Orientales se perdió a favor de holandeses y de ingleses. Bajo Felipe I, Portugal disfrutó de una autonomía considerable, pero sus sucesores, Felipe II (Felipe III de España) y Felipe III (Felipe IV de España), trataron a Portugal como una provincia española más, lo que provocó un gran descontento. Después de las fallidas revueltas de 1634 y de 1637, los conspiradores portugueses consiguieron, con el apoyo de Francia, la independencia de su reino en 1640, aprovechando la revuelta catalana y la debilidad de la monarquía hispánica, que no reconoció la independencia hasta 1668. Juan, duque de Braganza, fue elegido rey como Juan IV, primer rey de la casa de Braganza, que gobernó Portugal hasta la finalización de la monarquía.
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