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Esquema
Introducción; Teología y ciencia; Fuentes de la teología; Método teológico; Las ramas de la teología; Teología cristiana primitiva; La edad media; La Reforma; Teología moderna; Teología y otras disciplinas
La tradición es otro medio de expresión y transmisión de la revelación original. La tradición precede a la escritura, en el sentido de que los relatos y las doctrinas de los fundadores se transmitieron de forma oral antes de quedar escritos y adoptar una forma estable. Pero la tradición también sigue a la escritura, ya que donde la escritura aparece confusa o inconsistente, la comunidad de creyentes tiene que interpretarla, y se desarrolla a veces todo un conjunto de interpretaciones junto con la escritura original, e incluso puede escribirse de nuevo. Esto ha ocurrido tanto en el judaísmo como en el islam, aunque en estas religiones el conjunto de la tradición no tenga la misma categoría que las escrituras. En la cristiandad, el catolicismo romano ha dado un importante valor a la tradición como voz viva de la Iglesia. Los protestantes subrayan el principio de dependencia en la autoridad de la Biblia en exclusiva, ya que la Biblia que se lee y se enseña en el contexto de la Iglesia —en especial en la liturgia— es imposible escucharla en la práctica sin alusiones a la interpretación tradicional. Por último, la experiencia ha adquirido una importante influencia en la teología, sobre todo en épocas modernas. El respeto a la autoridad de la escritura, la tradición e incluso la revelación ha disminuido, y por lo tanto los teólogos tienden a recurrir cada vez más a la experiencia viva, ya sea personal o de la comunidad. El teólogo busca el significado de Dios no sólo en experiencias religiosas como el misticismo y la conversión, sino también en la experiencia cultural, social y política de la época.
No hay un único método de carácter universal reconocido en teología. El método difiere de un teólogo a otro y depende en gran medida del grado de importancia que se concede a las diversas fuentes. San Anselmo, del siglo XII, es un buen ejemplo de teólogo que utiliza un método de riguroso razonamiento lógico. En el Proslogium, Anselmo se propone probar la existencia de Dios a partir del concepto de un ser perfecto, y en Cur Deus homo sostiene que, dada la existencia de un Dios benevolente y de la maldad de la humanidad, las doctrinas cristianas de encarnación y expiación pueden deducirse por necesidad lógica. Pocos teólogos han sido tan rigurosamente lógicos como Anselmo, pero casi todos han aspirado a la coherencia lógica. Sin embargo, una minoría, incluidos el padre de la Iglesia del siglo II Tertuliano y el filósofo danés del siglo XIX Søren Kierkegaard, han negado que la teología pueda concebirse como un sistema racional y han afirmado que la experiencia humana de Dios revela discontinuidad y paradojas. Se puede observar un método bastante diferente entre los teólogos protestantes de la Reforma y posteriores a ella, que han intentado fundamentar la teología ciñéndose tan sólo a la Biblia. En su forma más cruda, esto significaba una constante apelación a la Biblia para demostrar afirmaciones teológicas. Sin embargo, con el desarrollo de los estudios bíblicos, este tipo de teología se ha hecho mucho más sofisticada. En primer lugar, el método consiste en establecer el texto bíblico a partir de los manuscritos y de diferentes lecturas, sometiendo después este texto a un profundo examen para tomar nota, por ejemplo, de consideraciones lingüísticas, fuentes literarias y antecedentes históricos. En esto consiste el trabajo de exégesis, que aspira a la comprensión, en la medida de lo posible, del significado que pretendió el escritor. Los teólogos deben entonces continuar y preguntarse cómo ha ido evolucionando el significado original del texto en el curso de la historia doctrinal, y el significado que pudiera tener en la propia época y situación cultural de los teólogos. Este paso afecta a la hermenéutica, ciencia de la interpretación de textos. Hay quien afirma que la interpretación es en sí misma un acto creativo e innovador y no tan sólo la transposición de significados de un contexto antiguo a otro moderno. Además, una transposición que intentara reproducir el significado exacto del texto original podría dar lugar a cambios substanciales. El teólogo alemán del siglo XX, Rudolf Bultmann, abogó por un método de 'desmitologización', en el supuesto de que el significado esencial del Nuevo Testamento es una comprensión de la existencia humana que debe desvincularse del lenguaje mitológico de la época en que se escribió. El proyecto de Bultmann implicaba la traducción de este significado esencial en el contexto del lenguaje de la filosofía existencialista moderna. En apariencia similar a las teologías de fundamento bíblico de los escritores protestantes son las de los escritores católicos, que han tratado de desarrollar teologías fundadas en los pronunciamientos dogmáticos de la Iglesia. Esto se realizó con cierta ingenuidad en los manuales más antiguos, aunque se ha reconocido ahora que las cuestiones hermenéuticas son tan relevantes para el dogma como lo son para la escritura, y que incluso los dogmas más venerados necesitan una periódica reinterpretación que puede dar lugar a la aparición de nuevas ideas. Los teólogos poco dispuestos a comenzar con una apelación a los textos autorizados, ya sean bíblicos o dogmáticos, comienzan su labor por el extremo opuesto, analizando la experiencia humana y sus problemas, y preguntándose después cómo la sabiduría tradicional podría iluminar o resolver estos problemas. El teólogo alemán del siglo XX Paul Tillich ha utilizado la expresión 'método de correlación' para describir este procedimiento en teología. Él y otros autores han hecho buen uso de la fenomenología en sus análisis de la experiencia humana. Los principales tipos de métodos teológicos pueden combinarse de diferentes formas. Cada teólogo importante tiene un método único en sus detalles, pero que sin embargo implica numerosos procedimientos similares a los de otros teólogos. Es importante señalar que muchos procedimientos de la teología son los mismos que utilizan los historiadores, los estudiantes de lengua y literatura, los filósofos, y otros especialistas.
La palabra teología es utilizada a veces en sentido amplio para significar no sólo el estudio de la doctrina, sino también los estudios bíblicos y la historia de la Iglesia, como cuando se habla de la facultad de teología de una universidad. Pero en general, teología significa teología sistemática, que es la exposición ordenada de las creencias de una fe religiosa en su conjunto. La teología sistemática cristiana se subdivide en la doctrina de Dios (teología en sentido estricto); cristología, doctrina de la persona de Cristo; soteriología, doctrina de la salvación; antropología, doctrina de la humanidad; pneumatología, doctrina del espíritu; escatología, doctrina de las 'últimas cosas' o el final de los tiempos, y eclesiología, doctrina de la Iglesia. A veces se añaden nuevas divisiones, aunque la teología sistemática subraya siempre la unidad e implicación mutua de las diversas partes. La distinción entre teología natural, que se basa en la razón y la experiencia común, y la teología revelada ya ha sido apuntada. Por el mismo motivo debería hacerse una distinción entre apologética —intento de exponer las creencias religiosas mientras se atiende o se responde a las objeciones y críticas— y dogmática, exposición ordenada de las creencias. Sin embargo, algunos teólogos rechazan la apologética, ya que parece permitir a sus rivales fijar el orden, argumentando que la mejor apologética es tan sólo una exposición clara de la creencia. La aparición y desarrollo de doctrinas religiosas es el tema de la teología histórica, que tiene importantes implicaciones en la reflexión teológica actual. En cierto modo menos dependientes de la aventura teológica son varias disciplinas en las que las ideas procedentes de la teología sistemática se aplican a diversos problemas especializados. En teología moral las ideas de fe se aplican a cuestiones de conducta moral. A causa de la variedad de estos problemas, la teología moral tiende a convertirse en una tarea interdisciplinar. Cuando los problemas aparecen vinculados a aspectos institucionales y sociales de la vida humana, se puede hablar de teología social e incluso de teología política. La teología pastoral o práctica tiene que ver con el ejercicio del sacerdocio en materias como el asesoramiento y la cura de almas.
Aunque la Biblia contiene abundante material teológico, no es un manual de teología sistemática. La epístola de Pablo a los romanos es quizá la propuesta más cercana a un tratado teológico en el Nuevo Testamento; comenzando por la pecaminosa condición humana, Pablo enuncia una doctrina de justificación por la fe y esboza un esquema de salvación universal. La teología comenzó entre los griegos como una disciplina científica, y la convergencia de la filosofía griega y la fe bíblica dio lugar al desarrollo de la gran época de la teología patrística. Aunque el teólogo alemán Adolf von Harnack lamentó la helenización del evangelio, casi todos los teólogos coincidieron con Tillich en que la fe bíblica tenía que responder al reto intelectual de la filosofía griega. En Oriente, el escritor Orígenes (siglo III, escuela de Alejandría) fue quizá el teólogo más influyente de la era cristiana primitiva: De principiis se ocupa de los grandes tópicos de la teología, y Contra celsum, respuesta de Orígenes a las críticas de un filósofo pagano, es un notable ejemplo de apologética. El gran teólogo patrístico de Occidente fue san Agustín de Hipona. Su obra más importante es De civitate Dei (La ciudad de Dios, 413-426), un considerable estudio donde la historia humana se presenta como una batalla entre las fuerzas del bien y del mal. Otro influyente tratado teológico de san Agustín es De trinitate (400-416). Orígenes y Agustín escribieron también comentarios sobre los libros de la Biblia, y los dos estuvieron muy influidos por la filosofía de Platón. Fue durante el periodo patrístico cuando adquirieron formulación definitiva las doctrinas cristianas más importantes.
La siguiente explosión de actividad teológica se produjo en la edad media. Ya se han mencionado Anselmo y su obra capital, pero la figura sobresaliente de la teología medieval fue santo Tomás de Aquino. Su gran Summa Theologiae (1265-1273), que llegó a los dos millones de palabras y quedó inacabada a su muerte, es una detallada exposición teológica de las doctrinas sobre Dios, la naturaleza humana y la recta conducta, así como la encarnación y la salvación. Entremezcla con sutileza temas filosóficos y teológicos y ha ejercido una influencia sin precedentes, en especial en la teología católica romana. Aquino también escribió una obra apologética fundamental, la Summa contra gentiles (1261-1264). Hizo un uso importante de la filosofía de Aristóteles, que se estaba redescubriendo en aquella época.
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