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Retrato

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Esquema
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Introducción

Retrato, en arte, representación de la figura humana que sugiere su apariencia física, carácter y personalidad. Los retratos pueden ser dibujos, pinturas, esculturas, grabados o cualquier otro tipo de estampaciones y siluetas recortadas en papel. Abarcan desde trabajos en miniatura, tallados en un camafeo o acuñados en una moneda, hasta estatuas de tamaño natural e incluso mayores. Algunos retratos son de tipo formal, presentados de manera idealizada, como sucede con la mayoría de la escultura de tipo funerario. Otros son bocetos espontáneos o caricaturas ingeniosas. A menudo, la principal preocupación del artista radica en decidir cómo combinar su visión particular del sujeto con la apariencia real del mismo para crear con ello una obra de arte.

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Los mundos antiguo, bizantino y medieval

Las primeras representaciones de personas de manera individualizada eran las estatuas funerarias de los gobernantes y nobles encontradas en las tumbas del antiguo Egipto. Durante el Imperio Antiguo (c. 2755-2255 a.C.) estas figuras eran muy estilizadas, intentando resaltar con ello la dignidad y el carácter eterno del personaje. Mucho más íntimos y realistas fueron los retratos del faraón Ajnatón y su familia, esculpidos en el Imperio Nuevo (1570-1070 a.C.).

En Grecia destacan los retratos de los siglos V y IV a.C. Por lo general fueron retratos idealizados, lo que sin duda modifica la apariencia real del personaje de acuerdo con el criterio del artista, según representara a un joven, un estadista o cualquier otra persona. La escultura griega tardía del periodo helenístico, buscó un tipo de representación más realista y emocionalmente expresiva.

El verdadero realismo en el retrato no aparece hasta la época romana. Estatuas de piedra y bronce excepcionalmente hermosas, bustos a tamaño natural e incluso mayores, y monumentos funerarios se hicieron desde los últimos tiempos de la República hasta el siglo III d.C., ya en época del Imperio romano (27 a.C.-476 d.C.). Los retratos del periodo republicano se caracterizan por su austeridad, mientras que los de época imperial son mucho más sutiles, animados y expresivos. De entre los ejemplos conservados, además de los bustos de los emperadores, filósofos, poetas, políticos, y demás personajes de toda la historia de Roma, son especialmente llamativos los retratos funerarios pintados a la encáustica en los siglos II y III descubiertos en las tumbas del Fayum, Egipto, de gran fuerza expresiva.

El arte bizantino, con una evolución histórica que abarca del siglo VI al XV, desarrolló con mayor intensidad los aspectos espirituales del arte paleocristiano. El retrato bizantino encontró su única vía de expresión en los brillantes y coloristas mosaicos plagados de figuras religiosas y cortesanas colocadas de forma ritual, en serie continua, a modo de procesión, con total armonía.

Los retratos paleocristianos eran, por lo general, representaciones simbólicas de tema religioso. Durante la edad media la mayoría de los retratos eran representaciones de gobernantes, reyes, nobles, clérigos y mecenas esculpidos en piedra para las tumbas y las fachadas de las iglesias, así como también pintados en tablas, murales, altares, vidrieras y manuscritos miniados. En el periodo románico las figuras tienden hacia la estilización y el simbolismo; en el gótico, poco a poco se fueron convirtiendo en representaciones de individuos, fieles retratos del original.

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Renacimiento y manierismo

Durante el renacimiento el retrato floreció como manifestación propia del humanismo. De este modo renació el interés clásico por los asuntos humanos y se acentuó el desarrollo del individuo como centro de todas las cosas. En la Italia del siglo XV el escultor florentino Donatello dio nuevo vigor al género del retrato tanto en la escultura en piedra como en bronce, tradición que fue luego continuada por Desiderio de Settignano y otros artistas. Pisanello acuñó medallas con excelentes retratos. En pintura, retratistas destacados del primer renacimiento (siglo XV) fueron Benozzo Gozzoli, Domenico Ghirlandaio, Sandro Botticelli, Andrea Mantegna, Giovanni Bellini y Piero della Francesca. Maestros famosos del alto renacimiento (siglo XVI), como Leonardo da Vinci, Rafael, Andrea del Sarto, Giorgione y Tiziano llevaron el género del retrato a las más altas cimas del refinamiento, con ricos colores y extraordinarios efectos de luz. En España, en el siglo XV, practicaron el retrato en algunas ocasiones Juan de Flandes, Pedro Berruguete, Luis Dalmau y Diego de la Cruz.

Los retratos hechos por los pintores del renacimiento del norte de Europa muestran, sobre todo, una preocupación por el realismo y la precisión en el detalle. Estas características aparecen claramente reflejadas en las tablas de los maestros flamencos del siglo XV Jan van Eyck, Rogier van der Weyden y Hans Memling, así como también en los dibujos y pinturas de los artistas alemanes del siglo XVI Alberto Durero y Hans Holbein, el Joven.

Los retratos manieristas se inclinaron más hacia la exageración del color, la proporción, la luz y la expresividad, en oposición a las equilibradas composiciones clasicistas del alto renacimiento. Se incluyen dentro de esta tendencia los trabajos de Il Bronzino y Tintoretto en Italia, así como también las personales y características figuras del español Doménikos Theotokópoulos, el Greco.

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Barroco y rococó

El retrato de los siglos XVII y XVIII estuvo dominado por el realismo y la exuberancia del estilo barroco. Los pintores flamencos Petrus Paulus Rubens y Anthony van Dyck, y el francés Hyacinthe Rigaud pintaron solemnes retratos de gran tamaño resaltando sobre todo el carácter aristocrático y la riqueza en los ropajes de los personajes. Estas características se manifestaron también en las esculturas del italiano Gian Lorenzo Bernini, perdurando, ya en el siglo XVIII, en la obra del pintor inglés Joshua Reynolds. Rembrandt y Hals en los Países Bajos, Philippe de Champaigne en Francia, y los españoles Diego Velázquez y Francisco de Zurbarán, buscaron por encima de todo la expresión de la personalidad interior de los personajes que retrataban. Goya, que realizó numerosos retratos oficiales, les daba un carácter satírico. Otros retratistas españoles de finales del XVIII fueron, entre otros, Eduardo Rosales, Mariano Fortuny y Leonardo Lanza. En esta época no sólo los reyes y los aristócratas posaron para ser retratados; Rembrandt, Franz Hals, Ter Borch y otros pintores holandeses se dedicaron a pintar a las clases media y baja de la sociedad del momento.

El refinamiento decorativo e intimista del periodo rococó influyó en el retrato del siglo XVIII, tal como se puede ver en los cuadros de los franceses François Boucher, Jean-Baptiste Chardin y Maurice Quentin de la Tour, y en las esculturas del también francés Jean Antoine Houdon. En Inglaterra y Escocia, los pintores Thomas Gainsborough, George Romney y Henry Raeburn adularon a la aristocracia con sus retratos de delicadas e idealizadas formas. William Hogarth pintó, sin embargo, magníficos retratos realistas y animadas escenas de grupo. John Singleton Copley, Gilbert Stuart, John Trumbull y Charles Willson Peale retrataron con sencillez y realismo a los ciudadanos de clase media de las colonias inglesas en América.

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