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Esquema
Situadas en la periferia del Imperio romano, estas provincias fueron de las primeras en caer en manos de las tribus germánicas que empezaron a invadir el territorio romano en los años finales del siglo II d.C. Las tribus germánicas fueron más tarde expulsadas de la región por los hunos. Después de la muerte de Atila, los pueblos germánicos volvieron a ocupar el área, para ser expulsados de nuevo, en el siglo V, por los ávaros, un pueblo de Asia. Con el declive del poder ávaro durante el siglo VIII, los moravos (uno de los pueblos eslavos), tomaron las partes septentrional y oriental de la región y, entre el 791 y 797, Carlomagno, rey de los francos, anexionó el resto de la región a sus dominios. Un siglo más tarde, en el 895 o el 896, los magiares, una tribu de origen ugrofinés, tomó el control de Panonia. Bajo la dirección de su semilegendario jefe Arpad, los invasores conquistaron Moravia, atacaron la península Itálica e hicieron incursiones en el interior del territorio germano. Los magiares recorrieron Europa central durante más de medio siglo tras la muerte de Arpad (907) y, en el 955, devastaron Borgoña. Ese mismo año, Otón I el Grande, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, los derrotó en la batalla de Lechfeld. Tras esta derrota, los magiares mantuvieron relaciones amistosas con el Sacro Imperio Romano Germánico, por lo que el cristianismo y la cultura de Occidente empezaron a penetrar en Hungría. El duque Géza se convirtió al cristianismo en el 975; su hijo Esteban I el Santo, continuador de la dinastía Arpad, recibió el reconocimiento formal como rey de Hungría en el año 1000, cuando el papa Silvestre II le concedió el título de 'majestad apostólica', una denominación mantenida por los reyes húngaros durante más de nueve siglos.
Con Esteban I, canonizado en 1083, comenzó una nueva era para Hungría. El cristianismo se convirtió en la religión oficial, se suprimió el paganismo, se centralizó la autoridad real y el país se dividió en comitats (condados) administrativos. La población no magiar fue tratada como raza sometida y obligada a duros trabajos y al pago de impuestos durante muchos siglos. Tras la muerte de Esteban I se desencadenó una reacción pagana, y sus inmediatos sucesores también tuvieron que luchar contra las nuevas invasiones de los pueblos germánicos. Ladislao I (reinó entre 1077-1095), famoso por su acertada legislación, acordó una alianza con el papa Gregorio VII. Consolidado de esta forma, Hungría se convirtió de nuevo en un poderoso reino. Ladislao I sojuzgó a Croacia, Bosnia y parte de Transilvania; su hijo y sucesor Kálmán (reinó entre 1095-1116), obtuvo parte de Dalmacia. La autoridad real en Hungría declinó durante el siglo XII, principalmente a causa del conflicto interno provocado por el emperador bizantino Manuel I Comneno. Al tomar el control del trono húngaro, otorgó enormes propiedades de la corona a sus partidarios de la nobleza húngara, propiciando el desarrollo del feudalismo. La influencia bizantina desapareció tras la muerte de Manuel I en 1180, pero los nobles mantuvieron la privilegiada situación adquirida. El rey Andrés II (reinó entre 1205-1235) intentó restablecer un régimen centralizado. En 1222 promulgó la Bula de Oro (a veces denominada la Carta Magna Húngara), que concedía varios derechos, como la exención de impuestos a la nobleza. Aunque el decreto permitió la adhesión al monarca de algunos barones, fracasó en su intento de reducir el poder de los grandes propietarios. Durante el reinado del sucesor de Andrés, Béla IV, Hungría fue invadida por el pueblo mongol. La mayor parte de los mongoles se retiraron del país en 1241, pero la débil dirección y otras concesiones reales hechas a los señores feudales aceleraron la desintegración del reino.
Con la muerte de Andrés III en 1301 la dinastía arpádica se extinguió. En 1308, Carlos Roberto de Anjou-Sicilia fue elegido rey de Hungría con el nombre de Carlos I Roberto, con lo que la dinastía Anjou se estableció en Hungría. Durante su reinado, que finalizó en 1342, Carlos restauró el orden, impuso limitaciones a los nobles y logró consolidar el reino. También hizo un número de adquisiciones territoriales, entre las que se encontraban zonas de Bosnia y parte de Serbia. Mediante su matrimonio con Isabel, la hermana de Casimiro III el Grande, rey de Polonia, aseguró la sucesión de su hijo Luis al trono polaco. El reinado de Luis I el Grande duró hasta 1382. En virtud de su herencia polaca y a través de las guerras de conquista iniciadas contra Venecia, Hungría se convirtió en uno de los reinos más grandes de Europa. Luis instituyó numerosas reformas administrativas, frenó el poder de los señores feudales y promocionó el desarrollo del comercio, la ciencia y la industria. Sin embargo, en los años finales de su reinado, el Imperio otomano, que avanzaba constantemente hacia la península de los Balcanes, estableció señoríos feudales en varias de las provincias del sur de Hungría. Segismundo de Luxemburgo, que fue coronado rey en 1387, organizó una cruzada contra los turcos, pero fue derrotado en 1396 en la batalla de Nicópolis. Siguieron otros desastres, como las derrotas ante los venecianos y las costosas contiendas contra los reformadores religiosos denominados husitas, a quienes, como emperador del Sacro Imperio (corona que obtuvo en 1411), Segismundo persiguió implacablemente. Los turcos amenazaron de nuevo a Hungría durante los dos años de reinado del yerno y sucesor de Segismundo de Habsburgo, Alberto I de Hungría (V de Austria y luego II del Sacro Imperio). Se desarrolló una encarnizada contienda por el trono tras la muerte de Alberto V el Ilustre en 1439, y Hungría se salvó de la invasión turca en gran parte por la competente dirección militar de János Hunyadi. Aclamado como héroe nacional de Hungría, Hunyadi coronó su carrera al romper en 1456 el asedio turco de Belgrado. El hijo de Hunyadi, Matías I Corvino fue elegido rey en 1458, a pesar de la fuerte oposición de los partidarios del emperador del Sacro Imperio, Federico III de Estiria. El nuevo monarca, probablemente el soberano más capacitado e ilustrado de su tiempo, introdujo diversas reformas administrativas, creó un ejército permanente y promocionó el desarrollo comercial y cultural del país. Matías, un dirigente militar brillante, obtuvo el control de la Austria de los Habsburgo en 1485, por lo que trasladó su residencia a Viena. Ésta y otras adquisiciones territoriales, que comprendían Moravia, Silesia y Bohemia, hicieron de Hungría durante un tiempo el reino más fuerte de Europa central. Tras la muerte de Matías en 1490, los señores feudales volvieron a obtener su antigua situación de privilegio. En consecuencia, Hungría se vio pronto inmersa en contiendas entre facciones nobiliarias, así como una rebelión campesina.
El caos político general se intensificó durante las primeras dos décadas del siglo XVI, haciendo que el reino fuera incapaz de realizar una defensa efectiva contra sus enemigos exteriores. En agosto de 1521, el ejército turco de Solimán I el Magnífico conquistó Belgrado y abac (ambas en la actual Serbia), los baluartes principales del reino de Hungría en el sur. En 1526, Solimán aplastó al ejército húngaro en la batalla de Mohács, donde el rey Luis II y más de 20.000 de sus hombres perecieron. Después de la captura de la ciudad de Buda, el 10 de septiembre de 1526, Solimán se retiró de Hungría. Durante más de 150 años, tras la derrota en Mohács, Hungría fue el escenario de luchas continuas entre los emperadores Habsburgo del Sacro Imperio, que tomaron el control de la parte oeste del reino, los turcos, que establecieron su soberanía en la región central, y grupos de la nobleza húngara, especialmente la de Transilvania. En el curso de la lucha por el control de Hungría, Transilvania se convirtió en el centro del movimiento magiar contra el dominio de los turcos y los austriacos. Los magiares abandonaron la Iglesia católica durante la Reforma protestante, lo que agravó su enemistad con los Habsburgo y sus aliados católicos. Desde mediados del siglo XVI y con el principio de la Contrarreforma, la lucha entre los protestantes magiares y los católicos Habsburgo se hizo cada vez más violenta, dando lugar a la guerra de los Quince Años (1591-1606). Al final de la Guerra Turco-austriaca (1593-1648), el emperador Rodolfo II se vio forzado a conceder a los magiares de Transilvania la autonomía política y religiosa y varias concesiones territoriales. Los transilvanos se opusieron a los Habsburgo durante la guerra de los Treinta Años (1618-1648), dirigidos primero por Gabriel Bethlen, príncipe de Transilvania y rey de Hungría. Jorge I Rákóczy, que sucedió a Bethlen en 1631, reanudó la lucha contra el dominio de los Habsburgo en el oeste de Hungría. Aliado con suecos y franceses, Rákóczy invadió el territorio austriaco en 1644. El emperador Fernando III de Habsburgo fue forzado a reconocer muchas de las demandas de Rákóczy, entre ellas la extensión de la plena libertad religiosa a todos los húngaros que vivían bajo el dominio de los Habsburgo. En la década siguiente al ascenso al trono de Jorge II Rákóczy (reinó entre 1648-1660) como príncipe de Transilvania, los turcos extendieron su esfera de influencia en Transilvania, reduciéndola gradualmente, de hecho, a la situación de provincia otomana. Mientras tanto, los esfuerzos misioneros en la zona húngara dominada por los Habsburgo consiguieron que mucha gente volviera a practicar el catolicismo. Bajo la influencia de la Iglesia, estos húngaros abandonaron la lucha nacionalista contra los señores feudales. Las medidas represivas contra los protestantes fueron en aumento, provocando un nuevo alzamiento revolucionario en los dominios húngaros de los Habsburgo. Dirigidos por el conde Imre Thököly, los rebeldes obtuvieron una serie de victorias sobre las fuerzas del emperador Leopoldo I. Thököly obtuvo el apoyo militar de los turcos en 1682, pero en la guerra subsiguiente, los ejércitos imperiales expulsaron a los turcos de la mayor parte de Hungría y el colapso de las fuerzas insurgentes de Thököly fue inminente. Además de tomar severas represalias contra los dirigentes rebeldes, Leopoldo I forzó a la Dieta húngara a proclamar que la corona de Hungría sería siempre hereditaria para miembros de la casa de Habsburgo. Por las provisiones de la Paz de Karlowitz (1699), los turcos conservaron sólo el Banato de Temesvar (actual Timisoara), una región que perderían 19 años después. El Tratado de Karlowitz también aseguró Transilvania a los Habsburgo.
En 1703, Francisco II Rákóczy (1676-1735), aprovechándose de la implicación austriaca en la guerra de Sucesión española, incitó un nuevo levantamiento contra el dominio austriaco. Francisco II, que recibió una ayuda destacada de los franceses, organizó un gobierno provisional y mantuvo a los austriacos cercados hasta 1708, cuando fue derrotado en Trencin. La resistencia continuó hasta que en abril de 1711 el emperador Carlos VI ofreció una paz satisfactoria, que proporcionó una amnistía general, libertad religiosa y distintas concesiones políticas. Las relaciones entre los Habsburgo y sus súbditos húngaros continuaron por lo general estabilizadas durante más de un siglo.
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