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Misiles teledirigidos

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Sistemas de misiles y de teleguiadoSistemas de misiles y de teleguiado
Esquema
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Introducción

Misiles teledirigidos, proyectiles aéreos autopropulsados, guiados en vuelo hacia un blanco mediante control remoto o por mecanismos internos. Los misiles teledirigidos varían en tipo y en tamaño, desde los grandes misiles balísticos estratégicos con cabezas nucleares, a los pequeños cohetes portátiles llevados por soldados. Aunque la mayoría son armas militares dotadas de explosivos, otros pueden contener instrumentos científicos para recoger información en la atmósfera terrestre o por encima de ella.

Los misiles teledirigidos constan de tres sistemas diferentes: la fuente de energía, el mecanismo de guía y control, y el armamento o carga. Las fuentes de energía son, por lo general, motores de cohetería autosuficientes o mecanismos de propulsión a chorro, aunque también pueden ser planos aerodinámicos o cargas, para el lanzamiento desde rampas o tubos. Los sistemas de guía y control utilizados dependen del tipo de misil y de la naturaleza del objetivo. Los sistemas de guía inerciales perciben la posición de la trayectoria de vuelo en relación con un blanco fijo; otros sistemas de guía usan una variedad de sensores más activos en apoyo de la dirección del misil hacia un blanco en movimiento. Las cargas son, por lo general, secciones explosivas diseñadas para misiones específicas, como la penetración de blindajes o la destrucción de áreas urbanas.

Los misiles teledirigidos utilizados antes de la II Guerra Mundial se limitaban a prototipos aéreos sin piloto controlados por radio. Sin embargo, durante la guerra, la rapidez de los avances tecnológicos en campos como la aerodinámica, la electrónica, la propulsión de los cohetes y el radar, los servomecanismos, los sistemas inerciales de guía y control, y las estructuras aerodinámicas, condujeron a la construcción, experimentación y, por último, producción masiva de los misiles modernos.

Los misiles teledirigidos actuales se agrupan en cinco categorías según la relación lanzamiento-blanco: superficie-superficie, superficie-aire, aire-superficie, aire-tierra y aire-aire. La palabra 'superficie' significa en cada caso tanto la superficie del mar o la tierra como el espacio por debajo de ella. Los misiles también se pueden agrupar por su área de operación: los misiles tácticos son utilizados por las fuerzas militares en combate directo en el campo de batalla o por encima del mismo; los misiles de apoyo se utilizan detrás del área más importante de combate; los misiles estratégicos están diseñados para la guerra intercontinental. Los misiles también se pueden distinguir por sus características de vuelo: los aerodinámicos se sustentan en vuelo por la presión del aire sobre su superficie de cuerpo y ala, de un modo similar al de los aviones con piloto convencionales; para mantenerse en el aire, los misiles balísticos dependen en exclusiva de su fuente de energía interna, por lo común un mecanismo de cohetería. Los misiles aerodinámicos se mueven casi siempre sobre una línea recta o en una trayectoria baja hacia su blanco, y los misiles balísticos son en la mayoría de los casos armas de superficie-superficie, que siguen trayectorias curvas o arqueadas similares a las de los proyectiles de artillería.

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Misiles superficie-superficie

Los primeros misiles guiados con éxito fueron las armas alemanas V- 1 y V- 2 lanzadas sobre Amberes y Londres durante la II Guerra Mundial. La V-1, o bomba volante, era un misil aerodinámico impulsado por un pulsorreactor con un sistema de guía preinstalado que podía percibir las desviaciones correctas en altitud y dirección. Su alcance medio era de unos 240 kilómetros, tras los que el misil entraba en barrena y detonaba sobre el impacto una tonelada de explosivo de alta potencia. Por otro lado, la V-2 era un auténtico misil balístico abastecido con un combustible formado por alcohol y oxígeno líquido, que producía un impulso de 25.000 kilogramos durante casi un minuto después del despegue; con un alcance máximo de unos 320 kilómetros, la V-2 transportaba su carga explosiva de 730 kilogramos en una trayectoria arqueada hasta alcanzar una altura máxima de 95 a 110 kilómetros a una velocidad que superaba los 1.600 m/s. Ambos misiles eran imprecisos y sólo se utilizaron contra grandes ciudades. La V-1 podía ser destruida con relativa facilidad en vuelo mediante el ataque de cazas convencionales, pero no se disponía de defensa contra la V-2; además, los intentos aliados por destruir sus bases móviles de lanzamiento resultaron infructuosos. Los alemanes consiguieron lanzar unas 4.000 V-2 antes de que acabara la guerra. Los científicos alemanes también experimentaron misiles antiaéreos y antitanques guiados mediante telegrafía, aunque no llegaron a desarrollarlos.

Reconociendo el enorme potencial de los esfuerzos alemanes en misiles teledirigidos y balísticos, equipos de inteligencia aliados recorrieron Alemania en 1945 buscando datos técnicos, diseños y misiles, e interrogando a los científicos e ingenieros alemanes que eran claves en ese campo. Las potencias aliadas habían avanzado muy poco durante la guerra en ese terreno; sin embargo mostraron una gran rapidez al integrar los proyectos y los investigadores alemanes en sus propios programas, de modo que la mayor parte de la investigación de la posguerra se basó en lo realizado por Alemania durante la contienda. La V-2 alemana sirvió de hecho como prototipo para todos los grandes cohetes, misiles y cohetes espaciales construidos en Estados Unidos y la Unión Soviética.

2.1

Misiles estratégicos

Tras la II Guerra Mundial, la política defensiva estadounidense de disuasión estratégica pasó a depender de una gran flota de bombarderos de largo alcance, que podían lanzar precisos ataques nucleares estratégicos. Los planificadores de proyectos defensivos experimentaron también con misiles subsónicos similares a la V-1. A mediados de la década de 1950, sin embargo, tres procesos condujeron a la construcción del misil intercontinental balístico (ICBM: Intercontinental Ballistic Missile): el desarrollo de la bomba termonuclear, con un poder destructivo mucho mayor que el de la bomba atómica original; en segundo lugar, el rápido perfeccionamiento de los sistemas de guía inerciales para misiles balísticos y, por último, el desarrollo de mecanismos de propulsión para cohetes de múltiples etapas, lo que ampliaba en una gran medida su tamaño y alcance. En consecuencia, los misiles balísticos alcanzaron la fuerza y precisión suficientes para destruir blancos a 8.000 kilómetros de distancia. Atlas, el primer ICBM construido con éxito en Estados Unidos, fue sometido a prueba en 1959, seguido un año más tarde por el Titán. Ambos eran cohetes de múltiples etapas y combustible líquido que utilizaban impulsores a temperatura baja en extremo, que habían de añadirse antes de su lanzamiento. El ICBM estadounidense Minuteman (que entró en servicio en 1961) utilizaba combustibles sólidos almacenados dentro del misil, podía lanzarse con un breve aviso y se ubicaba en silos subterráneos. El misil estadounidense X o MX (también conocido como Peacemaker), desarrollado en la década de 1980, se diseñó para transportar una gran carga explosiva y podía lanzarse desde una plataforma móvil.

Los sistemas estadounidenses de lanzamiento estratégico sufrieron la evolución generada por el abandono de los lentos misiles aéreos, los cohetes con combustible líquido y los bombarderos pilotados con base en portaaviones, que fueron sustituidos por los ICBM Polaris, de dos etapas y con propelente sólido. Transportados en dos líneas paralelas de ocho, a bordo de grandes submarinos nucleares, estos misiles podían lanzarse desde debajo de la superficie del mar. Más tarde Estados Unidos reemplazó los Polaris por el ICBM Poseidon, de mayor alcance, y desarrollaron un ICBM nuevo, el Trident C-4, compatible con los nuevos grandes submarinos Trident. Los últimos ICBM del Ejército del Aire y la Marina de Estados Unidos, entre los que se encuentra el más reciente Trident D-5, transportan varias cabezas nucleares y tienen capacidad para atacar una serie de blancos diferentes.

Estados Unidos volvió a utilizar el misil de crucero tanto para misiones tácticas como estratégicas; el Tomahawk (que así se denomina) puede lanzarse desde tierra, aire, nave o submarino contra objetivos tácticos de corto alcance, como barcos, o contra blancos estratégicos situados a varios kilómetros de distancia. La versión diseñada contra las embarcaciones convencionales se mueve a unos pocos metros sobre el nivel del mar hacia el blanco; después asciende, localiza el objetivo mediante sus propios sensores y realiza maniobras de elusión antes de zambullirse para su ataque final a gran velocidad. La versión terrestre de este misil también se mueve a escasa altura para evitar ser detectado por radar, guiado por un sistema de navegación interno que se acopla a las curvas de nivel del terreno. Algunos estrategas sostienen que los misiles de crucero aire-tierra han acrecentado en gran medida la efectividad de la fuerza estadounidense de bombarderos estratégicos pilotados.

2.2

Misiles tácticos

Los misiles teledirigidos tácticos superficie-superficie abarcan desde los cohetes antitanque portátiles manuales hasta los grandes misiles balísticos capaces de atacar aeropuertos, líneas de suministros y comunicaciones a cientos de kilómetros de los campos de batalla. Los misiles pequeños utilizan sistemas de guía visual que transmiten correcciones en la trayectoria de vuelo del misil mediante antenas o señales infrarrojas. En el proyectil teledirigido estadounidense Copperhead el blanco se marca por un destello láser sobre el campo de batalla; el misil se lanza después a varios kilómetros de la retaguardia y durante su vuelo busca el blanco marcado. Los misiles de apoyo en combate son de una escala mayor, que varía entre las armas balísticas como el Pershing estadounidense —prohibido por los términos del tratado INF de 1897 (véase Control internacional de armas)— hasta los misiles tácticos de crucero como el Lance estadounidense. Todos son móviles, transportan cargas nucleares o de altos explosivos y tienen un alcance de 160 a 640 kilómetros. Desde 1970 misiles de crucero de alcance medio similares, como el Harpoon estadounidense, han reemplazado a la artillería como el armamento más importante a bordo de buques de guerra, aunque el continuo desarrollo de los proyectiles teledirigidos y asistidos por cohetes puede revertir esta tendencia en el futuro.

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