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Esquema
Introducción; Misticismo hindú; Misticismo budista; Misticismo chino; Misticismo en la antigua Grecia; Misticismo islámico; Misticismo cristiano; Misticismo contemporáneo
Las ideas filosóficas de la antigua Grecia fueron ante todo naturalistas y racionalistas, aunque un elemento del misticismo encontró expresión en el orfismo, los misterios de Eleusis y otros ritos. Un movimiento griego tardío, el neoplatonismo, basado en la filosofía de Platón, presenta también influencias de religiones misteriosas. Plotino fue quizá su mejor exponente, y su pensamiento ejerció una considerable influencia en el cristianismo primitivo. El misticismo del periodo precristiano quedó de manifiesto en los escritos del filósofo judeo-helénico Filón de Alejandría.
El sufismo islámico adopta una forma de teísmo místico muy parecida a la del vedanta. Desarrollado en la temprana historia islámica, el sufismo se centra en la unión personal con Alá. A través de disciplinas ascéticas y contemplativas, los místicos sufíes buscan la unión directa con Dios lograda por el favor divino. El lenguaje extático de unión con Dios con el que los sufíes describen sus experiencias, y las doctrinas panteístas desarrolladas por algunos de ellos, han dado lugar a acusaciones de heterodoxia. En el año 922 el sufí al-Hallaj fue ejecutado en Bagdad acusado de haber manifestado su identidad con Dios. Correspondió al filósofo del siglo X Algazel reconciliar sufismo con el islam ortodoxo. El sufismo encontró su expresión más memorable en las obras simbólicas de los poetas persas Mohammed Shams od-Din, más conocido como Hafiz, y Jalal ad-Din Muhammad Din ar-Rumi, así como en los escritos del persa Algazel.
San Pablo fue el primer gran místico cristiano. Los textos del Nuevo Testamento más conocidos por su marcado acento místico son las epístolas de Pablo y el Evangelio de Juan. Sin embargo, el misticismo cristiano como sistema procede del neoplatonismo a través de la obra de Dionisio el Areopagita, o de un filósofo posterior al que se conoce como Pseudo-Dionisio. El filósofo escolástico del siglo IX, Juan Escoto Eriúgena, tradujo las obras en griego de Pseudo-Dionisio al latín, introduciendo de este modo la teología mística del cristianismo oriental en la Europa occidental, donde se fusionó con el misticismo del prelado y teólogo cristiano primitivo san Agustín de Hipona. En la edad media, el misticismo estuvo con mucha frecuencia asociado al monacato. Alguno de los más famosos místicos se encontraban entre los monjes, tanto de la Iglesia oriental como de la occidental, en particular a los hesiquiastas del monte Athos del siglo XIV en aquélla, y san Bernardo de Claraval, san Francisco de Asís y San Juan de la Cruz en ésta. El monasterio francés de Sainte Victoire, cerca de París, fue un centro importante de pensamiento místico durante el siglo XII. El conocido místico y filósofo escolástico san Buenaventura, fue discípulo de los monjes de Saint Victor. San Francisco, cuyo misticismo procedía del Nuevo Testamento sin referencia al neoplatonismo, permanece como una figura dominante en el misticismo moderno. Entre los místicos holandeses se hallan Jan van Ruysbroeck y Gerardo Groote el Grande, este último religioso reformador y fundador de la orden conocida como los Hermanos de la Vida Común. La figura de Johannes Eckhart (siglo XIII), mencionado como Maestro Eckhart, es considerada como el primer místico de la tradición alemana. Otros importantes místicos alemanes fueron Johannes Tauler y Heinrich Suso, seguidores de Eckhart y miembros de un grupo llamado los Amigos de Dios. Uno sus miembros escribió la Teología alemana, que influyó en Martín Lutero. Entre sus prominentes figuras posteriores se incluye a Tomás de Kempis, conocido autor de la Imitación de Cristo. Entre los místicos ingleses de los siglos XIV y XV están Margery Kempe y Richard Rolle, Walter Hilton, Juliana de Norwick, y el anónimo autor de The Cloud of Unknowing, un influyente tratado sobre la oración mística. Entre los más importantes místicos cristianos hay un importante grupo de mujeres, sobre todo santa Hildegarda, santa Catalina de Siena y santa Teresa de Jesús. La mística francesa del siglo XVII Juana María Bouvier de la Motte Guyon introdujo en Francia la doctrina mística del quietismo. Por su búsqueda de libertad espiritual, a veces a costa de fórmulas teológicas y disciplina eclesiástica, el misticismo podría haber contribuido al origen de la Reforma, aunque sin duda hubiera entrado en conflicto con las autoridades religiosas protestantes como lo hizo con las jerarquías católicas romanas. La Contrarreforma inspiró los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. The Practice of the Presence of God de Brother Lawrence fue una obra clásica francesa del siglo XVII. Los más notables místicos alemanes protestantes de la época fueron Jacob Boehme, autor de Mysterium magnum, y Kaspar Schwenkfeld von Ossig. El misticismo también tuvo su expresión en la teología de numerosas sectas protestantes y constituye una destacada característica entre los anabaptistas y los cuáqueros. En Nueva Inglaterra, el famoso teólogo congregacional Jonathan Edwards mostró una fuerte tendencia mística, y el renacimiento religioso que comenzó en su época y que se difundió por Estados Unidos en el siglo XIX procede en gran medida de su peculiar facultad de asumir principios místicos y subraya el sentimiento en su modo más intenso como una intuición directa de la voluntad de Dios. El misticismo se manifestó en Inglaterra en las obras de los platonistas de Cambridge; en las del escritor piadoso William Law, autor de Serious Call to a Devout and Holy Life, y en el arte y la poesía de William Blake.
En el siglo XX se ha experimentado un renacimiento del interés por el misticismo cristiano y no cristiano. Primeros comentaristas de renombre fueron el barón austriaco católico Friedrich Hügel, el poeta y escritor británico Evelyn Underhill, el cuáquero estadounidense Rufus Jones, el prelado anglicano William Inge y el teólogo alemán Rudolf Otto. Un importante comentarista seglar ha sido el psicólogo y filósofo estadounidense William James en The Varieties of Religious Experience (1902). En las tradiciones no cristianas, el comentarista más destacado sobre budismo zen ha sido el japonés Daisetzu Suzuki; sobre hinduismo, el filósofo indio Sarvepalli Radhakrisnan, y sobre el islam, el investigador británico R.A. Nicholson. La segunda mitad del siglo XX ha conocido un progresivo interés por el misticismo oriental. La tendencia mística en el judaísmo, que recibió un énfasis particular en los escritos de la Cábala de la edad media y en el movimiento del hasidismo del siglo XVIII, fue descubierta de nuevo por el filósofo e investigador austriaco moderno Martin Buber. Son conocidos, como místicos modernos, la filósofa social francesa Simone Weil, el sacerdote y filósofo francés Pierre Teilhard de Chardin y el monje trapense estadounidense Thomas Merton.
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