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Resultados en Windows Live® Medidas de control de inundacionesArtículo de la enciclopedia
Esquema
Medidas de control de inundaciones, métodos utilizados para prevenir o reducir los efectos negativos de las inundaciones.
Cuando llueve o nieva, parte del agua que cae es retenida por el suelo, otra es absorbida por la vegetación, parte se evapora, y el resto, que se incorpora al caudal de los ríos recibe el nombre de aguas de escorrentía. Las inundaciones se producen cuando, al no poder absorber el suelo y la vegetación toda el agua, ésta fluye sin que los ríos sean capaces de canalizarla ni los estanques naturales o pantanos artificiales creados por medio de presas puedan retenerla. Las escorrentías alcanzan cerca de un 30% del volumen de precipitación, y esta cantidad puede aumentar al fundirse las masas de nieve. Las cuencas de muchos ríos se inundan periódicamente de manera natural, formando lo que se conoce como llanura de inundación. Las inundaciones fluviales son por lo general consecuencia de una lluvia intensa, a la que en ocasiones se suma la nieve del deshielo, con lo que los ríos se desbordan. Se dan también inundaciones relámpago en las que el nivel del agua sube y baja con rapidez. Suelen obedecer a una lluvia torrencial sobre un área relativamente pequeña; son una consecuencia de lo que se denomina gota fría. Las zonas costeras se inundan a veces durante la pleamar a causa de mareas inusualmente altas motivadas por fuertes vientos en la superficie oceánica, o por maremotos debidos a terremotos submarinos.
Las inundaciones no sólo dañan la propiedad y amenazan la vida de seres humanos y animales, también tienen otros efectos como la erosión del suelo y la sedimentación excesiva. A menudo quedan destruidas las zonas de desove de los peces y otros hábitats de la vida silvestre. Numerosos embalses ven reducida su vida útil al verse colmatados en un tiempo rápido por la gran cantidad de sedimentos que aportan las crecidas de los ríos que vierten a éstos. Las corrientes muy rápidas ocasionan daños mayores, mientras que las crecidas prolongadas de las aguas obstaculizan el flujo, dificultan el drenaje e impiden el empleo productivo de los terrenos. Se ven afectados con frecuencia los estribos de los puentes, los peraltes de las vías, las canalizaciones y otras estructuras, así como la navegación y el abastecimiento de energía hidroeléctrica.
Los métodos básicos para el control de las inundaciones se practican desde tiempos primitivos. Incluyen la reforestación de cuencas (dentro de los proyectos de restauración hidrológico-forestal) y la construcción de diques, presas, embalses y cauces de alivio o aliviaderos (canales artificiales para dirigir el agua procedente de la inundación). Los chinos han ido construyendo, a lo largo de los siglos, diques para elevar las riberas del Huang He en la creencia de que, al quedar confinado, el río desarrollaría un cauce más profundo capaz de contener el flujo máximo. No obstante, el resultado de este sistema fue la elevación del lecho del río, ya que el depósito sedimentario de aluvión, que con anterioridad se distribuía por toda la llanura anegada por las inundaciones anuales, quedaba atrapado en el fondo del río. En 4.000 años el nivel del río se elevó hasta 21 m sobre la planicie que le rodeaba. En 1887 se produjo una de las peores inundaciones de la historia cuando el agua atravesó los diques y mató a más de un millón de personas. A los diques construidos durante la edad media en los ríos Po, Danubio, Rin, Ródano y Volga se han sumado en tiempos recientes la reforestación y los embalses. Aún se recurre a los diques, como ocurre en el caso del río Mississippi, que ha sido canalizado en un estrecho canal para suministrarle la suficiente profundidad para la navegación. Para conservar el calado ha sido necesario dragar repetidas veces el cauce, lo que ha incrementado el ya elevado coste de mantenimiento del sistema de diques. Aunque las presas vienen siendo empleadas desde hace muchos siglos, su propósito inicial era el de servir como embalses de agua para el riego y otros usos domésticos, así como para la obtención de energía. Sólo recientemente han empezado a construirse con la finalidad específica de controlar las inundaciones. Un buen sistema para regular el exceso de agua, y en general el suministro de agua, es la construcción coordinada de una serie de presas y embalses en los nacimientos de los manantiales que desembocan en los principales ríos, de modo que se pueda almacenar el agua durante periodos de gran afluencia y ser distribuida en las estaciones secas. La presa Hoover en el río Colorado, los embalses del proyecto hidroeléctrico de La Grande Rivière en Quebec, y las presas de la Autoridad del Valle del Tennessee han demostrado la eficacia de este método. Cuando los afluentes en los que se sitúan las presas están en su nivel normal, las instalaciones funcionan solamente para producir energía y suministrar agua para determinados fines. Cuando el nivel de agua sube, sirven para contener el flujo. Las presas situadas en las proximidades del nacimiento de un afluente frenan las riadas, mientras que las más alejadas drenan poco a poco las aguas. A continuación éstas van pasando de una a otra represa hasta ser vertidas en la corriente principal, cuya capacidad de contención ha sido mejorada mediante el allanado y el aumento de su profundidad. Aunque encaminado a proteger la costa y no las riberas, hay que mencionar un proyecto iniciado en los Países Bajos en 1958 y finalizado en 1985. Está formado por una serie de represas gigantes que unen islas en los deltas de los ríos Rin, Maas y Schelde. Cuando se prevé una inundación marina, desciende una enorme barrera de 9 km de largo; en caso contrario, las mareas acceden sin obstáculos a través de las compuertas. Otro proyecto similar, aunque a menor escala, se llevó a cabo en el Támesis, a poca distancia de Londres en 1983. A lo largo de los siglos la especie humana ha aumentado el problema con la deforestación y la roturación de la cubierta vegetal, lo que ha incrementado la erosión del suelo. El cultivo reduce la capacidad del suelo para retener el agua y aumenta las escorrentías. Vastas áreas de tierra a lo largo de los ríos en todo el mundo han quedado inutilizadas por la explotación intensiva y la subsiguiente erosión. Las medidas de control de las inundaciones en esas zonas se han encaminado a la recuperación de la vegetación y a la instauración de métodos eficientes de preparación del suelo y de conservación del mismo, tales como la siembra directa, la rotación de cultivos y la roturación transversal. Otro sistema es la construcción de aliviaderos en la parte baja de los ríos para diversificar las aguas. En ciertos puntos, se ensanchan los ríos y se permite que se desborden. La inundación de determinadas zonas prefijadas evita que las riadas accedan a otras. Los egipcios controlaron las inundaciones durante miles de años. La fertilidad continuada de muchas áreas del valle del Nilo dependía históricamente de las inundaciones periódicas, ya que el limo depositado por las aguas es muy rico. No obstante, desde la década de 1960, la tremenda reducción de sedimentos en el cauce bajo del río a causa de la creación del lago Nasser con la construcción de la presa de Asuán ha demostrado lo fácil que le resulta a la especie humana alterar el equilibrio de un sistema natural dinámico, como el desbordamiento regular de un río. Otra forma de prevenir el efecto de las inundaciones, muchas veces olvidada por las implicaciones restrictivas de uso del suelo que implica, no es más que la propia limitación de usos. Ríos y torrentes regulados por obras de ingeniería pueden resultar incontrolables en determinadas condiciones de excepción, originando diversas catástrofes. Esto lleva a considerar la necesidad de planificar una gestión hidráulica respetuosa con el propio medio que pretende regular, de modo que se abaraten los costes de las obras de infraestructura de regulación o contención. Es importante, por ejemplo, alejar las viviendas y otras construcciones humanas sensibles, de las zonas de inundación probable en inundaciones extraordinarias, ya que esas inundaciones suceden de modo recurrente en la historia de un lugar, aunque puedan estar muy espaciadas en el tiempo y la memoria de la gente que vive en la zona las haya olvidado. Por otro lado, no permitir la inundación natural de las llanuras adyacentes a un curso fluvial puede alterar gravemente la dinámica de nutrientes del suelo y empobrecer el mismo, con lo que aumenta la necesidad de aplicar enmiendas nutritivas al suelo en forma de abonos químicos que contribuyen, a largo plazo, a la contaminación de suelos y aguas. Además, con frecuencia no se tienen en cuenta los efectos de las obras y actuaciones sobre otras partes del curso fluvial, que al ser afectado en su dinámica de energía y su equilibrio de carga sedimentaria, puede producir cambios importantes en tales aspectos en puntos alejados del de la actuación.
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