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Azulejo, pieza delgada de arcilla vidriada o sin vidriar que se utiliza para cubrir o decorar suelos y paredes. A veces, por extensión, se aplica a piezas delgadas de vidrio, plástico, piedra, asfalto o de material de aislamiento acústico como el amianto, así como a algunos bloques cerámicos huecos utilizados en la construcción (para desagües y tabiques). Los azulejos se fabrican introduciendo a presión arcilla fresca dentro de un molde. Los azulejos modernos para solar se fabrican con arcilla de grano fino prensada a máquina; también mediante vaciado de barbotina, proceso que consiste en verter barbotina (arcilla líquida) dentro de un molde poroso y dejar que seque. Antes de la cocción puede añadirse barniz y hacer una decoración pintada con óxidos metálicos. Dependiendo del tipo de arcilla y de la temperatura de cocción, los azulejos pueden variar desde los de loza porosa hasta los de porcelana vidriada.
Aunque los suelos de azulejos colocados a modo de mosaicos ya eran conocidos en épocas antiguas, su uso no se popularizó hasta finales de la edad media. Las iglesias francesas del siglo XII tenían suelos de mosaico de color blanco, verde y amarillo. Los de las catedrales del siglo XIII eran de baldosas tratadas a la encáustica (de arcilla roja con incrustaciones de arcilla blanca y amarilla). En el siglo XVI este tipo fue desplazado por los azulejos de mayólica italianos y españoles. Los suelos de azulejos dejaron paso a los de madera y mármol durante el siglo XVII, pero en el siglo XVIII se extendió el uso de los azulejos planos de color rojo y de forma cuadrada. Los pavimentos de cerámica más comunes en la actualidad, están hechos de pequeños azulejos vidriados prensados a máquina y coloreados.
Las paredes de azulejos o recubrimientos similares más espectaculares de la antigüedad fueron los murales de ladrillo y azulejo vidriado de brillante colorido de Mesopotamia y Asiria. Los azulejos vidriados chinos se caracterizaban por su decoración en bajorrelieve. Persia se convirtió durante la edad media en el centro de los azulejos islámicos vidriados, con decoración floral y caligráfica. España se hizo famosa por sus azulejos de loza dorada y mayólica. En el siglo XIV en Alemania se fabricaron grandes estufas con azulejos vidriados en verde, pardo y amarillo, que fueron reemplazadas después del 1600 por las estufas con azulejos blancos y azules de Delft. Originarios de los Países Bajos, los azulejos de Delft en azul-y-blanco (de porcelana blanca pintada en azul cobalto bajo cubierta), que se habían puesto de moda a raíz del descubrimiento de la porcelana china, fueron muy apreciados desde mediados del siglo XVII. Más adelante el intenso color cobalto se sustituyó por el púrpura de manganeso. El azulejo, al que podría considerarse una modalidad de la cerámica, debió en España su impulso a los árabes. Fue en Sevilla donde se inició la producción española de azulejos con los llamados de ‘cuerda seca’, a los que seguirían los de ‘cuenca’ y ‘arista’. En la Alhambra de Granada se conservan azulejerías de esta primera época. Otros centros de floreciente producción fueron Valencia y Cataluña, donde se produjeron los azulejos de dibujos geométricos, de múltiples combinaciones, policromados con infinitas tintas y reflejos metálicos. En Aragón y Toledo, aunque también se notó el influjo árabe, se desarrolló el azulejo con un estilo más propio y peculiar. Las diferencias se notan sobre todo en Talavera de la Reina, ciudad que al estar situada en el centro de la península Ibérica, se vio obligada a modificar su producción. A partir del siglo XVI comienza a proliferar en esta localidad castellana la producción de frisos de azulejos inspirados en temas mitológicos y cotidianos con fines decorativos. Algunos ejemplos de ello son el palacio del Infantado en Guadalajara, el palacio de Sessa en Torrijos, el de Frías en Oropesa y las catedrales de Salamanca, Toledo, Plasencia y Ávila. De España el gusto por los azulejos pasó a Portugal, donde desde el siglo XVII ha tenido un gran desarrollo y se han producido algunas de las azulejerías más notables, tanto por sus dimensiones como por la extraordinaria finura de sus dibujos. En América también se utilizaron los azulejos como elementos decorativos de primer orden, aplicados sobre todo al exterior de los templos en México y Perú. Los azulejos sin vitrificar se han usado también en la decoración mural desde tiempos antiguos. Los arquitectos actuales pueden elegir entre un amplio abanico de azulejos vidriados y sin vidriar, lisos y con relieve, y es frecuente que encarguen a ceramistas afamados la realización de azulejos hechos a mano para murales. Éste es el caso del español Josep Llorens Artigas, que colaboró con pintores de la talla de Raoul Dufy, Georges Braque y, sobre todo, Joan Miró, en la realización de monumentales murales cerámicos como el del palacio de la Organización de las Naciones Unidas (UNESCO) en París.
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