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Paisajismo

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Jardines del castillo de MiddachtenJardines del castillo de Middachten
Esquema
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Introducción

Paisajismo, el arte de embellecer o remodelar ciertas superficies de terreno natural de acuerdo con un planteamiento racional y estético. Para ello se emplean elementos diversos, que pueden ser topográficos, como colinas, valles, ríos y lagos; vegetales, como árboles, setos, césped o macizos de flores; o constructivos, como edificios, terrazas, caminos, puentes, fuentes y estatuas. La arquitectura paisajística no tiene reglas fijas, puesto que cada pedazo de tierra exige soluciones particulares condicionadas por su tamaño, la topografía, el clima y el entorno, aparte de los gustos del cliente.

Esta ciencia se conoció en un principio como jardinería y se limitaba a la disposición de jardines alrededor de los edificios residenciales. Hoy abarca muchas áreas de conocimiento y se ocupa del diseño de jardines, parques, puertos y autopistas. Incluye la jardinería de exteriores tradicional, que se ocupa de la plantación y cuidado de las especies vegetales que aparezcan en el proyecto del arquitecto paisajista. Los paisajistas se encargan del proyecto de la mayoría de los jardines de gran tamaño, cuidando no sólo los aspectos decorativos, sino también los aspectos técnicos como el drenaje, la pendiente y otros.

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Principios

Con independencia de la escala de proyecto, el primer objetivo del arquitecto paisajista es estudiar el lugar. En colaboración con urbanistas, ingenieros de obras públicas o arquitectos especialistas en edificación, la primera consideración ha de ser la función que deberá desempeñar el terreno sobre el que se va a actuar. A continuación se deben tener en cuenta la topografía del terreno, las condiciones climáticas, la calidad del suelo y el presupuesto económico. Una vez que se tiene toda la información, se acomete el diseño del solar.

Tras el plan general, se decide el tipo de jardín que se desea: racional, basado en disposiciones geométricas de parterres; espontáneo, que respete las condiciones naturales del lugar. Al mismo tiempo, el proyecto puede oscilar entre el jardín japonés, que recalca los grupos dispersos de piedras o los bancos de arena, el jardín desértico o una simple agrupación de arbustos dispuestos al azar.

El proyecto paisajista debe tener en cuenta las proporciones y la escala. Por ejemplo, un pequeño jardín cercado concentra la mirada en los primeros planos, mientras que un gran jardín abierto invita a la contemplación de los bosquecillos y las vistas lejanas. La planificación también debe aprovechar los accidentes naturales, como colinas y estanques, además de subdividir el espacio del jardín, bien mediante recintos, cada uno con un color dominante o cualquier otra característica común, o creando áreas indefinidas que generen un entorno fluido.

El paisajismo puede generar contrastes entre las masas sombrías y los claros soleados, apoyando estas decisiones en las características climáticas. Otras combinaciones importantes son las de color, tamaño o textura que se establecen entre los elementos naturales. La vegetación debe estar pensada de acuerdo con las estaciones del año, puesto que cada planta florece, pierde sus hojas o cambia su aspecto en un periodo diferente. Así pues, para realizar un buen proyecto se deben conocer las necesidades, limitaciones y características particulares de cada especie. Además, los jardines pueden contar con una infinidad de elementos artificiales entre los que se encuentran las fuentes, acequias, estanques, esculturas, bancos, muros, paseos y terrazas, y algunas estructuras pequeñas como templetes, quioscos o pérgolas.

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El mundo antiguo

Ya en el tercer milenio a.C. los antiguos egipcios plantaban pequeños huertos dentro de las tapias que circundaban sus casas. Los jardines de esta época se organizaban en torno a un estanque con peces flanqueado por hileras de árboles frutales y plantas ornamentales, como se observa en las pinturas halladas en sus tumbas.

En Mesopotamia, los jardines colgantes de Babilonia se consideraron como una de las siete maravillas del mundo antiguo. Entre sus elementos se incluían árboles de gran tamaño plantados sobre las terrazas de tierra sustentadas por bóvedas pétreas, construidas en uno de los extremos del conjunto palaciego de Nabucodonosor II. En las tierras altas del norte, los asirios y los persas plantaron grandes bosques para la caza y la equitación, irrigados por albercas y acequias, y sombreados por los árboles que ocupaban vastas llanuras, antes desérticas. Estos jardines se convirtieron en el símbolo del paraíso y su dibujo alegórico aparece en numerosas alfombras.

En la antigua Grecia, las frondas sagradas se protegieron como morada de los dioses. Las casas griegas contaban con un patio o jardín tapiado, que solía estar rodeado por una columnata. En el siglo V a.C. los jardines públicos de Atenas, enlazados mediante paseos porticados a la Academia y el Liceo, se convirtieron en la escuela filosófica de muchos maestros, especialmente los de la escuela peripatética.

Las casas romanas, en cierto modo similares a las griegas, solían incluir al fondo de las estancias un jardín porticado, llamado hortus o peristilo, como describe Plinio el Viejo y se aprecia en las ruinas de Pompeya. La mayor parte de los oligarcas como Lúculo, Mecenas o Salustio, se hicieron construir espléndidas villas en los alrededores de Roma, proyectadas sobre colinas aterrazadas, en las que se podían encontrar peristilos, ninfeos, cenadores, esculturas y todo tipo de elementos lúdicos. La villa del emperador Adriano, junto a Tívoli (siglo II) supera a todas por su elegante paisajismo y su magnificencia orientalista. Mientras tanto, el resto de los ciudadanos de Roma se contentaba con los jardines adosados a las termas públicas.

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Oriente y el islam

Los pueblos musulmanes se extendieron hacia zonas de clima desértico o extremadamente cálido, de modo que su ideal se inspiró en los oasis y en los jardines paradisiacos persas, caracterizados por la existencia de agua. La tipología del jardín islámico se compone de uno o varios patios tapiados plantados de árboles y arbustos, y rodeados por frescos soportales de arcadas. Todo el conjunto cobra vida con la disposición de azulejos de colores, fuentes y albercas y con el contraste continuo de luces y sombras. En la península Ibérica, hasta su expulsión en 1492, los musulmanes realizaron jardines de una belleza espectacular, de los que se conservan algunos restos en Córdoba, Sevilla, Zaragoza y sobre todo en la ciudad de Granada, donde aún se pueden disfrutar buena parte de las maravillas de la Alhambra y el Generalife. Los gobernantes mogoles de la India construyeron entre los siglos XVII y XVIII jardines similares a los andaluces, compuestos por el encuentro de flores, árboles frutales, agua y sombras. Los más relevantes son los del Taj Mahal en Āgra y Shalimar en Lahore.

En China, las casas, los palacios y los templos se edificaban alrededor de patios, que podían incluir estanques y plantas, a menudo colocadas en macetas para poderlas cambiar en cada estación. La ciudad imperial de Pekín contaba con sofisticados jardines de árboles, estanques, montículos, puentes y pabellones.

Japón tiene una larga tradición paisajística, inspirada en los modelos chinos y coreanos. En la antigüedad, cada palacio, templo, casa de té o vivienda particular disponía de un parterre, construido en íntima relación con el edificio que enmarcaba. La ciudad de Kyoto era famosa por sus jardines, que incluían estanques, cascadas, riscos, piedras, bancos de arena y plantas de hoja perenne, además de otros elementos artificiales como linternas y esculturas de piedra o puentes, puertas y pabellones de madera. A menudo eran los pintores o los monjes zen los que diseñaban cuidadosamente cada uno de los elementos de un jardín, que en conjunto debía transmitir equilibrio, armonía y paz, como demuestra el del palacio de Katsura en Kyoto. Todas estas tradiciones se conservan en el Japón actual y además han influido en la obra de los paisajistas occidentales.

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