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Introducción; Formación de las cuevas; Detección de cuevas; Características más destacadas; Vida en las cuevas; Espeleología
Cueva, cavidad natural o artificial que se forma bajo la superficie de la tierra o en la ladera de una colina, acantilado o montaña. Las cuevas son de formas y tamaños variados y muchas presentan grandes aberturas hacia la superficie.
Las cuevas naturales evolucionan de varias formas, sobre todo como resultado de la acción erosiva y disolvente del agua y de los compuestos disueltos en ella. En las regiones con formaciones calizas y lluvias abundantes, el agua superficial, que contiene dióxido de carbono y ácidos derivados de los componentes orgánicos del terreno, ataca la piedra caliza, disolviéndola y transportándola en disolución. Tras largos periodos, esta acción deriva en la formación de cámaras o cavidades subterráneas, conocidas como cuevas de disolución, que son una característica del relieve cárstico. La profundidad de estas cavidades depende del nivel freático (véase Acuífero). Si después de algunos años muy secos el nivel freático aumenta, las cámaras antiguas se inundan y empiezan a formarse cuevas a niveles más altos. Del mismo modo durante periodos secos prolongados, se forman cámaras a niveles bajos, más cerca del nivel freático descendente. A lo largo de miles de años, estas fluctuaciones producen sistemas de cuevas con alturas múltiples, como en el Parque Nacional Cueva del Mamut en Kentucky, donde un arroyo subterráneo fluye por el nivel inferior. Los ríos subterráneos producen erosión y transportan sedimentos y fragmentos de roca de forma similar a las corrientes de la superficie. Si este efecto es el predominante, se dice que la cueva se ha formado por abrasión mecánica. En España existen numerosos ejemplos de cuevas cársticas, como la Gruta de las Maravillas en la sierra de Aracena o las cuevas del Drac en la isla de Mallorca. Otros tipos de cueva son: las cuevas marinas, formadas por la acción de las olas sobre los acantilados de la costa; los tubos lávicos o volcánicos, formados bajo corrientes de lava, y las cuevas de hielo que se forman en glaciares e icebergs. La acción de los ríos forma además otro tipo de cueva, en general con una abertura grande que le da el aspecto de un anfiteatro natural. Un río atrincherado en un cañón con paredes escarpadas erosiona el trozo de pared donde la corriente es más fuerte, como en un recodo o en un meandro. Por erosión, disolución y desgajamiento, el río extrae gran cantidad de roca, excavando la parte inferior de un lado del cañón. Con el paso del tiempo, el lecho del río baja y deja una cueva en el lateral del cañón. Estos refugios de piedra fueron utilizados por los hombres prehistóricos, conocidos como habitantes de las cavernas, que construían sus casas en ellos. Las cuevas formadas por las oquedades dejadas por los tubos lávicos, auténticas “tuberías” por donde fluyó la lava en otros tiempos, son muy peculiares. En las islas Canarias existen varios ejemplos y reciben el nombre local de “jameos”. Los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes, ambos en la isla de Lanzarote, son ejemplos excepcionales. Por último, el efecto del viento es responsable en parte de la formación de pequeñas cuevas situadas, casi únicamente, en zonas desérticas o semidesérticas. La acción de la arena arrastrada por el viento es una de las fuerzas involucradas en la creación de grutas y cuevas en salientes y acantilados.
La presencia de cuevas en zonas calizas puede detectarse gracias a pistas suministradas por la topografía del terreno. En estas regiones, los techos de grandes cavernas pueden derrumbarse y formar depresiones en la superficie. Pueden originar puentes naturales, otro fenómeno característico de las zonas con cuevas, después del hundimiento parcial del túnel por una corriente subterránea. También es común en estas zonas la desaparición de corrientes de agua, e incluso ríos enteros pueden desaparecer en sumideros, u ojos que pueden conducir a cavernas subterráneas o a acuíferos. Los sumideros indican la presencia de cuevas bajo ellos. Debido a la captura de las aguas superficiales por el sistema subterráneo de drenaje, algunas regiones con cuevas son bastante secas y polvorientas y tienen escasa vegetación. Se dice que estas regiones tienen una topografía cárstica, esta denominación deriva de una célebre región con cuevas situada a lo largo del mar Adriático en Eslovenia (véase Carst). Los sumideros con paredes empinadas llamados cenotes, situados en Yucatán (México), constituían la fuente principal de agua de los mayas. Estos depósitos naturales de agua, alimentados por corrientes subterráneas, tienen su origen en el derrumbamiento de la bóveda de una caverna cárstica, quedando al descubierto.
El tamaño de las cuevas varía desde aberturas pequeñas en una ladera hasta enormes sistemas subterráneos con muchas cámaras y galerías interconectadas. Algunos sistemas de cuevas se extienden a lo largo de kilómetros bajo tierra y pueden tener muchas salidas. En las grandes cavernas puede producirse un acondicionamiento natural del aire si la temperatura varía pocos grados durante el año y si hay una ventilación más o menos constante de aire fresco. Estas condiciones son el resultado de complejos fenómenos meteorológicos, sobre todo de variaciones de la presión atmosférica. Las cuevas formadas por abrasión se componen normalmente de innumerables túneles sinuosos y de antiguas vías de agua subterráneas que muestran características similares a los lechos de las corrientes de la superficie, tales como depósitos de arena y grava. Estas cuevas carecen de las formaciones curiosas que pueden verse en las cuevas de disolución. En las cuevas de disolución, la cal disuelta precipita con frecuencia de tal manera que forma depósitos de formas peculiares, como las estalactitas, que cuelgan como carámbanos de los techos de las cuevas, y las estalagmitas, que crecen hacia arriba sobre el suelo de las cavernas (véase Estalactitas y estalagmitas). Si ambas estructuras crecen hasta unirse, se forma una columna que ayuda a sostener el techo. Existen otras formas menos conocidas de depósitos de carbonato de calcio; pueden tener colores que varían desde el blanco alabastro hasta tonos rojos oscuros y castaños, dependiendo de las impurezas minerales disueltas aportadas por las aguas subterráneas, también pueden ser muy finos y translúcidos. Entre las estructuras raras está la helectita, una variedad de estalactita enroscada. Muchas formaciones de las cuevas son bastante delicadas y se rompen con facilidad; algunos de los mejores ejemplares han sido dañados o robados por exploradores sin escrúpulos o por visitantes. Una práctica habitual en las grandes cuevas abiertas al público es iluminar las formaciones más espectaculares para el disfrute de los turistas. Muchas cavernas públicas tienen kilómetros de vías iluminadas, escaleras y vigilancia en las zonas peligrosas. En algunas cuevas, los visitantes pueden contratar excursiones de un día completo.
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