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Cueva

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Cueva marinaCueva marina
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Vida en las cuevas

En el transcurso de la evolución, algunas plantas y animales se han adaptado a la vida en cuevas. En general, estos organismos se han mantenido en una zona cercana a la entrada, aunque algunas especies han llegado hasta las secciones más oscuras de las cuevas. Así, estas formas de vida se pueden dividir entre las que viven exclusivamente en las cuevas y las que salen a buscar comida al exterior. El grillo de las cuevas y algunos peces de cueva son ejemplos de animales adaptados a vivir de manera permanente en el interior de las cavernas. Aunque muchas de estas especies sean ciegas, sus órganos táctiles están muy desarrollados. Estos animales suelen alimentarse de la materia comestible arrastrada hacia las cuevas por arroyos, tal como microorganismos y sustancias orgánicas en descomposición.

Un ejemplo de animales que descansan e hibernan en las cuevas pero que buscan comida en el exterior son los murciélagos. Depósitos abundantes de guano, o deposiciones de los murciélagos, se han acumulado durante siglos en las cuevas donde se congregan estos animales. En estos detritos se desarrollan una gran variedad de insectos y de organismos simples. El guano a veces se vende como fertilizante. El número de murciélagos que viven en una cueva grande puede ser muy elevado.

Debido a la falta de luz no hay crecimiento de plantas verdes, los hongos, por el contrario, sí pueden crecer en las cuevas. Suelen ser las aguas subterráneas con sustancias orgánicas disueltas las que les proporcionan nutrientes.

En tiempos remotos, eran muchos habitantes los que se resguardaban en cuevas, notablemente en el oeste de Europa, en las regiones mediterráneas, en China, en el sur de África y en Chile. Estos habitantes primitivos han sido llamados popularmente hombres de las cavernas, pero esta denominación es engañosa ya que implica que una raza humana ha vivido, alguna vez, constantemente dentro de cuevas. En realidad, durante la época glacial, humanos y otros animales buscaron refugio en las cuevas en algunas ocasiones. Se han encontrado muchos objetos del paleolítico y del neolítico en montones de desechos cerca de las entradas, y pinturas en algunas de las cuevas. Muchos críticos aclaman la belleza artística de estas pinturas que se atribuyen al hombre de Cro-magnon, una raza del periodo paleolítico tardío.

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Espeleología

La ciencia que se encarga del estudio de las cuevas se llama espeleología. Es una rama de la geología y ha acrecentado el conocimiento de la mineralogía, la hidrodinámica, la arqueología, la biología y muchas otras disciplinas. Los espeleólogos se sirven de muchos artificios y métodos en sus exploraciones. Una técnica consiste en usar tintes para descubrir las salidas de una red compleja de corrientes subterráneas. El uso de un calzado especial, cascos de seguridad, escalas y cuerdas flexibles y lámparas fiables permite a los espeleólogos actuales explorar lugares recónditos de las cuevas con mucha más minuciosidad que antes. A veces los exploradores de cuevas permanecen bajo tierra durante días, trazando mapas y estudiando zonas extensas.

En España, país de relieve accidentado, hay diversas formaciones geológicas de esta índole que merece la pena reseñar, ya sea por sus dimensiones, su belleza natural o su importancia arqueológica. Las de mayor recorrido son el Complejo Palomera-Dolencias (Ojo Guareña, Burgos; sus 40.000 m hacen de ella la quinta del mundo), la de Mairuelegorreta (Gorbea, Álava; 10.000 m), la cueva del Tornero (Soria, 10.000 m), la cueva de los Chorros (Riopar, Albacete; 7.200 m) y la de Solencio de Bastaras (Huesca, 7.000 m). Por lo que se refiere al atractivo turístico, son muy visitadas las cuevas del Drac, de origen cárstico y situadas en la sierra de Levante mallorquina, y las de Nerja, en la provincia de Málaga.

En cuanto a las cuevas españolas cuyo interés radica en las manifestaciones artísticas prehistóricas, ostentan excelentes ejemplos de arte paleolítico las de Puente-Viesgo (Santander), las asturianas de Tito Bustillo y Peña Cándamo y, sobre todo, la cueva de Altamira, descubierta en el año 1879 en las cercanías de Santillana del Mar (Cantabria), la obra maestra del arte rupestre en el mundo: un célebre prehistoriador francés la llamó la Capilla Sixtina del arte cuaternario. Hay en ella unas 150 pinturas de animales, algunas incisas, con predominio de los bisontes. Destacan también las cuevas de Cogull en Lleida, el conjunto del Maestrazgo, y las de Alpera y Minateda en Albacete. En cuanto al arte del periodo neolítico, está representado por monumentos tales como las cuevas de Menga y del Romeral en Antequera (Málaga) o la cueva de Vélez Blanco en Almería.

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