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Sufismo (en árabe, tasawwuf), término colectivo que designa a un importante movimiento de creencias, tradiciones y rituales místicos aceptado por todo el mundo islámico desde el siglo XI. Aunque la mayoría de los sufíes suelen ser suníes, al menos de una forma nominal, el sufismo no es sectario y tiene por ejemplo, miembros e incluso cofradías chiitas. Otros movimientos islámicos pueden rivalizar con éste en misticismo (como los ismailíes y la escuela de filosofía de la Iluminación Oriental, o Ishraqi), pero éstas tienden a ser más elitistas o sectarias.
Aunque los sufíes sostienen que su movimiento se remonta a Mahoma y los profetas que lo precedieron, el término sufí aparece de hecho más tarde (en Kufa, Irak, durante el periodo Abasí en el siglo IX). Parece derivarse de la palabra árabe suf, que significa un vestido de lana tosca, como los que llevaban los monjes nestorianos y con el tiempo adoptaron algunos musulmanes ascéticos y místicos. El movimiento en sí no fue formulado hasta comienzos del siglo X, pero a finales de aquel siglo se había propagado por todo Irak, (en especial en Basora y Bagdad, la capital Abasí) y el resto del mundo musulmán (Irán, el Al-Ḩijāz y Egipto). Como los primeros documentos existentes sobre la doctrina y el rito sufí datan del siglo X, poco se sabe del movimiento hasta entonces. Por lo que sabemos del estilo de vida, la doctrina y los rituales del movimiento, casi todos los rasgos destacados del sufismo son bastante similares, si no idénticos a los de los movimientos ascéticos y místicos no islámicos más antiguos, tales como los del cristianismo oriental (el nestorianismo y los siriacos), el gnosticismo, el neoplatonismo, el maniqueísmo y el budismo: estas tradiciones se habían establecido durante mucho tiempo en las mismas regiones en las que surgieron los primeros grupos sufíes. Por tradición se dice que los sufíes recibieron una acogida hostil en el mundo musulmán hasta los siglos XI y XII, cuando por fin consiguieron ser aceptados gracias a los esfuerzos y a los escritos de miembros suníes como Algazel. En la actualidad, algunos eruditos contemplan el proceso como inevitable y cuestionan la importancia de pensadores como Algazel en la reconstrucción del sufismo al gusto de los musulmanes mayoritarios.
El sufismo es difícil de definir y puede significar diferentes cosas. En general, se relaciona con una forma de vida y un conjunto de creencias y rituales. Al igual que el mismo islam, el sufismo no tiene un credo sencillo o un grupo ortodoxo y las tradiciones y prácticas de sus adeptos varían de forma considerable. Algunos eruditos dividen los principales grupos sufíes en perspectivas teológicas teístas, monistas o panteístas. Independientemente de sus teologías concretas, la mayoría de los sufíes comparten la creencia de que gozan de una amistad especial (walaya) con Dios. También piensan que pueden alcanzar cierta unión, comunión o comunicación espiritual con Dios y la gnosis, es decir, el conocimiento directo de la verdad divina (haqiqa). El potencial de un iniciado sufí para la gnosis es una gracia de Dios (determinada desde épocas inmemoriales): por lo general se logra a través de un complicado camino (tariqa) de etapas (maqamat) y estados (halat) espirituales graduados. Este proceso se lleva a cabo bajo la supervisión de un maestro sufí (shaykh o pir) que ha alcanzado la gnosis y comienza de forma característica con el arrepentimiento del iniciado. Se cree que el maestro dota a sus seguidores de una bendición milagrosa y autorizada (baraka) que él mismo ha recibido de su anterior maestro. Esta bendición se retrotrae a Alí ibn Abi Talib y al profeta Mahoma, por vía de una cadena de iniciativas o un linaje de autoridad (silsisla). Esta cadena se asemeja y rivaliza al mismo tiempo con las genealogías (isnad) de los dichos y los hechos del Profeta transmitidos de forma oral (Sunna) citados por las clases cultas musulmanas (juristas y teólogos). Además de atribuir a sus maestros la autoridad espiritual y la mediación con Dios, muchos sufíes también creen que cada generación tiene un maestro que, en secreto, es un hombre perfecto (qutb), de cuya presencia depende la continuación del mundo. Sólo quienes han alcanzado la experiencia sufí completa —eliminación de la personalidad humana individual (fana), supervivencia con Dios (baqa) y gnosis (marifa)— pueden conocer su identidad. El hombre perfecto del sufismo tiene muchos rasgos en común con el imán del chiismo mayoritario: ambos son dirigentes cuya presencia es una condición indispensable para la existencia del Universo, poseen autoridad proporcionada por la divinidad, conocimiento y poderes milagrosos y sólo pueden ser reconocidos por los elegidos. Pero, mientras que el imán chiita está adscrito a un linaje específico (es decir, desciende de Alí ibn Abi Talib y Fátima), en el sufismo no se da esta limitación genealógica. Además, a diferencia del imán chiita que es único en su generación, el equivalente sufí es un hombre que se halla en la cima de una jerarquía de maestros venerados, o santos, cuyos atributos se acercan a un puesto más alto tanto en calidad como en cantidad. Los sufíes veneran a innumerables musulmanes célebres como maestros y hombres perfectos, aunque no todos ellos —como Mahoma, sus compañeros (sahaba) y los imanes chiitas— son considerados sufíes por los eruditos modernos y por otros musulmanes. La mayoría de los sufíes también comparten por lo menos alguna de estas prácticas: monacato no célibe, glorificación de la pobreza y, por tanto, confianza absoluta en Dios para la subsistencia (tawakkul), humillación pública (como una fingida conducta disoluta), repetición ritualizada de frases que contienen el nombre de Dios (dhikr) e identificación de Dios con el amor. Escuchar música y poesía (sama) es a menudo una parte destacada de la vida del sufí, que muchas veces aluden a los temas tabúes islámicos del amor profano y la embriaguez con vino, que simbolizan en cada caso el amor y el éxtasis divino. Otras costumbres muy extendidas entre los sufíes son: la celebración del cumpleaños de Mahoma, la visita a las tumbas del Profeta y de los jeques sufíes (ziyara) a los que se venera, y la oración directa a estas figuras para invocar sus bendiciones y su intercesión (shafaa) ante Dios. Estas últimas prácticas y metas también son características de los chiitas (sustituyendo a los maestros sufíes por los imanes) y son condenadas por los musulmanes fundamentalistas por considerarlas culto a los santos e idolatría. Además, como los maestros sufíes ofrecen una postura contraria del conocimiento divino —gnosis o marifa— al saber islámico tradicional (jurisprudencia y teología), también presentan una autoridad espiritual alternativa a las clases cultas. Por esta razón, los sufíes han sido acusados con frecuencia de permitir prácticas que recuerdan el antinomismo basándose en que su conocimiento superior les sitúa fuera de los mandatos de la ley islámica (shariah), restricción reservada sólo a los no iniciados. Como resultado, siempre ha habido un cierto grado de sospecha mutua y de tensión religiosa entre los sufíes por un lado y los fundamentalistas miembros de las clases cultas por otro. Siempre que estos rivales han tenido las riendas del poder, los sufíes han tendido a protegerse, bien adoptando dogmas muy secretos y terminología esotérica, o haciéndose combativos y tomando parte con entusiasmo en guerras santas (yihad) contra los vecinos países infieles (es decir, los no musulmanes). Desde el siglo XIII, los sufíes han tendido a agruparse en cofradías o tariqas (la misma palabra que utilizan para el camino hacia la gnosis). Entre las cofradías más notables en la actualidad están los morabitas y los sanusíes (en el norte de África) y los nimatullahis, bektashis, naqshbandis y chishtis (en Irán, Turquía, Asia Central y la India respectivamente). Mientras que la mayoría de las órdenes sufíes surgieron de los suníes y el quietismo, algunos adoptaron la creencia chiita y la militancia durante los siglos XV y XVI: los bektashis, kubrawis y los safawíes, por ejemplo, adoptaron versiones extremistas (ghulat) de la fe chiita, mientras los nimatullahis se acogieron al chiismo mayoritario de los imanes. Los safawíes también adoptaron la agresividad como método y conquistaron la mayor parte de Irán a comienzos del siglo XVI. Aunque eran chiitas extremistas, impusieron de forma violenta y con éxito el credo chiita más moderado o mayoritario de los imanes sobre la mayoría de sus súbditos suníes iraníes.
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