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Resultados en Windows Live® Simonía, compra o venta de objetos espirituales, y de modo específico los asuntos espirituales administrados por la Iglesia cristiana. La palabra deriva del hechicero bíblico Simón el Mago, quien intentó comprar poderes espirituales al apóstol Pedro (He. 8,18-24) y es tomada para hacer patente la venta ilícita de oficios santos, funciones, ceremonias u objetos. La simonía ha constituido un problema para la Iglesia cristiana desde los tiempos del edicto de Milán (313), cuando la Iglesia empezó a acumular riquezas y poder, hasta los tiempos modernos. Prueba de ello es la frecuente legislación para combatirla. En el año 451, el Concilio de Calcedonia prohibió la ordenación por dinero; esta prohibición fue confirmada en el III Concilio de Letrán en 1179 y en el Concilio de Trento entre 1545 y 1563. La simonía estuvo muy extendida desde el siglo IX al XI. Durante este periodo, invadió todas las esferas de la vida eclesiástica, desde el bajo clero al papado. En la época de la Reforma, se cometieron todo tipo de tropelías centradas en la venta de indulgencias y reliquias. La ley eclesiástica prohibe la simonía y la condena como práctica pecaminosa puesto que indica un entendimiento superficial de los valores espirituales. Proscribe además toda transacción monetaria relacionada con objetos religiosos bendecidos o consagrados, oraciones y misas (excluyendo las ofrendas autorizadas por la Iglesia para el apoyo del clero), así como los oficios eclesiásticos y las promociones eclesiásticas.
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