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Resultados en Windows Live® Contrafuerte, masa vertical de piedra o ladrillo construida contra un muro para reforzarlo, especialmente para contrarrestar los empujes laterales de un arco o una bóveda. Este sistema constructivo aparece ya en la antigua Mesopotamia, y es probable que de allí lo heredaran los romanos, que además de disponer los contrafuertes en el exterior, construidos por superposición de sillares, los proyectaron hacia el interior de los muros, marcando así las divisiones de los espacios abovedados. Más tarde se emplearon en los grandes templos románicos de Europa medieval, donde se construyeron como continuaciones inmensas de los pilares interiores, capaces de apear los esfuerzos de las bóvedas. A comienzos del siglo XII los arquitectos de las catedrales góticas comenzaron a emplear muros más ligeros, convirtiéndolos incluso en vidrieras, y naves abovedadas de gran altura, que generaban unos empujes laterales hasta entonces desconocidos. En ese momento hizo su aparición el sistema de arbotante y estribo, que consta de un arco que transmite las tensiones de la bóveda lejos del muro —el arbotante— y de un contrafuerte exento que descarga el empuje del arbotante —el estribo. Este último suele reforzarse con un pináculo para añadir un peso vertical que modere aún más los esfuerzos laterales que trasmite el arbotante. Las filas de pináculos, arbotantes y estribos de piedra tallada configuran una de las siluetas más características de la arquitectura gótica, como muestran las fachadas laterales de muchas catedrales europeas (Notre Dame en París, Amiens, Beauvais, León y otras).
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