![]() Selección del equipo editorial
Bibliografía sobre el tema que estás buscando, Asiria, seleccionada por los editores de Encarta Artículos relacionados
Buscar en Encarta
|
Resultados en Windows Live®
Resultados en Windows Live® Página 2 de 2
Esquema
Introducción; Primeros asentamientos; Cultura y costumbres; Expansión y dependencia; Surgimiento de un imperio en guerra; Extensión del dominio asirio; Imperio mundial; Inicio de la decadencia; Fin del Imperio
Hacia el 1200 a.C., una nueva ola de migraciones cambió profundamente la composición de Asia occidental. Desde la península Balcánica, con toda probabilidad, llegó un conglomerado de pueblos, conocidos como pueblos del mar, que acabaron con el Imperio hitita en Anatolia y se introdujeron en Siria y Palestina. Un pueblo indoeuropeo denominado mushki, que se asentó al este de Anatolia, se convirtió en una amenaza constante para Asiria en el noroeste. Al oeste de Asiria, un grupo semítico nómada, los arameos, también estaba en movimiento. Asiria resistió ferozmente, y en su mayor parte con éxito, a las presiones y ataques de sus nuevos vecinos. Durante su amarga lucha por la existencia, desarrolló una máquina militar proverbial por su crueldad y que se convirtió en el azote y terror de todo Oriente Próximo. Al principio, las campañas adoptaron la forma de escaramuzas a la búsqueda de botín y tributo. Teglatfalasar I (que reinó en 1115-1076 a.C.), por ejemplo, defendió las fronteras asirias contra arameos y mushkis, y realizó incursiones por el norte, hasta el lago Van, en Urartu (actualmente al noreste de Turquía), y por el oeste, hasta Palmira (en la actual Siria). En la mayoría de los casos, los pueblos amenazados huían al conocer que se aproximaban sus ejércitos, y aquéllos que se quedaban eran masacrados o llevados a Asiria. Los pueblos y ciudades eran saqueados y arrasados, pero no se hizo ningún intento de anexionar estos territorios. Gradualmente, este modelo de conquista varió, los gobernantes asirios comenzaron a convertir Asiria en el centro de un nuevo imperio, incorporando las tierras conquistadas a sus dominios, aunque probablemente sin seguir un plan consciente. Hacia finales del siglo X a.C., por ejemplo, Adat-Nirari II anexionó el estado arameo cuyo centro era Nisibis, al este del río Jabur. Su hijo, Tukulti-Ninurta II, anexionó varios estados arameos alrededor de la ciudad de Harran y el valle central del Éufrates, así como la región entre los dos ríos conocidos respectivamente como el Gran Zab y el Pequeño Zab.
Assurnasirpal II, hijo de Tukulti-Ninurta II, gobernó desde el 884 hasta el 859 a.C. y extendió el dominio asirio al norte y al este. Sus terribles y brutales campañas devastaron las tierras de las fronteras de su Imperio, aunque fue suficientemente prudente para no atacar a los vecinos fuertes, Urartu al norte, Babilonia al sur y Aram al oeste. En una campaña llegó hasta el mar Mediterráneo. A su regreso construyó la ciudad de Calach, a la que convirtió en su nueva capital, en lugar de la antigua Assur. En las ruinas de Calach se han encontrado numerosos monumentos con inscripciones de Assurnasirpal, convirtiéndole en uno de los gobernantes mejor documentados del antiguo Oriente Próximo. Salmanasar III (que reinó en 859-824 a.C.), hijo de Assurnasirpal, realizó 32 campañas durante los 35 años que duró su reinado. Muchas de estas campañas se dirigieron contra las tierras al oeste del Éufrates, concretamente contra el poderoso reino de Aram. Aunque tuvo algunos éxitos e incluso recibió un considerable tributo de los aliados de Aram, incluido Israel, fracasó en conquistar el propio Aram. Dos de sus monumentos, actualmente en el Museo Británico, son particularmente notables: el Obelisco Negro, en el que se representa a Jehú, rey de Israel, besando el pie de Salmanasar, y las placas de bronce batido conocidas como las Puertas de Balawat.
A finales del gobierno de Salmanasar se inicia una revuelta en la corte asiria, a la que siguen varios años de guerra civil. Asiria cae en la oscuridad y su poder se reduce. Sin embargo, a mediados del siglo VIII a.C., la prosperidad resurge con la subida al trono de Teglatfalasar III (que reinó en 745-727 a.C.), quien comenzó vigorosamente a convertir a Asiria en un imperio mundial. Empezó reafirmando la autoridad del trono y reduciendo el poder de los nobles problemáticos de la corte. Fundó un Ejército permanente, compuesto principalmente por tropas extranjeras, y proyectó sus campañas con el objetivo de anexionar el territorio enemigo. Los pueblos que conquistó fueron deportados y situados dentro del dominio de Asiria para romper su conciencia y cohesión nacionales. Liberó a Asiria de la presión de las tribus arameas que amenazaban el valle del Tigris central, expulsó a los urarteos de Siria, anexionó los estados arameos de Arpad y Damasco, sojuzgó las ciudades de Palestina y se convirtió en el gobernante de Babilonia. Sargón II (que reinó en 722-705 a.C.), que siguió en el trono al inmediato sucesor de Teglatfalasar III, Salmanasar V (que reinó en 727-722 a.C.), extendió la dominación asiria en todas direcciones, desde el sur de Anatolia al golfo Pérsico. Al inicio de su reinado deportó a la población de Israel, que Salmanasar V había conquistado poco antes de su muerte. Durante su reinado, Sargón dirigió campañas contra Urartu y los medas, anexionó numerosos estados de Siria y el sur de Anatolia, y derrotó a los arameos en el valle del Tigris central y a los caldeos en el valle del Éufrates inferior. Para asegurar un control eficaz de su gran Imperio, que se extendía desde la frontera de Egipto hasta los montes Zagros y desde los montes Taurus al golfo Pérsico, Sargón lo dividió en 70 provincias aproximadamente, cada una dirigida por un gobernador que era responsable directo ante el rey. En su capital, Calach, creó una organización administrativa central y delegó algo de su poder en su hijo Senaquerib (que reinó en 705-681 a.C.). Al final de su reinado, Sargón construyó una nueva ciudad, Dur Sharrukin, al norte de Nínive, erigió su palacio junto a la muralla de la ciudad y lo adornó con impresionantes bajorrelieves. También creó en Nínive una biblioteca. El comercio y la agricultura se fomentaron en todo el imperio.
Bajo Sargón II, el Imperio asirio fue más fuerte y extenso de lo que había sido jamás. Los pueblos estaban muy unidos en cuanto a lengua, religión y cultura. Parecía muy razonable pensar que duraría siglos. Sin embargo, los sucesores de Sargón establecieron como objetivos principales la conquista de Egipto y Elam y la completa subyugación de Babilonia. Para asegurar su victoria sobre estas lejanas tierras, los asirios retiraron algunas de sus fuerzas de la regiones fronterizas del norte y del noreste. En estas regiones norteñas, los medas y dos nuevos grupos de pueblos nómadas, cimerios y escitas, pudieron por tanto fortalecerse. Senaquerib mantuvo las tierras conquistadas por su padre e incluso amenazó la frontera egipcia. Trasladó la capital de Dur Sharrukin a Nínive, donde construyó su palacio. Fue el primer gobernante asirio que utilizó la marina, con la que en el 694 a.C. persiguió a los rebeldes caldeos y les derrotó. En el 689 a.C., cuando Babilonia cooperaba con los caldeos contra Asiria, Senaquerib lanzó una serie de fieros ataques contra ambos estados, que culminaron en la captura y saqueo incluso de Babilonia, a pesar de su tradicional categoría de ciudad sagrada. El hijo de Senaquerib, Asaradón (que reinó en 681-669 a.C.), más predispuesto hacia Babilonia, ayudó a reconstruirla. Su principal éxito militar consistió en cruzar hasta Egipto y tomar Menfis, su capital. Su hijo, Assurbanipal, continuó controlando Egipto y penetrando al sur hasta Tebas. También saqueó Susa (actualmente Shush, Irán), capital de los elamitas. Aparte de su fama como conquistador, Assurbanipal destaca por la gran biblioteca que creó en su palacio de Nínive.
A la muerte de Assurbanipal, en el 627 a.C. siguió una revolución en la corte. Sobre los acontecimientos de Asiria después de esa fecha se sabe poco. Los medas tomaron la ciudad de Assur en el 614 a.C. y, con ayuda babilónica, capturaron Nínive en el 612. El Ejército asirio, dirigido por el último rey asirio, Assur-Uballit II (que reinó en 612-609 a.C.), se replegó a Harran, a cierta distancia al noroeste de la capital asiria. Esta derrota supuso el final del Imperio asirio. A través de su historia, el poder de Asiria dependió prácticamente por completo de su potencia militar. La fuerza principal del Ejército estaba compuesta por infantería ligera y pesada, y equipada con picas, arcos y espadas cortas, aunque únicamente la infantería pesada iba protegida con armadura. La caballería estaba equipada de modo similar y montaba sin silla. Los carros pesados iban conducidos por tres hombres, y se utilizaban torres de asedio y arietes para atacar y romper murallas y fortificaciones. El rey era comandante en jefe del Ejército y normalmente dirigía sus campañas. Aunque en teoría era monarca absoluto, en realidad los nobles y cortesanos que le rodeaban, así como los gobernadores que nombraba para administrar las tierras conquistadas, adoptaban frecuentemente decisiones en su nombre. Las ambiciones e intrigas de éstos fueron una amenaza constante para la vida del gobernante asirio. Las revueltas y revoluciones de palacio eran habituales, especialmente hacia el final de los reinados, cuando la elección de un sucesor se convertía en un asunto crucial. Esta debilidad central en la organización y administración del Imperio asirio fue en gran medida responsable de su desintegración y colapso.
© 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. |
© 2008 Microsoft
![]() ![]() |