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Introducción; Antecedentes; Evolución; Desarrollos del siglo XX; Circulación; Organización y actividades; El poder de la prensa; Tendencias y evolución
Periódicos, publicaciones editadas normalmente con una periodicidad diaria o semanal, cuya principal función consiste en presentar noticias. Los periódicos también contienen comentarios sobre éstas, defienden diferentes posturas públicas, proporcionan informaciones y consejos a sus lectores y a veces incluyen tiras cómicas, chistes y artículos literarios. En casi todos los casos y en diferente medida, sus ingresos se basan en la inserción de publicidad. A pesar de la aparición del cine a principios del siglo XX, de la radio en la década de 1920, de la televisión en la de 1940 y de nuevas tecnologías como Internet, los periódicos siguen constituyendo una fuente primordial de información.
Antes de la aparición de los tipos de imprenta móviles a mediados del siglo XV, las noticias se difundían por vía oral, por carta o por anuncio público. Hasta 1609 no se empezaron a publicar los primeros periódicos. Estos ejemplares, impresos en el norte de Alemania, se denominaban corantos y publicaban “sueltos” sobre sucesos en otros países. La palabra noticia se acuñó un siglo más tarde. En menos de veinte años ya se publicaban periódicos en Colonia, Frankfurt, Berlín y Hamburgo (Alemania); Basilea (Suiza); Viena (Austria); Amsterdam y Amberes (Bélgica). Los periódicos de Amsterdam, impresos en inglés y francés, llegaron rápidamente a Londres, donde el primer periódico vio la luz en 1621, y a París, donde el primer periódico apareció en 1631. En el año 1645 Estocolmo disponía de un periódico de la corte que aún se publica. Eran de formato reducido y por lo general sólo tenían una página. No tenían ni cabeceras ni anuncios y se asemejaban más a un boletín que a los periódicos actuales de página grande con cabeceras en negrita y abundantes imágenes.
El primer periódico inglés de tirada continua fue el Weekly News (1622-1641). Los primeros periódicos en Inglaterra contenían en su mayor parte noticias extranjeras, pero en 1628 aparecieron las primeras publicaciones que informaban de los debates en el Parlamento inglés. Estos periódicos se denominaban diurnos. La censura fue uno de los problemas a los que tuvo que hacer frente la incipiente prensa inglesa a lo largo de gran parte del siglo XVII. Hacia el año 1630, bajo el reinado de Carlos I, la prensa tuvo que soportar grandes restricciones (incluida la concesión de licencias); estas restricciones se mantuvieron durante las guerras civiles de la década de 1640. A mediados del siglo XVII, durante el gobierno de Oliver Cromwell, se mantuvieron las limitaciones a la prensa. Con la restauración del rey Carlos II en 1660, se fueron eliminando progresivamente la concesión de licencias y demás restricciones, y la prensa inglesa pudo publicar en un ambiente de gran libertad siempre y cuando se abstuviese de criticar al gobierno. En 1702 se fundó en Londres el primer diario de Inglaterra, The Daily Courant. En los años siguientes aparecieron un sinfín de periódicos, incluido el diario decano superviviente, The Times fundado por John Walter en 1785. En principio el periódico se llamó Daily Universal Register, que se abrevió a Register of the Times y luego simplemente The Times, a finales de ese mismo año. Fue el primer periódico en el Reino Unido que empleó a corresponsales extranjeros, al contratar a H. Crabb Robinson para cubrir la guerra de la Independencia española, frente a Napoleón. The Times fue propiedad de la familia Walter hasta 1908, cuando lo adquirió lord Northcliffe, en feroz pugna con C. Arthur Pearson. En 1791 se fundó otra de las grandes cabeceras británicas: The Observer. Hasta 1690 no se publicó en las colonias americanas algo que se pareciese a los primeros periódicos europeos. Publick Occurrences, Both Forreign and Domestick, un periódico de tres páginas, comenzó a publicarse en Boston ese mismo año, pero fue suspendido por el gobierno tras la aparición del primer número. El primer periódico estadounidense de tirada continua fue Boston News-Letter, fundado en 1704 por John Campbell. Este periódico, censurado por el gobernador de la Colonia de la Bahía de Massachusetts, contenía noticias financieras y del extranjero y recogía nacimientos, defunciones y sucesos de carácter social. En 1721 James Franklin fundó New England Courant en Boston; en su redacción figuraba su hermano pequeño Benjamin Franklin, que en 1723 marchó a Filadelfia, donde más tarde publicaría Pennsylvania Gazette y General Magazine. Los primeros diarios de Estados Unidos, The Pennsylvania Evening Post y Daily Advertiser, comenzaron su edición diaria en 1783 en Filadelfia. En 1800 había en circulación 20 periódicos diarios y la cifra siguió en aumento durante las tres primeras décadas del siglo XIX según se propagaba la Revolución Industrial, alumbrando una nueva clase obrera en las grandes ciudades del país. Hasta 1830 los periódicos se ocupaban casi exclusivamente de las noticias económicas y políticas; por consiguiente iban dirigidos sobre todo a las clases privilegiadas. Benjamin Henry Day introdujo un gran cambio en 1833, con la primera edición de The New York Sun, pionero de la prensa barata que dominó el periodismo estadounidense hasta finales del siglo XIX. En The New York Sun, Day amplió el ámbito de las noticias incluyendo crímenes y violencia, artículos de actualidad y pasatiempos. Había nacido el periódico moderno destinado a una audiencia masiva; sólo costaba un centavo. Su exponente más destacado fue James Gorden Bennet, considerado el padre del sensacionalismo periodístico, que publicó en 1835 The New York Herald. En el otro lado de la balanza cabe señalar a Horace Greeley, fundador de The New York Tribune en 1841 y famoso por sus editoriales en apoyo de los derechos de los trabajadores y de las mujeres, en contra de la esclavitud y en defensa de la Unión en la Guerra Civil. En 1848 se produjo otro avance significativo. Seis periódicos neoyorquinos se aliaron para compartir los costes de la transmisión telegráfica de noticias desde Washington y Boston hasta Nueva York. Esta asociación informal pronto se convirtió en la Associated Press (AP), la primera agencia de noticias del país. Después de la Guerra Civil, AP creció rápidamente, suministrando a los periódicos enfoques políticos muy variados. Así pues, AP obligó a dar las noticias de una manera objetiva y sin partidismos, algo que todavía procuran muchos periódicos estadounidenses. A medida que los periódicos comenzaron a competir entre sí para aumentar su tirada con objeto de conseguir más publicidad, los editores Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst comenzaron a practicar un nuevo tipo de periodismo. Pulitzer, en The New York World, y Hearst en The San Francisco Examiner, y posteriormente en The New York Journal, transformaron sus periódicos con noticias de carácter sensacionalista y escandaloso, incluyendo dibujos y otro tipo de pasatiempos como las viñetas de humor. Cuando Hearst comenzó a publicar secciones de humor en color, entre las que se incluía una tira titulada The Yellow Kid, que arrebató a su eterno rival Pulitzer, a este tipo de periódico se le bautizó como prensa amarilla. El crecimiento de los periódicos se vio favorecido también por otros avances tecnológicos. La aparición de la primera linotipia a mediados de 1880 aceleró la composición al permitir fundir automáticamente los tipos en líneas. Se fueron perfeccionando las rotativas y las tiradas de los periódicos en las grandes ciudades alcanzaron las cotas de cientos de miles de ejemplares. Véase también Técnicas de impresión. Los primeros pasos de la prensa en España fueron similares a los de otros países europeos. Con la expansión de la imprenta a finales del siglo XV se publicaron los llamados ocasionales, que en una sola hoja daban cuenta de alguna noticia relativa, por ejemplo, a la Reconquista o al Nuevo Mundo. Fueron muy populares los ocasionales en los que Colón relataba su primer viaje a América. La más antigua de las publicaciones periódicas en lengua castellana fue el Correo de Francia, Flandes y Alemania, que empezó a publicarse en 1621. Veinte años más tarde, Jaime Romeu inició en Cataluña la publicación del semanario Gazeta vinguda a esta ciutat de Barcelona, y en 1661 Julián Paredes dio a la prensa en Madrid el primer número de la Gaceta, que en 1697 pasó a llamarse Gaceta de Madrid. Hoy, tres siglos más tarde, se sigue publicando con el título de Boletín Oficial del Estado-Gaceta de Madrid. El Mercurio Histórico y Político, que empezó a publicarse mensualmente en 1738, y El Duende Crítico, de aparición muy irregular durante el reinado de Felipe V, son precedente del primer periódico diario español, que vio la luz en Madrid en 1758: Diario Noticioso, Curioso y Erudito, de Mariano Nipho, considerado el fundador del periodismo español. Cabeceras destacadas son también El Pensador (1762), de Clavijo y Fajardo, y el Diario de Barcelona (1792), de Pedro Pablo Ussón. En el siglo XVIII deben reseñarse en América Latina medios como la Gaceta de México y Noticias de Nueva España (México, 1722); Primicias de la Cultura de Quito, el primer periódico de Ecuador (1729); el Diario Histórico, Político, Canónico y Moral (España, 1732); la Gaceta de Santa Fe de Bogotá (Colombia, 1735), el primer periódico colombiano; la Gaceta de Lima (Perú, 1743), el primero peruano, y Papel Periódico de la Habana (Cuba, 1790), el primer diario cubano. El siglo XIX fue una época esplendorosa para los periódicos españoles. Con la Revolución Francesa, la prensa se convirtió en el principal vehículo de instrucción y reivindicación política. Sufrió épocas de persecución y penuria, durante el reinado de Fernando VII, pero contribuyó de forma decisiva a los cambios del país. El Español, publicado en Londres por Blanco White de 1810 a 1814; el Semanario Pintoresco Español (1836), fundado y dirigido por Mesonero Romanos, el primer periódico ilustrado español; La Época (1849); el Faro de Vigo (1836), el más antiguo de los que se publican en España; El Telégrafo (1858); La Publicidad (1878); La Vanguardia (1881), que sigue publicándose; El Noticiero Universal (1888); El Pensamiento Navarro (1898), y El Correo de Andalucía (1899), son algunos ejemplos de una amplísima lista. Sólo en el sexenio revolucionario (1868-1875) aparecieron 596 nuevas cabeceras. A finales del siglo, El Imparcial, el periódico de más influencia en España, alcanzó una tirada de 140.000 ejemplares. En América, durante el siglo XIX vieron la luz el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata (1801), el primer diario argentino; el Diario de México; la Gazzeta de Río de Janeiro, el primer periódico brasileño (1808); la Gaceta de Caracas (Venezuela, 1812); La Aurora (Chile, 1812), el primer diario de este país, y El Museo Americano de Buenos Aires (1835), primera publicación ilustrada argentina. El siglo XIX vio igualmente el desarrollo de los periódicos en Japón y en las antiguas naciones de la Commonwealth británica. El primer periódico en lengua inglesa en Japón, el Nagasaki Shipping List and Advertiser, apareció en 1861 y tras el derrocamiento del sogunado en 1867 surgieron los primeros periódicos modernos japoneses, que sustituyeron la antigua tradición de los bandos Kawara. El Koko shimbun fue el primero de ellos, mientras que el primer diario, el Yokohoma Mainichi, se lanzó en 1870, seguido en 1874 por el que todavía sigue siendo uno de los periódicos más populares del Japón, el Yomiuri Shimburi. En la India, el primer periódico nacional, The Times of India, surgió del Bombay Times, fundado en 1838. En Australia hubo una serie de pequeñas publicaciones regionales, sobre todo el Sydney Gazette y The New South Wales Advertiser (1803) que consiguieron sobrevivir a la censura, abolida en 1824 y al Impuesto sobre el Timbre, desaparecido en 1830. El primer periódico moderno, el Sydney Morning Herald, se fundó en 1831.
El siglo XX asistió al control de la prensa en el Reino Unido por cuenta de una nueva casta de propietarios. El primero y más importante de todos ellos fue Alfred Harmsworth, más tarde lord Northcliffe, que llegó a controlar el Daily Mail, el Daily Mirror, The Times y The Observer. Lanzó el Daily Mail en 1896 como primer periódico cuya rentabilidad se basaba principalmente en los ingresos por publicidad y que en el plazo de tres años alcanzó unas ventas de medio millón de ejemplares. En 1903 lanzó el Daily Mirror como primer periódico dirigido al público femenino. A comienzos de la I Guerra Mundial sus ventas eran de 1,2 millones de ejemplares y siguieron aumentando tras convertirse en 1934 en el primer periódico inglés con formato tabloide. Éste se diferencia del periódico normal en su tamaño, la profundidad de cobertura de las noticias y el número de ilustraciones; normalmente, el tabloide es la mitad de un periódico normal, informa de modo más condensado y contiene muchas más ilustraciones. El hermano de Northcliffe, lord Rothermere, el empresario canadiense Max Aitken, posteriormente lord Beaverbrook, y los hermanos Berry, los vizcondes Kemsley y Camrose, llegaron a dominar la prensa nacional y regional en el Reino Unido al experimentar un crecimiento turbulento después de la I Guerra Mundial y del subsiguiente recorte drástico de noticias. La tirada global de los diarios nacionales pasó de los cinco millones en 1920 a 10,6 millones en 1939, y estos cinco prohombres controlaban la mitad de ella. Todos los editores utilizaron sus periódicos para fortalecer sus objetivos e ideas políticas, obligando al primer ministro Stanley Baldwin a increparles por ejercer “un poder sin asumir ninguna responsabilidad: la prerrogativa de las prostitutas a lo largo de los siglos” en un discurso de 1931, un reproche que había tomado prestado de su primo Rudyard Kipling. Las tiradas se potenciaban mediante las primeras ofertas de promoción. En 1933 el Daily Herald ofreció a sus lectores una colección de Dickens en 16 volúmenes a un precio de 11 chelines más unos cupones del Herald. El Daily Mail, el Daily Express y el News Chronicle respondieron inmediatamente ofreciendo colecciones parecidas a 10 chelines. En total se vendieron 11 millones de colecciones. El periodo desde finales de la II Guerra Mundial ha resultado muy difícil para los periódicos en muchos países. En el Reino Unido, el número de periódicos nacionales se ha reducido a la mitad. Las razones principales de la desaparición de muchos diarios parecen ser la disminución de los ingresos por publicidad que se ha desviado a otras publicaciones, a la televisión y a otros medios, los problemas laborales y el creciente coste de los equipos, mano de obra y demás materiales. Aparecieron tres nuevas agencias de noticias, United Press, International News Service y Universal News, que en 1958 se fusionaron para formar United Press International (UPI). A lo largo del siglo XX se han fundando en España diarios como ABC (1904) que sigue publicándose, El Sol, La Voz, El Debate..., en los que colaboraban las mejores plumas del país. Se ha llegado a decir que la generación del 98 se hizo en los periódicos. Al término de la Guerra Civil fueron apareciendo distintos diarios de alcance nacional, como Ya, de inspiración católica, Arriba, vinculado a Falange Española, Pueblo, afín a los sindicatos verticales, y Solidaridad Nacional, defensor del nacionalismo español en Cataluña. Tanto durante los últimos años del franquismo como con la democracia, aparecieron grandes empresas periodísticas que editan los diarios más importantes de los últimos años, como El País, El Periódico, El Independiente, ya desaparecido, y El Mundo. Parte de estos medios, incorporados de lleno al uso de las nuevas tecnologías, publican ya colecciones de suplementos o de periódicos completos en CD-ROM, como por ejemplo ABC o El Mundo respectivamente. En América Latina, donde continúa la gran tradición periodística iniciada siglos antes, en la actualidad se siguen publicando diarios de gran tirada e influencia en las opiniones públicas de sus países respectivos, como por ejemplo: Clarín y La Nación, en Buenos Aires; El Tiempo y La República, en Montevideo; El Mercurio, en Santiago de Chile; El Tiempo y El Comercio, en Lima; y Excelsior y El Universal, en Ciudad de México, entre otros.
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