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Vidriera

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Rosetón de Notre DameRosetón de Notre Dame
Esquema
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Introducción

Vidriera, conjunto de vidrios de colores transparentes que se utiliza para componer diseños en ventanas. La técnica utilizada es similar a la del mosaico, las piezas de vidrio se sujetan con tiras de plomo y se montan en un bastidor de metal. El efecto de las vidrieras depende de la luz que dejan pasar a través del cristal traslúcido, por lo que este arte también se conoce como ‘pintura con luz’. Alcanzó su máximo esplendor entre los años 1130 y 1330, con la arquitectura gótica, sobre todo en Francia.

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Materiales y técnicas

Los tipos de vidrio que se utilizaban en las vidrieras góticas eran el vidrio coloreado en su masa y el vidrio de dos hojas. El vidrio coloreado en su masa era de un color uniforme que se conseguía añadiendo óxido de hierro (para el verde), de cobre (para el rojo) o de cobalto (para el azul) a la masa vítrea, mezcla transparente de carbonato de potasio (más tarde, de sodio) y sílice. El vidrio de dos hojas, que permitía obtener colores intensos traslúcidos, se obtenía fundiendo una capa fina de vidrio coloreado con otra capa más gruesa de vidrio claro, cuando ambos estaban aún calientes.

El artista comenzaba con el diseño de un boceto a pequeña escala del dibujo y, partiendo de él, componía un cartón o dibujo a tamaño natural con una punta de plomo o estaño sobre una tabla de madera o un tablero recubierto con una capa de tiza (gis) o pintura blanca. En el gótico tardío y en el renacimiento los cartones se hacían sobre pergamino, tela, papel o cartón. Las líneas de las varillas de plomo se pintaban en negro. A continuación se extendían sobre una mesa láminas de vidrio de color que se cortaban con un utensilio de hierro incandescente. Las líneas del contorno de ropajes, gestos faciales y pequeños detalles se dibujaban sobre las piezas ya cortadas con una pintura de esmalte negra o castaño oscuro, que se hacía con cristal molido, sales metálicas, como el óxido de hierro y cobre, otros minerales y líquido. Estos trazos solían dibujarse sobre la cara interna del vidrio al que se fundían cociéndolo a baja temperatura. Después se cortaba y se daba forma a las tiras dobles de plomo maleable, con sección cruciforme, para poder sujetar los bordes del vidrio por ambos lados. Las piezas de vidrio rodeadas por las tiras de plomo se fijaban luego al marco de hierro, o armazón, que formaba parte del diseño en las ventanas más antiguas.

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Comienzos de las vidrieras

En Egipto y Mesopotamia se conoció la técnica de colorear el vidrio en el tercer milenio a.C. Mil años más tarde se moldeaban objetos de vidrio coloreado traslúcido y en el siglo I d.C. los vidrieros romanos habían dominado el arte de soplar el vidrio, lo cual les permitía fabricar vasijas y finas láminas transparentes. Durante el periodo paleocristiano (300-750) se hicieron mamparas traslúcidas y con perforaciones de alabastro y vidrio. Algunos documentos de los siglos VI y VII mencionan ventanas con vidrio de color en marcos de madera. Entre el siglo VIII y el siglo XII existían en las casas árabes algunas ventanas con vidrio enmarcado en estuco abiertas en los muros.

La primera vidriera europea con dibujo data del siglo IX, aunque sólo se conoce por fuentes escritas. Los fragmentos más antiguos que han llegado hasta nuestros días, y que representan la cabeza de Cristo, son los de las abadías de Lorsch en Renania y de Wissembourg en Alsacia (hoy perteneciente a Francia) cuya datación, incierta, está entre el siglo IX y el XI.

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Vidrieras románicas

El arte de las vidrieras floreció en el siglo XII junto con el de la arquitectura románica y la construcción de grandes catedrales con ese estilo. Las más antiguas vidrieras románicas existentes representan cinco figuras del Antiguo Testamento de pie, a tamaño mayor que el natural, que se hallan en el triforio (galería superior) de la catedral de Augsburgo, fechadas entre 1050 y 1100. Pero fue la Île-de-France, región alrededor de París, la que se convirtió en el centro de elaboración de vidrieras. A las de la iglesia de la abadía de Saint-Denis, encargadas por el famoso abad Suger y realizadas entre 1144 y 1151 (muy restauradas en la actualidad), pronto les siguieron otras en Chartres, Bourges y Le Mans. Cuatro espléndidas vidrieras, hechas entre 1160 y 1170 en la catedral de Chartres, sobrevivieron al incendio de 1194. Tres de ellas, ojivales, permanecen en la fachada oeste y la cuarta, la noble Notre-Dame de la belle verrière, se trasladó al deambulatorio del siglo XIII.

Las vidrieras románicas francesas ejercieron gran influencia en las de Alemania e Inglaterra. Los temas preferidos eran el de una figura aislada, de pie, colocada en un nicho, o bien dos figuras, una sobre otra, en el triforio, y el árbol genealógico de Jesucristo o árbol de Jesé, en largas ventanas ojivales. Esos mismos temas continuaron utilizándose en el siglo XIII en Estrasburgo, Le Mans, Troyes, Soissons y en la Sainte-Chapelle de París. También eran muy apreciadas las escenas de la Pasión de Cristo; en la catedral de Poitiers, por ejemplo, el tema de la vidriera principal es la crucifixión. Los colores predominantes en esa época eran el azul (que se utilizaba sobre todo para los fondos), el rojo, el amarillo y el verde. Violeta, castaño y blanco con un toque verde o azul eran secundarios y el sombreado en rosa servía para imitar el color de la piel en las figuras. Las vidrieras del siglo XII, con su refinamiento y delicadeza, recuerdan los trabajos de orfebres y esmaltadores.

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