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Seda, fibra de la que se compone el capullo que cubre al gusano de seda, valiosa por su uso en tejidos de alta calidad y otros productos textiles. Científicamente, el gusano de seda es de hecho una oruga y no un gusano. Aunque muchos insectos se envuelven en capullos de fibra, sólo los de la mariposa de la seda, Bombyx mori, y los de otras pocas especies próximas se emplean en la industria de la seda. La seda producida por otros artrópodos, especialmente la de araña, se emplea en la fabricación de productos como los hilos del retículo de los telescopios y otros instrumentos ópticos.
La seda es una de las fibras textiles más antiguas y, según la tradición china se usaba ya en el siglo XXVII a.C. La mariposa del gusano de seda es originaria de China, y durante unos 30 siglos, la obtención y manipulación del hilo de seda fue un proceso secreto, sólo conocido por los chinos. La tradición atribuye a Hsi-ling-shi, la novia de 14 años de edad del emperador Huang-Ti, el descubrimiento de las posibilidades del capullo de seda y la invención del primer devanador. China guardó el secreto con éxito hasta el año 300 d.C., cuando Japón, y posteriormente la India, consiguieron descubrirlo. Las referencias existentes en el Antiguo Testamento indican que la seda era conocida en los tiempos bíblicos en Asia occidental, de donde presumiblemente fue trasplantada a las islas griegas del mar Egeo. Se cree que los chinos desarrollaron un lucrativo comercio con Occidente en tiempos de la dinastía Han, en el siglo II a.C. (véase Ruta de la seda). Las antiguas cortes persas empleaban sedas chinas, que destejían y volvían a tejer con diseños propios. Cuando Darío III Codomano, rey de Persia, se rindió a Alejandro Magno, lucía unos esplendorosos ropajes de seda que maravillaron a Alejandro, quien exigió como botín el equivalente a millones de libras en seda. La seda se transportaba en caravanas a lomos de camellos desde el corazón de Asia a Damasco (Siria), donde se intercambiaba por mercancías occidentales, algunas de las cuales se han preservado en China hasta nuestros días. La seda se convirtió en una mercancía valiosa tanto en Grecia como en Roma. El estadista y general romano Cayo Julio César restringió el uso de este tejido exclusivamente a su persona y a la elaboración de las bandas púrpura de las togas de las personalidades favorecidas por él. A pesar de ello, su uso se extendió por Roma como signo de pompa y ostentación. Hasta el año 550 d.C. toda la seda tejida en Europa procedía de fuentes asiáticas. No obstante, por aquellas fechas el emperador bizantino Justiniano I envió a dos monjes de la Iglesia nestoriana a China donde, con gran riesgo para sus vidas, robaron semillas de morera y huevos de gusano de seda, los ocultaron en sus báculos y los llevaron a Bizancio. Así, los monopolios chino y persa llegaron a su fin. Con la expansión del islam, el gusano de seda llegó a Sicilia y España. En los siglos XII y XIII, Italia se había convertido ya en el centro de la seda en Occidente, pero al llegar el siglo XVII, Francia empezó a desafiar el liderazgo italiano y los telares de seda establecidos en el área de Lyon adquirieron una fama que siguen disfrutando hoy en día, por la deslumbrante belleza de sus tejidos. Cuando el Edicto de Nantes fue revocado, los tejedores hugonotes franceses cruzaron el canal de la Mancha estableciendo fábricas de seda en Spitalfields, en el este de Londres. El gusano de seda, no obstante, no prosperó en el clima inglés, así como tampoco en Estados Unidos. Además de la seda auténtica, producida por el cultivo del gusano de seda, se producen las llamadas sedas salvajes a partir de otras especies de insectos emparentados que viven en estado silvestre. La seda tussah, por ejemplo, proviene de una especie que se alimenta de hojas de roble. La douppioni es una seda que elaboran dos gusanos que tejen conjuntamente el capullo, produciendo así una fibra doble. Existen variedades especiales de tejidos, como el shantung y otros de trama irregular que se elaboran con esa seda.
La sericultura, o cría del gusano de seda, implica la incubación artificial de los diminutos huevos de la mariposa de la seda hasta que se transforman en orugas. Cuando salen del huevo se ponen bajo una capa de gasa. Durante seis semanas las orugas comen hojas de morera finamente picadas de modo casi continuo. Al final de este periodo, están listas para elaborar sus capullos y entonces se introducen ramas de árboles y arbustos en los criaderos. Las orugas suben a las ramas y fabrican el capullo con un único hilo continuo, proceso que dura unos ocho días. La cantidad de seda utilizable en cada capullo es pequeña, por lo que son necesarias cerca de 5.500 orugas para producir 1 kg de seda cruda. Una vez recogidos los capullos enteros, el primer paso de la fabricación de la seda consiste en eliminar los insectos que hay en su interior. Así pues, los capullos se hierven o se tratan en hornos, lo que mata a los insectos por efecto del calor. La fibra de seda se obtiene de los capullos mediante un delicado proceso llamado devanado o hiladura. Se exponen al vapor de agua hirviendo para disolver la sustancia gomosa que fija el filamento. A continuación, se unen y enrollan los filamentos de entre cuatro y ocho capullos, y se combinan con una serie de filamentos similares para dar lugar a un hilo que se recoge en una bobina. Cuando se completa el devanado de cada capullo, se sustituye con otro. El hilo resultante, llamado seda cruda, normalmente está formado por 48 fibras individuales de seda. El hilo es continuo y, al contrario de lo que ocurre con los hilos de otras fibras naturales, como el algodón y la lana, está compuesto por fibras muy largas. Los capullos dañados por la salida de la mariposa, necesaria para la reproducción de los gusanos de seda, la parte exterior y áspera del capullo, que se elimina antes de la hiladura, y la parte interna del capullo, que queda tras el devanado de la seda cruda, se mezclan para producir una seda de baja calidad con la que se fabrica la hilaza. El siguiente paso en la elaboración de la seda es enrollar dos o más hilos de seda cruda para obtener un hilo suficientemente resistente como para confeccionar telas o hacer punto o ganchillo. Este procedimiento recibe el nombre de torcer. Así pueden producirse cuatro tipos diferentes de hilo de seda: organín o torzal de seda, crepé, hilo de trama y torcidos sencillos. El torzal se fabrica dando al hilo de seda cruda un giro preliminar en una dirección y después enrollando dos de estos hilos entre sí en dirección contraria en una proporción de unas 4 vueltas por centímetro. El crepé es similar pero más enrollado, normalmente entre 16 y 32 vueltas por centímetro. El hilo de trama se elabora torciendo en una dirección dos o más hilos de seda cruda, con 8 a 12 vueltas por centímetro. Los torcidos sencillos son hilos individuales de seda cruda que se tuercen en una dirección; el número de vueltas depende de la calidad de hilo que se desee obtener. En general, el torzal se usa para la urdimbre de las telas, mientras que el hilo de trama, como su nombre indica, para la trama o para relleno. El hilo de crepé se emplea en la elaboración de las típicas telas arrugadas y el torcido sencillo para tejidos transparentes. Véase también Fibra; Textiles.
La aparición de fibras sintéticas como el nylon y el poliéster, que son más fuertes y más baratas que la seda, aunque no tienen la misma calidad, ha producido una enorme reducción en la producción y el consumo de seda. La producción mundial en 2001 fue de 89.600 toneladas. Los principales productores fueron China (con 62.000 toneladas) y la India (con 15.197 toneladas). La seda se sigue empleando en la confección de prendas como trajes ligeros, abrigos y pantalones, chaquetas (sacos, americanas), camisas, corbatas, vestidos, ropa interior y guantes. La seda se usa también en encajes, telas para decoración de interiores y bolsos.
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