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Esquema
Introducción; El origen del conflicto; Las causas de la intervención estadounidense; Acciones militares; Las consecuencias de la guerra
Guerra Hispano-estadounidense, enfrentamiento bélico librado entre España y Estados Unidos, en 1898, que concluyó con la emancipación de Cuba, Puerto Rico y Filipinas respecto del dominio español, y supuso el nacimiento de Estados Unidos como potencia mundial.
Los orígenes del conflicto se encuentran en la lucha por la independencia cubana y en los intereses económicos que Estados Unidos tenía en la isla. La guerra de la Independencia de Cuba comenzó en 1895, al no haber emprendido España las reformas que prometió al pueblo cubano en la Paz de Zanjón (1878) que puso fin a la guerra de los Diez Años, la primera de las denominadas guerras de Cuba. Por otro lado, las ambiciones económicas e imperialistas de Estados Unidos, centradas en el intento de controlar la ruta comercial del mar Caribe, así como la producción azucarera de la isla, veían con buenos ojos el fin de la presencia española en Cuba, lo que haría más factible su control de la isla y reafirmaría la Doctrina Monroe de rechazar cualquier presencia europea en América.
El conflicto entre España y Cuba generó en Estados Unidos una fuerte reacción tanto por razones económicas como humanitarias. El trato que las fuerzas militares españolas daban a los cubanos fue ampliamente difundido en la prensa, sobre todo en los reportajes publicados por el New York World, dirigido por Joseph Pulitzer, y en el New York Journal, dirigido por William Randolph Hearst. Asimismo, los cuantiosos daños a la propiedad que estaba acarreando el conflicto afectaron a muchas inversiones estadounidenses, por lo que el comercio entre Cuba y Estados Unidos se vio interrumpido. La presión de la opinión pública, que reclamaba una intervención en favor de Cuba, consiguió apoyo en el Congreso de Estados Unidos, pero tanto el presidente Stephen Grover Cleveland como su sucesor, William McKinley, durante su primer año de mandato, se negaron rotundamente a emprender ninguna acción. El presidente del gobierno español, Práxedes Mateo Sagasta, intentó solucionar el conflicto en 1897 con la concesión de una autonomía parcial al pueblo cubano y a Puerto Rico, y la supresión de los campos de concentración, creados por el capitán general de Cuba Valeriano Weyler. Sin embargo, estas medidas resultaban insuficientes, pues los insurgentes cubanos dirigidos por José Julián Martí hasta su fallecimiento, en 1895 —y desde entonces, por Máximo Gómez—, reclamaban ya la independencia completa. La lucha prosiguió favorable a los insurgentes cubanos, aprovechándose de la mala situación de las tropas españolas, afectadas de fiebre amarilla y otras enfermedades que provocaban numerosas bajas. Una serie de incidentes llevaron a la intervención de Estados Unidos. El acorazado estadounidense Maine fue enviado al puerto de La Habana, al que llegó el 25 de enero de 1898, para proteger las vidas y bienes de los súbditos de Estados Unidos residentes en la isla. Sin embargo, el buque explotó misteriosamente la noche del 15 de febrero de 1898 y 260 personas perdieron la vida. Los informes oficiales estadounidenses emitidos ese año y en 1911 apuntaron hacia una acción de sabotaje, pero las investigaciones realizadas en 1969 (que vieron la luz en 1976 y fueron conocidas bajo el nombre de ‘informe Rickover’) demostraron que la explosión había sido provocada por una caldera averiada. A raíz de este incidente, se orquestó una intencionada campaña contra la presencia española. El senador Redfield Proctor pronunció un discurso en el Senado en marzo de 1898 en el que describió las inhumanas condiciones de vida que había presenciado en Cuba. El 20 de abril, el presidente McKinley aprobó una propuesta del Congreso en la que se exigía la inmediata retirada española de Cuba. Influido por las optimistas perspectivas del ministro de Guerra, el general Miguel Correa, que no temía una posible intervención de Estados Unidos en el conflicto, así como por el temor de que una solución distinta hubiera puesto en peligro al propio régimen político, el gobierno español rompió relaciones diplomáticas con ese país el 21 de abril, después de haber rechazado un intento de compra de Cuba por parte estadounidense. La respuesta no se hizo esperar y Estados Unidos declaró la guerra a España cuatro días más tarde. Las siguientes resoluciones del Congreso estadounidense afirmaron la independencia de Cuba y aseguraron que Estados Unidos no actuaba movido por intereses imperialistas.
El notorio desequilibrio, tanto numérico como cualitativo, existente entre los respectivos ejércitos y armadas estadounidenses y españolas, favorable en ambos casos a los primeros, no tardó en dejar sentir sus consecuencias en los escenarios bélicos. De otro lado, después de que el proceso de independencia de Filipinas entrara en relación con el conflicto hispano-estadounidense, tuvo lugar un nuevo enfrentamiento en un escenario muy distinto: la flota española fondeada en la bahía de Manila (Filipinas), al frente de la cual se hallaba el almirante Patricio Montojo, fue atacada y destruida por las naves comandadas por el capitán de fragata George Dewey el 1 de mayo de 1898, en la batalla de Cavite. El 1 de julio se inició el combate de Santiago de Cuba, cuando las tropas estadounidenses atravesaron las defensas exteriores de esta ciudad. El 3 de julio, la escuadra española dirigida por el almirante Pascual Cervera fue hundida cuando intentaba atravesar el bloqueo estadounidense del puerto de Santiago. La ciudad se rindió, dos semanas más tarde, a las fuerzas de Estados Unidos encabezadas por el general William Rufus Shafter. Las tropas del general Nelson Miles ocuparon Puerto Rico y el gobierno español solicitó el armisticio a Estados Unidos el 18 de julio. Finalmente, España capituló en el mes de agosto.
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