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Esquema
Finalizado el periodo Jomon, una nueva cultura, que comenzó en Kyūshū, se fue extendiendo lentamente hacia el este e imponiéndose de forma gradual. La cultura Yayoi era más avanzada, introdujo el cultivo encharcado del arroz, el tejido, utilitarias cerámicas cocidas a altas temperaturas y herramientas de hierro. La mayoría de las innovaciones Yayoi, especialmente el hierro y el bronce, fueron introducidas probablemente desde China a través de Corea. Unas costumbres de enterramiento más diversas y sofisticadas indican que la sociedad Yayoi era más compleja y estratificada que la Jomon. El advenimiento de la cultura Yayoi no implicó cambios raciales, por lo que, probablemente, fue más un proceso de difusión cultural que una conquista étnica. Las crónicas oficiales chinas de la dinastía Han contienen la primera mención registrada de Japón. Recogen que en el año 57 d.C. “el estado de Nu en Wo” envió emisarios a la corte imperial y recibió un sello de oro (después encontrado en Japón en 1748). Nu era en apariencia uno de los numerosos estados que ocupaban el archipiélago japonés (denominado Wo en las crónicas chinas). Las crónicas también muestran una sociedad bastante desarrollada con una organización jerárquica, marcada por un comercio de intercambio y unos escribas profesionales que escribían en chino. La mención de una reina llamada Himiko —también nombrada en las crónicas japonesas, que extendió su autoridad desde la capital (denominada Yamatai) sobre numerosos estados, alrededor del año 200 d.C.— hace suponer que el Japón de la cultura Yayoi podría haber tenido una sociedad matriarcal con reinas sacerdotisas que reunían un poder considerable.
El periodo Kofun recibió este nombre por el gran kofun (en japonés, ‘túmulo’) que marcaba las tumbas de los emperadores y nobles japoneses, lo que demuestra que el principal rasgo de este periodo fue la unificación de Japón bajo la casa imperial. De acuerdo con las crónicas, el emperador Jimmu, con su poder establecido en Kyūshū, dirigió a sus ejércitos hacia el norte y extendió sus dominios hasta Yamato, una provincia en el centro de Honshū, que dio su nombre a la casa imperial y después a todo el antiguo Japón; sin embargo, los restos históricos y arqueológicos contradicen las fechas tradicionales que reciben estas hazañas.
Hacia el año 200 la emperatriz Jingu —una gobernante legendaria que llegó a ser considerada diosa— mantuvo el gobierno a la muerte de su esposo, el emperador Chuai (reinó desde el 192 hasta el 200). Se dice que la emperatriz guerrera equipó una armada e invadió y conquistó una parte de Corea. Aunque hay pocas evidencias históricas de la existencia de Jingu, las inscripciones coreanas del siglo V d.C. registraron la existencia de una gran expedición desde Wo, alrededor del 391, fecha en la que la corte de Yamato presumiblemente tenía asegurada la unidad nacional como para sostener una expedición militar y establecer un dominio japonés en Minami, en la península de Corea. El reino de Paekche, en Corea suroccidental, era un aliado subordinado de la corte de Yamato. La cultura coreana, bajo la influencia china, se había desarrollado de forma considerable y, durante los siguientes siglos, las relaciones entre Japón y Corea (así como el movimiento de población) estimularon considerablemente el desarrollo de la civilización de las islas. La escritura, literatura y filosofía chinas se hicieron populares en la corte de Yamato, en donde a principios del siglo V, se empezó a utilizar la escritura china. Hacia el 430 la corte imperial nombró a sus primeros historiógrafos y se registraron los hechos de manera más formal. El gobierno de los Yamato consolidó su poder con la creación de una forma primitiva de sintoísmo que también servía de instrumento político. Durante el final de la cultura Yayoi y principios del periodo Kofun, los caudillos Yamato ejercieron un control indirecto sobre varias tribus, conocidas con el nombre de uji; cada una de ellas tenía sus propios dioses y su propio dominio. Las más importantes de las uji fueron los muraji y los omi entre quienes los Yamato reclutaban a los oficiales de gobierno. Las grandes tumbas de los notables del clan se decoraban frecuentemente con figuras de cerámica de soldados, personas y objetos, denominadas haniwa. El gobierno del clan imperial, respetado como clan dirigente, era más nominal que real, aunque su principal deidad, la diosa sol, era venerada por todos. En el siglo VI d.C. la corte de Yamato había perdido el poder, incapaz de imponer su voluntad sobre las uji y derrotada en Corea. El poderoso clan Soga asesinó entonces al emperador que ocupaba el trono en el 587. Sin embargo, anteriormente se produjo un acontecimiento muy significativo: la llegada del budismo, hecho que se suele datar en el año 552, fecha en la que el rey de Paekche envió predicadores budistas a Japón, junto a imágenes religiosas, textos budistas, calendarios y métodos para mantener la vigilia. La cultura importada pronto arraigó con fuerza en el archipiélago y, a pesar de que los contactos entre los dos países se debilitaron después de que Japón se marchara de Corea en el 562, a principios del siglo VII, el budismo se había convertido en la religión oficial de Japón.
El periodo Asuka comenzó cuando la emperatriz Suiko (reinó desde el 593 hasta el 628) subió al trono y estableció su palacio en el valle de Asuka, en la provincia de Yamato (actual prefectura de Nara). Su sobrino y regente, Shotoku Taishi, empezó un programa reformista marcado por la pérdida del dominio coreano de Minami y los problemas internos de Japón. En el 604, estableció la primera constitución japonesa, la Constitución de Diecisiete Artículos, que comprendía un conjunto de principios simples para el buen gobierno siguiendo el modelo centralista de China y estableciendo una jerarquización entre los cortesanos. Los intentos de Shotoku por promover el budismo en todo el país sirvieron para extender la civilización continental en todo Japón. Las reformas de Shotoku fueron continuadas por el príncipe Naka no Oe, el posterior emperador Tenchi Tenno, y por Nakatomi Kamatari, fundador de la familia Fujiwara, que en el 645 derrocó al clan Soga e inauguró las denominadas reformas Taika, que fortalecieron la casa imperial y debilitaron las uji, cuyas tierras fueron ocupadas y luego redistribuidas a la gente. El gran consejo, el Dajokan, dirigió el reino a través de gobernadores locales enviados desde la capital, siguiendo el modelo chino. El fracaso del último intento japonés durante siglos de intervenir en Corea (663) incitó a Tenchi a realizar reformas más centralistas. Codificó estas nuevas medidas en el denominado sistema ritsu-ryo, dividido en ritsu (códigos criminales) y ryo (códigos civiles y administrativos), que impuso una estructura estatal elaborada sobre el país con poca atención a la antigua importancia de la nobleza.
Tradicionalmente, las capitales imperiales niponas se trasladaban después de la muerte del soberano siguiendo rituales sintoístas. En el 710, la capital cambió de Asuka a Heijo-kyo (actual Nara) y la costumbre desapareció. Bajo el emperador Shomu (reinó desde el 715 hasta el 756) y su consorte Fujiwara, Japón experimentó un gran florecimiento cultural. El Gran Buda (finalizado en el 752), construido en el que es todavía el mayor templo de madera del mundo, simbolizó la devoción al budismo del Japón Nara. Se establecieron conexiones extensivas con la dinastía Tang de China y Japón se convirtió en el extremo oriental de la Ruta de la Seda. Posteriormente, el sistema ritsu-ryo fue modificado en el 743 para alentar el desarrollo de las nuevas tierras de labor mediante la concesión de los derechos completos de propiedad a cualquiera que los explotara. Esta medida permitió que las grandes familias y templos vieran el camino abierto para asegurar su independencia y poder. El periodo Nara fue prolífico en hitos de tradiciones nativas: la realización de dos historias nacionales, Kojiki y Nihon shoki, la compilación de la primera gran antología poética, el Man’yoshu (‘Antología de Innumerables Hojas’) y la proliferación del arte budista. Un devoto budista, Shomu, trabajó para unir el Estado y el clero y creó problemas a sus sucesores. El sistema ritsu-ryo funcionó bien, pero el poder secular de los grandes templos fue incrementándose de forma gravosa para la casa imperial. Por último, en el 784, el emperador Kammu (reinó desde el 781 hasta el 806) se separó de la influencia de los templos de Nara al trasladar la capital imperial primero a Nagaoka-kyo y tres años después a Heian-kyo (posteriormente Kioto), que hasta 1868 fue la capital titular.
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