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Esquema
Los terremotos son frecuentes en Japón. Un estudio mostró que las perturbaciones sísmicas, sobre todo de naturaleza menor, ocurrían más de tres veces al día. Las investigaciones geológicas han demostrado que bajo el impacto continuo de estas perturbaciones la costa occidental de las islas niponas se está asentando, mientras que la del Pacífico está en ascenso. Las costas orientales están expuestas a terremotos de gran intensidad que afectan a grandes áreas y normalmente están acompañados por grandes maremotos; parece que estas ondas comienzan cerca de la costa nororiental de Honshū, donde se cree que existe un gigantesco cráter marino a más de 8.000 m de profundidad. El terremoto más catastrófico de la historia nipona tuvo lugar en 1923; su epicentro se localizó en la bahía de Sagami y afectó a Tokio y Yokohama provocando 150.000 víctimas. En 1995 la ciudad portuaria de Kōbe se vio afectada por un seísmo que causó 5.000 víctimas.
Las islas japonesas ocupan una franja de 17º de latitud, y sus condiciones climáticas varían mucho. Las temperaturas tienen un promedio que oscila desde unos 5 ºC en Nemuro (Hokkaidō) hasta unos 16 ºC en Okinawa. Hokkaidō y el sector meridional de Honshū se caracterizan por veranos cortos e inviernos largos y fríos debido en gran parte a los vientos noroccidentales procedentes de Siberia y la corriente fría de Ojotsk (u Oya Shivo), que fluye hacia el sur en el mar del Japón (mar Oriental). Hacia el sur y el este de esta región la influencia de la corriente cálida de Kuro-Shivo modera los inviernos. En Shikoku, Kyūshū y en el sur de Honshū los veranos son cálidos y húmedos, casi subtropicales, y los inviernos son templados con pocas nevadas. Japón se encuentra en el camino de los monzones surorientales, que aportan bastante de la humedad en verano. Las precipitaciones anuales varían desde unos 1.015 mm en Hokkaidō hasta 3.810 mm en las montañas del centro de Honshū. Desde junio hasta octubre tienen lugar ciclones tropicales, también llamados tifones: pueden causar graves daños, sobre todo a los barcos.
Los recursos naturales más importantes de Japón son principalmente los agrícolas. Aunque la tierra cultivable es limitada, Japón tiene una de las mayores producciones mundiales por área sembrada y el país produce el 71% de sus alimentos. El gran potencial de energía hidroeléctrica de Japón se ha desarrollado en buena medida, pero los recursos minerales son limitados; el país importa la mayor parte de los minerales que necesita.
Los veranos húmedos y cálidos son la causa de la gran variedad y exuberancia de la flora japonesa. Se pueden encontrar más de 17.000 especies de plantas con o sin flores, muchas de ellas muy cultivadas y muy populares, como los ciruelos blancos y rojos, los cerezos, azaleas, peonías, lotos y, en especial, los crisantemos, la flor nacional de Japón. Otras especies importantes son la pimpinela, la campánula, el gladiolo y muchas variedades de lilas. Hay pocas flores silvestres. La variedad de árboles predominante en Japón es la conífera; una especie común es el sugi, o cedro japonés, que puede alcanzar los 46 m de altura. Otras perennifolias notables son el alerce, la pícea y muchas variedades de abetos. En Kyūshū, Shikoku y el sur de Honshū crecen árboles subtropicales como el bambú, el árbol del alcanfor y el árbol de la cera, y se cultiva la planta del té. Los árboles del centro y del norte de Honshū son los típicos de la zona templada, como hayas, sauces, castaños y coníferas; el árbol de la laca y la morera se cultivan extensivamente y el ciprés, el tejo, el boj, el acebo y el mirto son abundantes. En Hokkaidō la vegetación es subártica y similar a la del sur de Siberia; la pícea, el alerce y el abeto meridional son los árboles más comunes, aunque hay ejemplares de alisos, álamos y hayas. Los frutales más comunes en Japón son los melocotoneros (durazneros), los perales y los naranjos. Los japoneses practican un tipo único de jardinería paisajística, en el que reproducen en miniatura los paisajes naturales de forma estilizada. También cultivan árboles enanos, como el cerezo y el ciruelo que, mediante podas cuidadosas, mantienen una altura de unos 30 cm. Especialmente famosos son los bonsáis, plantas ornamentales sometidas a técnicas de cultivo que impiden su crecimiento mediante corte de raíces y poda de ramas. En comparación con su flora exuberante, la fauna de Japón es más escasa aunque cuenta con al menos 140 especies de mamíferos, 450 especies de aves y una amplia variedad de reptiles, batracios y peces. El único primate mamífero es el mono de cara roja, el macaco japonés, que se encuentra en todo Honshū. Entre los carnívoros destacan el oso rojo, el oso negro y el oso pardo. Son frecuentes los zorros y tejones y otros animales con pelo, como el jabalí, la marta, el visón japonés, la nutria, la comadreja y distintas variedades de focas. Las liebres y los conejos y otros roedores como las ardillas, las ardillas voladoras, las ratas y los ratones son numerosos, aunque no hay ratones caseros. Hay muchas variedades de murciélagos; entre los insectívoros destacan el topo japonés y la musaraña. De las dos especies de ciervos la más común es el pequeño ciervo japonés, que tiene el pelo blanco moteado en el verano y pardo en invierno. El gorrión, la golondrina casera y el tordo son las aves más comunes de Japón. Las aves acuáticas constituyen casi el 25% de las especies conocidas y aparecen especies como la grulla, la garza, el cisne, el pato, el cormorán, la cigüeña y el albatros. Las aves canoras son numerosas; el camachuelo y dos variedades de ruiseñores son los más conocidos. Otras aves comunes son el petirrojo, el cuco, el pájaro carpintero, el faisán y la paloma. En las aguas costeras de Japón abundan los peces, que se capturan en enormes cantidades y son consumidos como pescado fresco o en conserva o utilizados para la fabricación de fertilizantes. También son comestibles diversas especies de algas.
Japón tiene fuentes limitadas de energía natural tradicional pero igualmente posee un sector industrial en crecimiento y una gran población con uno de los niveles de vida más elevados del planeta. Para lograrlo ha seguido una agresiva política de energía nuclear y actualmente obtiene cerca del 31,94% de su energía a partir de plantas nucleares, con expectativas de llegar hasta el 60% hacia el año 2030. Hay 53 plantas nucleares en funcionamiento. La ubicación de estas plantas, en lo que respecta a los riesgos de terremotos, almacenamiento de desechos nucleares, importación de combustible nuclear, y exportación del combustible consumido para su reprocesamiento, plantea importantes riesgos medioambientales y de seguridad. Japón tenía una gran reserva de plutonio a principios de los años noventa. Otras fuentes de energía son la hidroelectricidad, el carbón y el petróleo. Aún con el desarrollo de la energía nuclear, Japón produce casi el 5% del total de las emisiones de gases con efecto invernadero. El Gobierno ha diseñado estrategias de carácter nacional para enfrentarse a éste y a otros problemas. La activa economía de Japón ha generado muchos problemas, también habituales en otros países industrializados. Alguno, como la contaminación del aire, es mucho más severo debido a la elevada concentración de zonas urbanas; el 66% (2005) de la población es urbana y ocupa sólo un 3% de la tierra. Las concentraciones de dióxido de azufre han caído significativamente en respuesta a las regulaciones medioambientales, pero los óxidos de nitrógeno, que contribuyen a la lluvia ácida y provocan enfermedades, aún son un problema. La calidad del agua ha ido mejorando desde 1970, pero muchas superficies de agua todavía exceden los niveles relacionados con las sustancias orgánicas. Los aumentos de desechos domésticos en los años ochenta se encontraban entre los más altos del mundo, y Japón se enfrenta a severas reducciones, en cuanto a espacio, para ubicar vertederos. La ética de la conservación de la naturaleza en Japón ha sido muy fuerte desde la aparición del budismo en el siglo VI. Los bosques protegidos y reservas especiales para caza ya tenían mucha tradición cuando Japón ingresó en la era moderna de influencia occidental a mediados del siglo XIX. Los bosques actuales cubren el 65,8% (2005) de Japón, aunque la mayoría son plantaciones comerciales. A pesar de sus propios bosques, Japón se encuentra entre los mayores importadores de madera del mundo. Actualmente hay 28 parques nacionales importantes y más de 350 de menor tamaño, que cubren más del 14% del país. Entre las numerosas reservas de vida silvestre y los santuarios especiales se cubre más del 8,7% de su superficie. También hay al menos 28 parques marinos. La Ley para la Conservación de la Naturaleza de 1972 establece que todos los sistemas naturales sean inventariados cada cinco años, tarea que se puede cumplir gracias a la participación de voluntarios y organizaciones no gubernamentales. Los japoneses son personas apasionadas por su patrimonio natural. El porcentaje de visitas de los residentes a los parques nacionales está entre los más altos del mundo, y desde la década de 1980 hay un fuerte movimiento medioambiental. Los desastres naturales forman parte de los riesgos de vivir en Japón. Debido a que este país se encuentra en el Anillo de Fuego, el círculo sísmico de la cuenca del Pacífico, está sujeto a numerosos terremotos. El más reciente de los más graves ocurridos se desarrolló en Kobe en enero de 1995 y provocó la muerte a más de 5.000 personas. Los terremotos más distantes de las islas generalmente llegan a la costa con tsunamis, y algunas ciudades están protegidas con enormes muros artificiales en el mar. En Japón también se encuentra el 20% de los volcanes activos del planeta. Por último, los tifones a veces afectan a las islas meridionales. Japón se encuentra entre los pocos países asiáticos que ha ratificado el Convenio de Ramsar sobre zonas húmedas. En 1980 ya había declarado cuatro reservas de biosfera bajo el programa El Hombre y la Biosfera de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Otros acuerdos medioambientales internacionales son los relativos al Tratado del Antártico, biodiversidad, cambios climáticos, especies en peligro de extinción, cambios medioambientales, residuos peligrosos, vertido de residuos al mar, prohibición de realizar ensayos nucleares, capa de ozono, contaminación naval y madera tropical (1983 y 1994).
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