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Esquema
Introducción; Orden de los libros; Uso; Inspiración bíblica; Importancia e influencia; El Antiguo Testamento; El Nuevo Testamento
Al igual que los temas teológicos del Antiguo Testamento, los del Nuevo tienen un contenido rico y variado.
En ningún otro tema se refleja de manera más clara o coherente la continuidad entre el Nuevo Testamento y el Antiguo que en las enseñanzas acerca de Dios. Toda opinión sobre que el Dios de Jesús o de la primitiva Iglesia era diferente del Dios del judaísmo fue rechazada como herejía. El Dios del Nuevo Testamento es el creador de toda la vida y sustentador del Universo. Este único Dios, origen y final de todas las cosas, toma la iniciativa de atraer con amor a toda la humanidad, celebrando alianzas con quienes respondan a su mensaje y comportándose con ellos de manera justa y misericordiosa, con tino e indulgencia. Dios nunca ha abandonado el mundo vacío de sus testigos, habiéndose revelado en muchas ocasiones, formas y lugares. Pero el Nuevo Testamento sostiene que Jesús de Nazaret es una revelación singular de Dios. La persona, palabras y actividad de Jesús fueron comprendidos como la comparecencia de sus seguidores ante la presencia de Dios. En los días de sus inicios dentro del judaísmo, la Iglesia pudo asumir la fe y centrarse en el mensaje de Jesús como revelador de Dios. Sin embargo, más allá de los límites del judaísmo, la fe en el único Dios verdadero se convirtió en el elemento básico para la proclamación del cristianismo.
El Nuevo Testamento presenta su concepción de Jesús en los títulos, retratos y descripciones de su persona y reseñas de su obra y su palabra. En el contexto del judaísmo, el Antiguo Testamento proporcionó títulos y parábolas que los escritores del Nuevo Testamento utilizaron para transmitir el significado de Jesús a sus discípulos. Fue descrito, por ejemplo, como un profeta igual que Moisés, como rey davídico, como el Mesías prometido, como segundo Adán, como sacerdote igual que Melquisedec, como figura apocalíptica igual que el Hijo del Hombre, como el Siervo Sufriente de Isaías y como Hijo de Dios. (Para una reseña íntegra de la vida de Jesús, véase Jesucristo; para un análisis teológico de su persona, véase Cristología.) La cultura helenista aportó otras imágenes: una divinidad preexistente que bajó a la Tierra, realizó su obra y retornó a la gloria; el Señor por encima de todos los emperadores; el mediador eterno de la creación y la redención; la figura cósmica que reúne en sí misma la suma de la creación en un todo armonioso. Los Evangelios presentan el ministerio de Jesús como la presencia de Dios sobre la Tierra. Sus palabras revelaron a Dios y al modo de obrar de Dios con su pueblo; sus acciones demostraron el poder curativo de Dios al integrar el cuerpo, la mente y el espíritu; su martirio y muerte son testimonio del inquebrantable amor de Dios; y su resurrección fue la señal de que Dios aprobaba la vida, la muerte y el mensaje de Jesús. San Pablo y otros discípulos desarrollaron conceptos acerca de la muerte de Jesús como el sacrificio y la expiación por los pecados y presentaron la resurrección de Jesús como garantía de la resurrección de sus discípulos. Los documentos escritos durante la persecución (1 Pe., Ap.) interpretaron el sufrimiento de Jesús como modelo para los cristianos en la hora del martirio.
Algunos de los profetas de Israel habían caracterizado como ‘últimos días’ aquellos en los que Dios derramaría su Espíritu sobre la humanidad entera. El Nuevo Testamento sostiene que esta promesa se cumplió en tiempos de Jesús. Por ello, en todo el Nuevo Testamento se menciona el Espíritu de Dios, una expresión que representa la presencia activa de la divinidad. Esta entidad es denominada de diversos modos, como Espíritu, Espíritu Santo, Espíritu Vivificante, Espíritu de Cristo o Espíritu de la Verdad (véase Espíritu Santo; Trinidad). El Espíritu otorgó la fuerza a Jesús y permitió que la Iglesia continuase lo que Jesús había comenzado a hacer y a predicar. Dentro de cada uno de los discípulos, el Espíritu generó las cualidades adecuadas para esa vida y dispuso a la persona para trabajar en aras del bien de la comunidad. Es comprensible que la categoría ‘Espíritu’ estuviese sujeta a una amplia variedad de interpretaciones, creando problemas en numerosas confesiones. El Nuevo Testamento refleja la lucha en pos de la búsqueda de criterios claros para determinar si una congregación o persona estaba en realidad bajo la influencia del Espíritu Santo.
Según el Nuevo Testamento, el mensaje central de Jesús fue el Reino de Dios. Llama al arrepentimiento en preparación para el reino ‘inminente’. El Reino de Dios se refería al reino o dominio de Dios y, según las enseñanzas de Jesús, se anuncia que dicho reino está presente. Sin embargo, esta presencia no fue total ni completa, por lo cual en ocasiones se hace referencia a ella como acontecimiento futuro. Los estudiosos del Nuevo Testamento han discutido sobre si Jesús y sus seguidores esperaban o no que el Reino de Dios llegase a estar presente por completo en su generación. La irresolución de este debate queda reflejado en dos expresiones que suelen utilizarse para caracterizar a las enseñanzas del Nuevo Testamento con respecto al reino: ‘ya’ y ‘todavía no’.
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