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Esquema
Introducción; Orden de los libros; Uso; Inspiración bíblica; Importancia e influencia; El Antiguo Testamento; El Nuevo Testamento
La importancia e influencia de la Biblia entre cristianos y judíos puede explicarse, en general, en términos externos e internos. La explicación externa es el poder de la tradición, de las costumbres y del credo: grupos religiosos que manifiestan estar guiados por la Biblia. En cierto sentido, el verdadero autor de las Escrituras es la comunidad religiosa, que las desarrolló, las reverenció, las utilizó y las canonizó (es decir, las incluyó en listas de libros bíblicos reconocidos de una forma oficial). Por otra parte, la explicación interna es lo que numerosos cristianos y judíos continúan sintiendo como poder del propio contenido de los libros bíblicos. El antiguo Israel y la primitiva Iglesia conocían muchos más textos religiosos que los que constituyen la Biblia actual. Sin embargo, los escritos bíblicos fueron venerados y utilizados por lo que decían y por cómo lo decían. Fueron canonizados con rango oficial porque la gran mayoría de los creyentes los utilizaba y creía en ellos. La Biblia es el auténtico documento fundamental del judaísmo y del cristianismo. Es de público conocimiento que la Biblia, en sus centenares de diferentes traducciones, es el libro de mayor difusión en la historia de la humanidad. Es más: en todas sus formas, la Biblia ha sido influyente hasta llegar a extremos insólitos, y no sólo entre las comunidades religiosas que la consideran sagrada y la reverencian. En especial, la literatura, el arte y la música del mundo occidental tienen una enorme deuda con los temas, motivos e imágenes de la Biblia. Algunas traducciones al inglés, como la así llamada “Biblia Autorizada” (o versión del rey Jacobo, 1611) o la traducción de la Biblia al alemán por Martín Lutero (terminada en 1534), no sólo influyeron en la literatura sino que también promovieron el desarrollo de ambos idiomas. Estos efectos siguen vigentes en las naciones en proceso de formación, donde las traducciones de la Biblia a la lengua vernácula contribuyen a moldear las tradiciones lingüísticas futuras.
Es notable que el cristianismo incluya dentro de su propia Biblia las escrituras íntegras de otra religión, el judaísmo. El término Antiguo Testamento (de la palabra latina para ‘alianza’) se aplicó a estas Escrituras sobre la base de las obras de Pablo y de otros primitivos cristianos, que diferenciaron entre la ‘Antigua Alianza’ que Dios estableció con Israel y la ‘Nueva Alianza’ sellada a través de Jesucristo (véase, por ejemplo, Heb. 8,7). Como la primitiva Iglesia creía en la continuidad de la historia y de la actividad divinas, incluyó en la Biblia cristiana los registros escritos de la antigua y de la nueva alianza.
El Antiguo Testamento puede considerarse desde numerosas y diversas perspectivas. Desde el punto de vista literario el Antiguo Testamento (de hecho, la Biblia entera) constituye una antología, una colección de muchos libros diferentes. No es en absoluto un libro unificado por lo que respecta a sus autores, su fecha de composición o su estilo literario. Por el contrario, representa una auténtica biblioteca. En general los libros del Antiguo Testamento y las partes que los componen pueden clasificarse como narraciones, obras poéticas, escritos proféticos, códices legales o apocalipsis. En su mayoría, se trata de categorías amplias que incluyen diversos tipos o géneros diferentes de literatura y tradiciones orales. Ninguna de estas categorías se limita al Antiguo Testamento, ya que puede hallarse en otras literaturas antiguas, en especial la del Oriente Próximo. Sin embargo, es necesario subrayar que algunos estilos no quedaron al fin incluidos en el Antiguo Testamento. Las cartas o epístolas, tan importantes en el Nuevo Testamento, no se encuentran en el Antiguo en forma de libros separados (a excepción de la Carta de Jeremías en algunas tradiciones manuscritas). No es posible hallar tampoco autobiografías, dramas ni sátiras. Sorprende de una forma especial el hecho de que la mayor parte de los libros del Antiguo Testamento contiene varios géneros literarios. Por ejemplo, el Éxodo incluye narraciones, leyes y poesía; la mayoría de los libros proféticos incorporan narraciones y poesía, además de los géneros proféticos como tales.
Tanto en su contexto como en su contenido, la gran mayoría de los libros del Antiguo Testamento son narraciones, es decir, recogen y refieren los acontecimientos del pasado. Si tienen, como casi todos, una trama (o al menos el desarrollo de una tensión y su resolución), una caracterización de los personajes y una descripción del escenario en el que se producen los acontecimientos, son relatos. Por otra parte, muchas obras narrativas del Antiguo Testamento son historias, aunque no se ajusten a la definición científica del término. Una historia es una narración escrita del pasado guiada por los hechos, en la medida en que el autor pueda determinarlos e interpretarlos, y no por consideraciones estéticas, religiosas o de otra índole. Las narraciones históricas del Antiguo Testamento son obras más populares que críticas, ya que los autores recurrieron a menudo a tradiciones orales, algunas de ellas poco fiables, para escribir sus relatos. Además, todas las narraciones se compusieron con un propósito religioso. Pueden, en consecuencia, llamarse historias de salvación, ya que su propósito es demostrar cómo participó Dios en los acontecimientos humanos. Ejemplos de dichas obras son la Historia deuteronomística (desde el Deuteronomio hasta el 1 y 2 Reyes), el Tetrateuco (desde el Génesis hasta el libro de los Números) y la Historia del Cronista (1 y 2 Crónicas, Esdras y Nehemías). La así llamada Historia de la sucesión del trono de David (2 Sam. 9-20, 1 Re. 1-2) es la narración bíblica que más se acerca al concepto moderno de la historia. El autor presta atención a los detalles de los eventos y personajes históricos e interpreta el curso de los acontecimientos a la luz de las motivaciones humanas. No obstante, puede intuirse la intervención divina en el trasfondo de los textos. Otros libros narrativos son: Rut, un breve episodio; Jonás, un relato didáctico; y Ester, una novela histórica o una leyenda festiva. Es probable que estos libros tengan su origen en cuentos populares o leyendas. En los libros deuterocanónicos pueden encontrarse algunos relatos didácticos: Tobías, Judit, Susana y Bel y el dragón. En los libros del Antiguo Testamento pueden hallarse muchos de estos y otros géneros narrativos. El Génesis, como la mayoría de las demás obras narrativas, está compuesto de diversos relatos individuales, muchos de los cuales circulaban de forma oral e independiente. Las historias patriarcales del Génesis (11-50) han sido denominadas leyendas, sagas y, con mayor precisión, sagas familiares. Muchas de ellas son etiológicas, es decir, que explican un lugar, una práctica o un nombre en términos de su origen.
Entre los libros poéticos del Antiguo Testamento se incluyen Salmos, Job, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares (canónicos), Eclesiástico (deuterocanónico) y Plegaria de Manasés (apócrifo). Sabiduría tiene mucho en común con los libros poéticos sapienciales, aunque no es poesía. La mayoría de los libros proféticos están escritos de acuerdo con las reglas líricas hebreas, aunque son lo bastante distintos como para que puedan ser diferenciados.
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