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Esquema
El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo de Austria por un nacionalista serbio provocó el comienzo de la I Guerra Mundial, cuando el Imperio Austro-Húngaro declaró la guerra a Serbia en 1914. La ocupación de Serbia por los Imperios Centrales durante la I Guerra Mundial y la formación de un comité para la unión nacional por los eslavos del sur en el exilio, prepararon el camino para la creación del Estado yugoslavo. Los principios políticos de la unidad se enunciaron en la Declaración de Corfú (1917), firmada por los representantes del comité y del gobierno serbio en el exilio. La declaración estipulaba, esencialmente, la creación de una monarquía constitucional federada bajo la dinastía de origen serbio de los Karagjorgjevic. La desintegración de la monarquía dual de Austria-Hungría en los meses finales de la I Guerra Mundial dio un impulso espectacular al movimiento de independencia de los eslavos del sur. En octubre de 1918 se reunieron en Zagreb representantes de las distintas dependencias eslavas bajo soberanía austriaca y húngara. Después de organizar un gobierno provisional, los delegados aprobaron una resolución de unión con Serbia. La Asamblea Nacional de Montenegro tomó medidas similares en noviembre. Alejandro, príncipe de Serbia, pendiente de la recuperación de su padre enfermo, el rey Pedro I Karagjorgjevic de Serbia, aceptó la regencia del gobierno provisional el 1 de diciembre de 1918. En ese momento se declaró el nuevo Estado, llamado oficialmente Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. A consecuencia de las reivindicaciones italianas sobre territorios de Dalmacia, la Conferencia de Paz de París se bloqueó por el problema de delimitación de las fronteras occidentales del nuevo reino. En 1919, durante esta interrupción, una fuerza italiana bajo mando del escritor y dirigente nacionalista Gabriele D'Annunzio conquistó Fiume (hoy Rijeka), una de las principales comarcas en disputa. Esta acción y la presión de otras potencias aliadas condujeron finalmente a las negociaciones directas entre el gobierno italiano y el gobierno provisional yugoslavo. Con la firma el 12 de noviembre de 1920 del Tratado de Rapallo, Italia y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia a partir de 1929) alcanzaron un acuerdo amistoso. A cambio de la renuncia a sus reivindicaciones sobre Dalmacia, Italia obtuvo Istria y otras concesiones territoriales importantes. El tratado también estipulaba que Fiume se convirtiera en ciudad libre bajo supervisión de la Sociedad de Naciones. Sin embargo, esta disposición no entró en vigor y, en 1924, Italia se aseguró el reconocimiento yugoslavo de facto de su soberanía sobre el puerto. Mientras tanto, la creación desde 1920 de la Pequeña Entente, una alianza entre Checoslovaquia, Rumania y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos cuya principal intención era desalentar el resurgimiento del poder de los Habsburgo en Europa central y oriental, provocó pactos similares con otros Estados. En noviembre de 1920, cuando se resolvieron las disputas fronterizas más importantes, el gobierno provisional celebró elecciones para formalizar una Asamblea Constituyente. A pesar de la dura oposición de los croatas, que estaban a favor de los principios constitucionales federalistas, una coalición de centristas y conservadores apoyada por los serbios votó el 1 de enero de 1921 a favor de una Constitución que estipulaba una forma de gobierno muy centralizada. Pedro I de Serbia murió en agosto y su hijo, Alejandro I Karagjorgjevic, se convirtió en rey.
El dominio serbio en el gobierno, la multiplicidad de partidos políticos, la negativa a conceder la autonomía a croatas, eslovenos y otros grupos minoritarios provocaron intensas luchas políticas en el reino. Bajo la dirección de Stjepan Radiç, los croatas y sus aliados lucharon sistemáticamente contra el sistema y la dirección centralista. La primera fase de la lucha finalizó en junio de 1928, cuando un diputado montenegrino disparó e hirió mortalmente a Radiç y a dos de sus colegas parlamentarios en el Parlamento nacional. En represalia, el croata Caucus se retiró del Parlamento y organizó un régimen separatista cuyo cuartel general se estableció en Zagreb. La guerra civil parecía inminente, pero en enero de 1929 el rey Alejandro suspendió la Constitución de 1921, disolvió el Parlamento y todos los partidos políticos, y asumió el control del gobierno de forma dictatorial. El rey, que esperaba imponer así la unidad nacional, abolió posteriormente las provincias tradicionales y cambió el nombre del estado por el de Reino de Yugoslavia ('tierra de los eslavos del sur').
Aunque el monarca suprimió rigurosamente toda oposición a su programa, las manifestaciones de descontento popular se hicieron cada vez más frecuentes en todo el territorio. El rey Alejandro promulgó una nueva Constitución el 3 de septiembre de 1931, pero la dictadura continuó sin cambios en la mayoría de los aspectos. A pesar de proporcionar un gobierno parlamentario limitado, la Constitución contenía medidas restrictivas diseñadas para que el rey continuara dominando el gobierno. En consecuencia, la mayor parte de los grupos de oposición boicoteó las elecciones parlamentarias subsiguientes e inauguró una nueva fase en la lucha contra el régimen centralista. El 9 de octubre de 1934, el rey Alejandro, que en ese momento visitaba Francia en misión diplomática, fue asesinado por un terrorista macedonio conectado con grupos separatistas croatas. El hijo del rey, aún joven, accedió al trono yugoslavo con el nombre de Pedro II. Un consejo de regencia presidido por el príncipe Pablo, un primo del rey fallecido, asumió el control del gobierno. A finales de la década de 1930 el gobierno fue obligado a demostrar una actitud más conciliadora hacia los croatas y en 1939 estableció finalmente un sistema federal. Yugoslavia comenzó a entablar relaciones más estrechas con la Alemania de Hitler.
En 1939, cuando estalló la II Guerra Mundial, el gobierno yugoslavo se declaró neutral, pero en marzo de 1941 sucumbió a la presión alemana y accedió a unirse al Pacto Tripartito con Alemania, Italia y Japón. Al poco tiempo la indignación popular por este hecho culminó en un golpe de Estado. La regencia fue depuesta y, con el apoyo del rey Pedro, los insurgentes formaron un gobierno dispuesto a mantener la neutralidad.
La respuesta de las potencias del Eje fue rápida y despiadada. Apoyados por fuerzas italianas, húngaras y búlgaras, los ejércitos alemanes invadieron Yugoslavia en abril. El rey Pedro y el gobierno huyeron y el alto mando del Ejército yugoslavo, superado en número, se rindió. Sin embargo, cientos de miles de soldados yugoslavos conservaron sus armas y se ocultaron en las montañas. El reino derrotado fue desmembrado rápidamente. Italia invadió la región de Dalmacia, parte de Eslovenia y Montenegro, mientras que Alemania hizo lo propio con el resto de Eslovenia. Serbia también fue ocupada por los alemanes, que cedieron el control nominal de gran parte de la región a un gobierno títere. Hungría obtuvo la región occidental de la provincia serbia de Voivodina, y Bulgaria ocupó la mayor parte de la Macedonia yugoslava. En Croacia se creó, bajo protección italiana, un gobierno títere profascista encabezado por Ante Pavelia, fundador del Partido Fascista Croata en 1929, cuyos seguidores recibieron el nombre de ustaši, 'insurrectos' que habían efectuado atentados terroristas contra la política centralista de los Karagjorgjevic; Bosnia quedó bajo su control. Durante más de dos años después de la división de Yugoslavia hubo una gran confusión militar y política en el país. Bajo el general monárquico Draza Mihaíovic, los serbios nacionalistas, (llamados chetniks) prosiguieron una guerra de guerrillas contra el gobierno títere croata y sus protectores extranjeros. Los nacionalistas croatas, bajo los auspicios del régimen de Ustaša, tomaron represalias con una campaña de exterminio contra los serbios. Otros destacamentos guerrilleros, dirigidos por Josip Broz Tito, comunista croata, lucharon contra los invasores y los ustaši croatas al mismo tiempo. Había muchas diferencias entre los dos grupos resistentes, no sólo en su ideología política sino también en sus tácticas. En diciembre de 1941 el gobierno yugoslavo en el exilio reconoció a Mihaílovic como comandante en jefe de los contingentes de la resistencia nacional, una decisión que complicó aún más la política interior.
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