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André Breton (1896-1966), poeta y crítico francés, líder del movimiento surrealista. Guardián de la ortodoxia del surrealismo, fue para los otros miembros del grupo un maestro del pensamiento. Su inclinación por las excomuniones y su autoritarismo le valieron el calificativo de “Padre del surrealismo”. Nació en Pinchebray (Orne); estudió medicina y trabajó en hospitales psiquiátricos durante la I Guerra Mundial. Una vez afincado como escritor en París, se convirtió en pionero de los movimientos antirracionalistas en el arte y la literatura conocidos como dadaísmo y surrealismo, surgidos del desencanto generalizado con la tradición que definió la época posterior a la I Guerra Mundial. El estudio de las obras de Sigmund Freud y sus experimentos con la escritura automática (escritura libre de todo control de la razón y de preocupaciones estéticas o morales) influyeron en su formulación de la teoría surrealista. Breton expresó sus opiniones en la revista Littérature, la principal publicación surrealista, en cuya fundación colaboró junto con Paul Eluard, Louis Aragon y Philippe Soupault y de la que fue editor durante muchos años.
En 1921 publicó su primera obra surrealista, Los campos magnéticos, en la que exploró las posibilidades de la hipnosis. Al año siguiente rompió con Tristan Tzara, el fundador del dadaísmo y estableció la estética del surrealismo en el primer Manifiesto surrealista de 1924. Su novela Nadja (1928), considerada una de sus mejores obras, está inspirada en un encuentro que tuvo con una joven desconocida. Con la publicación del Segundo manifiesto surrealista (1929) llegó la polémica. Breton, líder incuestionable del movimiento, precisaba la noción de surrealismo y afirmaba que debía caminar junto a la revolución marxista —fue miembro del Partido Comunista Francés desde 1927 a 1935—; por lo tanto, condenó y expulsó del grupo a todos aquellos que no coincidían con sus ideas; entre los excomulgados se encontraron Roger Vitrac, Philippe Soupault, Antonin Artaud y Robert Desnos. En 1937, en un viaje a México conoció a Trotski e, influido por el trotskismo, redactó otra vez el manifiesto con el título de Manifiesto por un arte revolucionario independiente y, en 1941, publicó el Prolegómenos a un tercer manifiesto o no, conocido también como Tercer manifiesto surrealista.
La obra poética de Breton, Claro de tierra (1923), La unión libre (1931), El aire del agua (1934), Estados generales (1943), Oda a Charles Fourier (1947), entre otros poemarios, se caracteriza por la utilización del verso libre, dislocar la sintaxis y una sucesión de sorprendentes metáforas que surgen —en palabras del autor—”como esas imágenes del opio que el hombre no evoca a no ser que se le ofrezcan espontáneamente”. Sus artículos críticos los reunió en los libros Pasos perdidos (1924) y Punto del día (1934). Dejando aparte los manifiestos, escribió otras obras teóricas y, por supuesto, polémicas, como Posición política del surrealismo y Cuando los surrealistas tenían razón (1935). Su interés por los lenguajes irracionales se refleja en el ensayo El arte de los locos, la llave de los campos (1953). Además contribuyó a valorar géneros literarios y escritores despreciados o poco conocidos, gracias a la publicación de la importante Antología del humor negro (1940) y los homenajes que realizó a poetas como el marqués de Sade, el conde de Lautréamont y Arthur Rimbaud.
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