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Tras recuperar el trono en 1953 con la ayuda de Estados Unidos, el sha Muhammad Reza Pahlavi se sentía más confiado y seguro en su condición de máximo gobernante y comenzó a prestar más atención a sus aspiraciones dinásticas. Se había divorciado de su primera mujer en 1948 porque ésta no le había dado ningún descendiente varón, y en 1959 disolvió su segundo matrimonio por la misma razón. Contrajo matrimonio nuevamente en 1959 y la nueva reina dio a luz un hijo en 1960, el príncipe Reza Pahlavi. En esa misma época aumentó su control sobre el gobierno, manteniendo estrecha alianza con Estados Unidos; en marzo de 1959, Irán firmó un acuerdo defensivo con Estados Unidos. El 23 de julio de 1960, Irán reconoció al Estado de Israel, lo que dificultaría sus relaciones con Egipto, de manera que la Liga Árabe amplió a Irán el boicot que ejercía sobre Israel. Se celebraron elecciones a la cámara baja en agosto. El 1 de septiembre fueron anuladas por el sha tras denunciar la oposición que habían sido manipuladas por el gobierno. Los diputados elegidos en enero de 1961 se mantuvieron en sus cargos hasta la disolución de ambas cámaras el 9 de mayo. Inmediatamente después, el sha otorgó al primer ministro Alí Amini la facultad de gobernar por decreto. Poco después, los elementos de la oposición se agruparon en el Partido del Frente Nacional, pero sin gran unidad entre ellos. El 5 de octubre de 1961 el sha creó el Pahlavi Dinasty Trust, mediante una donación por un valor de unos 133 millones de dólares, el grueso de su fortuna; los ingresos de esta organización estaban destinados a obras sociales y educativas. El 3 de marzo de 1962 comenzó el reparto de tierras de grandes propietarios entre los campesinos más necesitados mediante un decreto ley. La oposición a esta reforma agraria, que junto a otras modificaciones (como por ejemplo la concesión del derecho de voto a la mujer) constituyó la denominada Revolución Blanca, partió de algunos grupos religiosos conservadores y provocó algunos levantamientos en junio de 1963, pese a lo cual, hacia 1966, se habían repartido todas las medianas y grandes propiedades del país en beneficio de 4 millones de familias campesinas. Hasta el final de la década de 1960, el sha continuó y amplió la reforma agraria, mejorando la industria local y diversificando los productos destinados a la exportación. El crecimiento económico provocó un impresionante incremento del nivel de vida nacional.
La coronación oficial del sha se celebró el 26 de octubre de 1967; aunque llevaba dirigiendo el país desde hacía 26 años, la ceremonia se pospuso hasta el nacimiento de un heredero varón y al momento en que Irán alcanzara cierta estabilidad social y desarrollo económico. Cuando se celebró la coronación, el poder del sha se había vuelto prácticamente absoluto y pretendía establecer una política exterior más independiente de Estados Unidos que la llevada hasta ese momento; en consecuencia, estrechó sus relaciones internacionales con países del bloque del Este a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, momento en el que se produjo también un acercamiento hacia el mundo árabe, a excepción de Irak, con quien mantenía una disputa territorial por Shatt Al-Arab y varias islas del golfo Pérsico. En 1971 Irán ocupó estas islas e Irak respondió con la ruptura de relaciones diplomáticas. Los dos países resolvieron temporalmente sus diferencias en marzo de 1975 mediante los Acuerdos de Argel. Ese mismo mes se produjo un importante cambio en la política interna de Irán; el 2 de marzo el sha anunció el fin del sistema multipartidista y la instauración de un régimen de partido único, el Rastajiz (Partido de la Resurrección Nacional). Se celebraron elecciones en junio y se constituyó una nueva asamblea nacional. Pese al aumento de la prosperidad en la década de 1970, debida en gran parte a los ingresos procedentes del petróleo, la oposición al sha se fue generalizando, animada por dirigentes religiosos conservadores. La respuesta del sha a esa oposición fue cada vez más represiva, apoyándose en la Savak, su policía política, temida por sus violentos métodos. A finales de dicha década, se produjeron manifestaciones antigubernamentales tanto en Irán como en el extranjero para protestar por la constante violación de los derechos humanos, que se imputaba en la mayoría de los casos a la Savak. En 1978 se produjeron disturbios en varias ciudades de Irán, dirigidos por chiitas (fundamentalistas islámicos que pretendían que la nación se rigiera por la sharia o ley islámica). Estos disturbios estaban dirigidos desde su exilio en París por el ayatolá (jefe espiritual chiita) Ruhollah Jomeini, antiguo enemigo del régimen de Pahlavi, condenado al exilio desde 1963. A finales del otoño, el país se encontraba en un estado de virtual guerra civil, consiguiendo finalmente los seguidores de Jomeini que el sha huyera al extranjero, terminando así un reinado de 37 años. Poco después, Jomeini regresó victorioso a Irán: la Revolución Islámica había triunfado.
Una vez derrocado el sha, Jomeini (apoyado por el clero chiita y amplios sectores de la población) presidió la instauración de una república islámica. El nuevo régimen acabó con las estrechas relaciones que el país mantenía con Estados Unidos y ejecutó a muchos miembros de la Savak y partidarios del sha. En noviembre de 1979, tras autorizar Estados Unidos la entrada del sha en su territorio para recibir tratamiento médico, la embajada estadounidense en Teherán fue asaltada por militantes chiitas que tomaron como rehenes a 66 miembros del servicio diplomático; trece de ellos fueron rápidamente liberados, pero a cambio de los otros 53 Irán exigió el público arrepentimiento de Estados Unidos por su apoyo al sha, la entrega de éste para ser sometido a juicio (condición anulada tras la muerte del sha en 1980) y la devolución de los miles de millones de dólares que se pensaba que éste había evadido ilegalmente del país. Mientras la crisis de los rehenes se alargaba (finalmente fueron liberados en enero de 1981), el régimen intentaba crear una nueva maquinaria estatal que hiciera frente al caos económico, al descontento interno y a las amenazas exteriores. En diciembre de 1979 se aprobó una nueva Constitución y en enero de 1980 se celebraron elecciones presidenciales. Los votantes eligieron presidente de la República a Abolhassan Bani Sadr, un economista liberal de formación occidental que había colaborado con Jomeini. Sin embargo, fue el Partido Republicano Islámico, formado por el clero chiita opuesto a Bani Sadr, quien ganó las elecciones parlamentarias, eligiendo como primer ministro al fundamentalista Muhammad Alí Rajai, también enfrentado a él. Esta brecha agrietó el régimen, mientras algunas minorías étnicas de Irán (los kurdos del oeste, azeríes del norte y árabes del Juzistán) se levantaban en armas para luchar por su autonomía. En septiembre de 1980, Irak reclamó la revisión de los Acuerdos de Argel, y la autonomía para la minoría árabe. Cuando Irán rechazó estas demandas, Irak denunció unilateralmente el acuerdo de 1975 e invadió Irán, dando inicio a la Guerra Irano-iraquí y conquistando hasta diciembre gran parte de la rica región petrolera de Juzistán. Hacia junio de 1981, el Parlamento fundamentalista y el primer ministro Rajai habían maniobrado para desbancar al presidente Bani Sadr, que fue finalmente destituido de su cargo y enviado al exilio, sucediéndole Rajai en la presidencia. Una semana después, la explosión de una bomba acabó con la vida de 74 dirigentes políticos y religiosos iraníes; el presidente Rajai y su sucesor como primer ministro fueron asesinados por la explosión de otra bomba en agosto. El gobierno emprendió entonces una dura campaña de represión que detuvo la ola de atentados. Tras las elecciones generales celebradas en octubre, Alí Jamenei se convirtió en la tercera persona que ocupaba la presidencia de la República ese año, mientras que Husein Musavi era elegido primer ministro. A finales de 1981, Irán pasó a la ofensiva en su guerra con Irak y hacia mayo de 1982 las fuerzas iraquíes habían sido desalojadas de la mayoría del territorio ocupado desde 1980. Durante la fase de estancamiento que siguió, ambos países atacaron el tráfico naval del golfo Pérsico, implicando de manera indirecta en el conflicto a otros países del Golfo y más tarde a Estados Unidos. Finalmente, Irán e Irak aceptaron un alto el fuego el 20 de agosto de 1988, deteniendo una guerra cuyo coste humano se estimó en 1.700.000 muertos. A la muerte de Jomeini en junio de 1989, el presidente Jamenei le sucedió en su cargo de ‘Guía de la Revolución’ (equivalente a la jefatura de Estado en Irán desde la revolución). Hashemi Rafsanjani, antiguo portavoz del Parlamento, fue elegido presidente en julio. En junio de 1990, un fuerte terremoto que afectó al noroeste de Irán supuso un mínimo de 35.000 vidas humanas. Irán condenó tanto la invasión iraquí de Kuwait como el posterior despliegue de tropas de Estados Unidos en Arabia Saudí, pero reanudó las relaciones diplomáticas con Irak, que renunció a sus pretensiones territoriales en territorio iraní. Durante la guerra del Golfo Pérsico, Irán se mantuvo neutral oficialmente, aunque proporcionó refugio a más de 100 aviones de combate iraquíes que más tarde se apropió. Tras el fin de las hostilidades entre Irak y las fuerzas aliadas, Irán apoyó a los rebeldes chiitas del sur de Irak contra el gobierno de Bagdad. La facción que apoyaba a Rafsanjani consiguió en 1992 la mayoría parlamentaria. La economía iraní no mejoró bajo el gobierno de Rafsanjani y la deuda externa y la inflación se dispararon. En enero de 1993, Rafsanjani confirmó la fatwa (pena de muerte) dictada contra el escritor de origen indio Salman Rushdie en 1989 por su libro Los versos satánicos. En la década de 1990 el régimen iraní fue acusado por varios países de favorecer el terrorismo internacional, en especial contra Argelia y Egipto, que sufren en sus territorios el terrorismo fundamentalista islámico. En junio de 1993, Rafsanjani resultó reelegido presidente. Entre los meses de marzo y abril de 1996 se celebraron elecciones legislativas, que hicieron las veces de unas primarias de las presidenciales que debían tener lugar en mayo de 1997. En los comicios se asistió a la lucha entre diversas facciones (todas ellas partidarias del régimen islámico) que intentaban hacerse con el mayor número de escaños de la cámara legislativa. Tales facciones —la conservadora Asociación del Clero Militante; la centrista Servidores de la Reconstrucción; y los liberales aperturistas de la Asociación de Religiosos Militantes y de la Alianza de la Línea del Imam— consiguieron consolidarse como los tres grupos más importantes del Majlis. Al año siguiente, en el mes de mayo, se llevaron a cabo elecciones presidenciales en las que el candidato considerado más reformista y liberal del régimen, Mohamed Jatamí, venció a los otros tres contendientes, de entre los que destacaba el presidente del Parlamento, Alí Akbar Nateq-Nuri, representante del sector conservador del sistema. Jatamí, que obtuvo más de un 60% de los votos emitidos, recibió el apoyo de los grupos sociales más favorables a la apertura política, económica y social: las mujeres, los jóvenes y la clase media urbana. La presión de los sectores conservadores sobre los reformistas quedó de manifiesto en la persecución a la que fue sometido el alcalde de Teherán, Golamhusein Karbaschi, que en abril de 1998 fue acusado de malversación de fondos públicos, en julio condenado a cinco años de cárcel y 20 de inhabilitación política, y, finalmente, encarcelado en mayo de 1999. El proceso al regidor de la capital iraní dio lugar a numerosas manifestaciones de estudiantes, quienes, de ese modo, mostraban su apoyo a los partidarios de la apertura política, entre los que se encontraba Karbaschi. Pese a todo, las elecciones municipales celebradas en febrero de 1999, y en la que los candidatos reformistas se impusieron en la mayor parte de los pueblos y ciudades del país, representaron un claro apoyo a la gestión de Jatamí. En julio de 1999 tuvieron lugar una serie de protestas estudiantiles en Teherán que demandaban un mayor grado de libertad y ocasionaron diversos disturbios. Un día antes de que llegaran a su fin, Jatamí se desvinculó del movimiento. Tres meses más tarde, el economista Manucher Mohammadi, juzgado por el Tribunal Revolucionario de Teherán como 'principal cabecilla' de esa revuelta, fue condenado a 13 años de prisión. La secta chiita Mahdaviat (‘discípulos de Mahdí’) llevó a cabo una serie de atentados poco antes de que, a finales de noviembre, los servicios secretos desmantelaran una conspiración suya que pretendía asesinar a Jatamí y a otros dirigentes políticos, entre los que se encontraba el ex presidente Rafsanjani. La línea política reformista de Jatamí recibió un gran respaldo popular en la primera vuelta de las elecciones al Majlis celebrada en febrero de 2000, en la cual los reformistas del Frente de Participación obtuvieron el 56,7% de los votos emitidos (mientras que los conservadores apenas lograron el 13,4%). Si en el exterior estos resultados fueron muy bien recibidos, en el interior del país la reacción fue bastante diferente: enojadas por el éxito de los candidatos reformistas, las facciones conservadoras intentaron retrasar la constitución del nuevo Majlis. En un discurso pronunciado ante la cámara en marzo de 2001, Jatamí afirmó permanecer comprometido con el futuro del gobierno democrático, a pesar de que sus intentos para aplicar su programa de reformas se vieran frustrados desde los sectores más conservadores, que controlaban parte de las más importantes instituciones del Estado. En los comicios presidenciales del 8 de junio siguiente, Jatamí recibió el 77% de los sufragios y resultó reelegido para un nuevo mandato. Sin embargo, su investidura se vio retrasada por las diferencias entre reformistas y conservadores. La disputa finalizó cuando dos candidatos de la línea dura fueron elegidos para el Consejo de Guardianes de la Revolución (órgano que garantiza la observancia de los principios islámicos). Pese a que desde la elección de Jatamí en 1997 las relaciones entre Irán y Estados Unidos habían conocido ciertos momentos de mejoría, la tendencia se invirtió tras los atentados sufridos por Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. En enero de 2002, el presidente estadounidense, George W. Bush, incluyó a Irán en el que denominó “eje del mal” (junto a Irak y Corea del Norte) por considerar que Teherán apoyaba a grupos terroristas y desarrollaba armamento nuclear. Esta declaración fue unánimemente condenada en Irán. Durante la posterior guerra en Irak, iniciada en marzo de 2003, Irán se comprometió a permanecer neutral. En diciembre de ese año, Irán firmó un protocolo adicional al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares de 1968, concediendo a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) mayor autoridad y capacidad de acceso para inspeccionar las instalaciones nucleares iraníes. Durante el mes anterior, la AIEA había detectado que Irán había enriquecido uranio y aislado plutonio en un presunto programa secreto de fabricación de armas nucleares. A finales de ese mismo mes de diciembre de 2003, un terremoto afectó al sureste del país, siendo especialmente devastador en la histórica ciudad de Bam. Al menos 30.000 personas murieron, contándose igualmente por decenas de millares los heridos y damnificados. Diversos sectores de la prensa iraní criticaron al gobierno por no disponer de resortes para reaccionar ante un desastre natural de este tipo, así como por su fracaso para regular las edificaciones (lo que podría haber reducido el impacto de las consecuencias del sismo). Poco después, el 20 de febrero de 2004, tuvieron lugar elecciones legislativas, que estuvieron precedidas por la decisión del Consejo de Guardianes de invalidar numerosas candidaturas reformistas. Tras la polémica generada, las urnas otorgaron la mayoría absoluta en el Majlis a los conservadores. De igual modo, en las presidenciales de 2005, la nómina de elegibles se vio notablemente restringida como consecuencia del veto del Consejo de Guardianes; únicamente siete candidaturas recibieron su aprobación, en tanto que más de mil fueron rechazadas. En la primera vuelta, celebrada el 17 de junio, los aspirantes más votados fueron el ex presidente Hashemi Rafsanjani (recabó el 21% de los sufragios) y Mahmud Ahmadineyad (19,5%), ex alcalde de Teherán y considerado un significado representante del ultraconservadurismo. Ambos concurrieron siete días más tarde a una segunda y definitiva ronda, en la que se impuso Ahmadineyad, al conseguir el 61,7% de los votos. Ahmadineyad tomó posesión del cargo y sucedió a Jatamí el siguiente 3 de agosto. El nuevo presidente anunció pronto su firme intención de velar por el mantenimiento de una sociedad islámica modélica, de luchar contra la pobreza y de proseguir el desarrollo del vigente programa civil de energía atómica para usos pacíficos que, desde hacía dos años, había sido motivo de controversias con la Unión Europea y Estados Unidos (desde donde se presumía que podía estar encubriendo la fabricación de armamento nuclear). En abril de 2007, Ahmadineyad anunció que Irán disponía ya de capacidad para producir combustible nuclear a escala industrial.
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