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Resultados en Windows Live® Iconografía, en la historia del arte, estudio del contenido en las artes visuales. El significado de una obra de arte se expresa, a menudo, por objetos o figuras que el artista incorpora. El propósito de la iconografía es identificar, clasificar y explicar dichos objetos así como el significado de ciertas obras de arte. Resulta particularmente importante para el estudio de obras religiosas y alegóricas, donde muchos de los objetos representados —cruces, calaveras, libros, velas, por ejemplo— tienen un significado especial que a menudo es oscuro o simbólico. El significado iconográfico que se le confiere a determinadas obras es, con frecuencia, tan antiguo como el arte mismo. Los símbolos iconográficos más tempranos que se pueden identificar claramente datan del año 3000 a.C., cuando las civilizaciones neolíticas del Próximo Oriente usaban figuras animales o humanas para representar a sus dioses. En la iconografía egipcia la diosa-madre Hator asociada con la vaca, solía aparecer como una mujer con cabeza de vaca tanto en relieves como en pinturas. El dios Sol, llamado Ra fue identificado por medio de una cabeza de halcón y el creador Ptah aparece como un toro. En la antigua Grecia y Roma, cada uno de los dioses eran asociados con sus específicos objetos. Zeus (Júpiter), el padre de los dioses iba acompañado de un águila o de un rayo; Apolo, el dios del arte, de una lira; Artemisa (Diana) la cazadora por medio de su arco y su carcaj. Como complemento, los romanos perfeccionaron el uso de símbolos alegóricos y seculares. Por ejemplo, la representación de una mujer rodeada de racimos de uvas y de espigas de trigo podía ser entendida como una alegoría de la abundancia de la tierra. El arte paleocristiano, durante la persecución romana, fue muy prudente en sus representaciones y objetos inocuos, como el pez y la paloma. Se utilizaron para simbolizar a Cristo y al Espíritu Santo. Sin embargo, más tarde el arte cristiano desarrolló una rica iconografía. En particular, muchos de los santos fueron asociados a objetos específicos, como por ejemplo San Pedro a dos llaves, o Santa Catalina a la rueda rota. Durante el renacimiento y a lo largo del siglo XVIII se hicieron especialmente populares las pinturas alegóricas y los artistas que elaboraban programas simbólicos para ilustrar, entre otros temas, la vanidad de la existencia humana. Joyas, monedas e instrumentos musicales son algunos de los objetos que personificaban la vanidad de los placeres de la vida, mientras que esqueletos, relojes de arena y velas apagadas constituían el memento mori como recordatorio de la muerte. En la época moderna el uso de objetos iconográficos ha decaído. Algunas excepciones encontramos en el cubismo, en el movimiento Dadá, y en el Pop Art, cuyas imágenes de objetos de la vida cotidiana —periódicos, latas de sopa, fotografías, figuras de cómic— se han convertido en símbolos iconográficos genuinos que reflejan la cultura moderna.
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