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Resultados en Windows Live® Publicaciones periódicasArtículo de la enciclopedia
Esquema
Introducción; Desarrollo de las publicaciones periódicas; Publicaciones periódicas del siglo XIX; Publicaciones periódicas del siglo XX; Situación actual
Publicaciones periódicas, publicaciones editadas a intervalos regulares de tiempo, a menudo denominadas revistas, especialmente cuando contienen numerosas fotografías y están dirigidas a amenizar el ocio de los lectores. Las publicaciones periódicas se diferencian muy claramente de los periódicos en que éstos tienen una frecuencia diaria y, además, sus grandes páginas, por lo general sin encuadernación, se imprimen en pulpa de papel, de muy baja calidad, mientras que las publicaciones periódicas suelen tener una frecuencia variable (semanal, quincenal, mensual, bimestral, trimestral e, incluso, anual), estar confeccionadas en papel de cierta calidad y sus páginas, de un formato más pequeño, ir encuadernadas. Por lo general, los diarios se ocupan casi exclusivamente de noticias de actualidad, mientras que las revistas, aunque no abandonan asuntos de interés inmediato, se preocupan por dar una visión más amplia del contexto y están destinadas a un público más especializado.
Entre las primeras publicaciones periódicas se encontraban la alemana Erbauliche Monats Unterredungen (1663-1668), la francesa Le Journal des Sçavants (1665, posteriormente rebautizada como Le Journal des Savants) y la inglesa Philosophical Transactions of the Royal Society of London (1665) que eran, esencialmente, colecciones de sumarios (y más tarde ensayos) acerca de temas relacionados con el arte, la literatura y la ciencia. Las más destacadas de entre las revistas de ensayos del siglo XVIII fueron, quizá, las británicas The Spectator (1711-1712, 1714) y The Idler (1758-1760). A imitación de estas últimas, el español Clavijo y Fajardo fundó El Pensador que, entre 1762 y 1767, se dedicó a criticar las costumbres sociales españolas. Las publicaciones periódicas de Francia y Alemania comenzaron a introducir información de tipo general a finales del siglo XVIII y, poco a poco, se fueron concentrando en la literatura y la ciencia. Entre las más interesantes se encuentra la longeva Allgemeine Literatur-Zeitung (1785-1849), una publicación alemana dedicada a tratar y difundir las nuevas tendencias literarias. El abate Marchena creó El Observador con informaciones generales políticas y literarias, pero sólo pudo publicar seis números entre 1787 y 1788, cuando, debido a sus ideas revolucionarias, fue prohibida por la Inquisición.
Las publicaciones periódicas por lo general de claras tendencias políticas y con artículos escritos por eminentes autores y políticos, comenzaron a publicarse en Inglaterra a principios del siglo XIX. Entre ellas destaca The Edinburgh Review (1802-1929), del Partido Whig, que fue una de las más influyentes de su época, y contaba entre sus colaboradores con Walter Scott y Thomas Carlyle. En el resto de Europa surgieron pronto otras revistas semejantes a ellas, como la francesa Revue des Deux Mondes (1829) y la alemana Literarisches Wochenblatt (1820-1898). En España, el periodismo en general tuvo un escaso desarrollo en el siglo XIX debido a los gobiernos absolutistas, que ejercían una férrea censura de prensa y no permitían ninguna información o comentario político. Por eso se desarrollaron las revistas literarias, también de claras tendencias estilísticas que, en realidad, expresaban posiciones políticas y en ellas se plasmaron apasionadas polémicas, como la célebre sobre el romanticismo entre El Europeo y El Censor. En el segundo cuarto del siglo aparecieron en Inglaterra revistas semanales y mensuales que alcanzaron gran popularidad. Algunas de ellas eran ilustradas, y muchas se solían vender por un precio módico. Entre las más destacadas se encontraban The Mirror (1822-1849) y The Cornhill Magazine (1860-1939). Esta última, editada en sus comienzos por William Makepeace Thackeray, fue la primera publicación económica que incluyó en sus páginas novelas de escritores contemporáneos por entregas, algunas de las cuales eran del propio Thackeray. Esta sección había surgido en Francia en el periódico La Presse en 1836. España se sumó a esta innovación y así publicaron muchas de sus obras o artículos autores como Mesonero Romanos, Larra o Pérez Galdós. Las primeras revistas ilustradas modernas hicieron su aparición durante la segunda mitad del siglo. Entre ellas las más importantes fueron la inglesa Illustrated London News (1842), la francesa L’Illustration (1843-1944), la alemana Die Woche (1899-1940) y la estadounidense Harper’s Weekly (1857-1922). Hacia el final del siglo, sin embargo, la fotografía fue sustituyendo gradualmente a los grabados de artista. Otras publicaciones periódicas británicas interesantes del periodo fueron el semanario de humor Punch (1841) —que instauró un modelo de humor gráfico muy imitado posteriormente por otras revistas, como la alemana Simplicissimus (1896-1944). Las primeras revistas satíricas españolas muy populares durante el siglo XIX fueron Gil Blas de 1864, El Sainete de 1867 y Jeremías, desde 1867. Con los avances en las técnicas de ilustración e imprenta, que redujeron enormemente los costes de producción, aparecieron muchas publicaciones con grabados que les hicieron ganar gran popularidad, pues consiguieron un gran atractivo visual a precio barato. Fue en esa misma época cuando las revistas destinadas a un público femenino comenzaron a acaparar grandes cuotas de mercado, especialmente en los Estados Unidos, donde aparecieron dos publicaciones notables en este terreno y que aún continúan editándose: Cosmopolitan (1886) y Vogue (1892). La primera revista femenina española fue La Pensadora Gaditana en 1767 y la que gozó de más éxito durante el siglo XIX; El Diario de las Damas, que apareció en 1833. En la segunda mitad del siglo XIX, se publicaron en España varias revistas de gran interés y resonancia en América Latina, entre ellas Revista Española de Ambos Mundos (1853-1855) y La América, Crónica Hispanoamericana (1857-1886), la gran publicación de Eduardo Asquerino, así como El Correo de España (1870-1872) y la Revista Hispanoamericana (1881-1882). A caballo entre ambos siglos se editaron nuevas publicaciones, de amplia difusión en la América hispana: El Imparcial, Revista Hispanoamericana (1867-1930), La Ilustración Española y Americana (1869-1921) y La España Moderna. Revista Iberoamericana (1888-1914), editada por Lázaro Galdeano, entre otras.
En los primeros años del siglo XX, aparecerían en los Estados Unidos revistas representativas de unos gustos literarios algo más exquisitos y de una actitud abiertamente hostil hacia los restos de la estricta moralidad victoriana. Algunas de ellas se publican aún hoy en día, como la mítica Vanity Fair (1913-1936, renacida en 1983, aunque con una orientación ligeramente diferente) y The New Yorker (1925), una revista con vocación decididamente urbana y en la que caben historietas gráficas, textos literarios de autores contemporáneos e informaciones acerca de hechos relacionados con la ciudad en la que se edita. Otra de las novedades que aportó el comienzo del siglo XX fue la creación de revistas semanales de actualidad, entre las que se encuentran cuatro que aún continúan publicándose: Time (1923), Newsweek (1933), Life (1936-1972, renacida como mensual en 1978) y Ebony (1946). En el primer tercio del siglo XX, las revistas españolas tuvieron un floreciente resurgir y entre las más destacadas figuran La Pluma y España, dirigidas por Manuel Azaña o la Revista de Occidente, fundada en 1923 por José Ortega y Gasset y que todavía sigue publicándose. También de esta época procede Blanco y Negro, una revista de información general ligada al diario ABC, en sus orígenes independiente del mismo. Paralelamente surgirían también numerosas revistas literarias, por lo general de pequeño formato, que realizaron una importantísima labor de promoción de autores poco conocidos pero de gran calidad. Las revistas de humor en España tuvieron un papel importante durante la dictadura de Primo de Rivera, que prohibió toda clase de crítica política y ésta adoptó la máscara del humor en semanarios como Buen Humor y La Ametralladora. Terminada la Guerra Civil, se volvió a dar la misma situación y Miguel Mihura fundó La Codorniz, “la revista más audaz para el lector más inteligente”. En ella publicaron los humoristas más importantes de varias generaciones. Desapareció en 1978 cuando otra revista, Hermano Lobo, estaba en pleno apogeo.
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