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Divisas, unidades monetarias o dinero extranjero que tienen los bancos de un país. Así, una libra esterlina es dinero en el Reino Unido, pero se considera como una divisa en Estados Unidos. Un depósito de 1.000 dólares en un banco estadounidense perteneciente a una empresa francesa constituye una cantidad de divisas a favor de Francia. La existencia de divisas se debe a que los diferentes países utilizan distintas unidades monetarias que sólo son de curso legal dentro de su propio territorio, careciendo de valor en otros países. Debido al comercio internacional, a los viajes que las personas realizan al extranjero y a las inversiones que unos países realizan en otros, es necesario poder intercambiar las distintas unidades monetarias. Teóricamente, la cantidad de bienes intercambiados entre dos países y las inversiones que hagan entre sí en el otro país determinarán el valor de sus respectivas monedas.
Las divisas son como cualquier otro bien, por lo que sus precios varían en función de las fuerzas de la oferta y demanda; los tipos de cambio se publican a diario en los principales periódicos del mundo. Mediante un acuerdo a escala internacional se fijaron tipos de cambio fijos, con un estrecho margen de fluctuación para casi todas las monedas, a raíz de la Conferencia de Bretton Woods, acuerdo que estuvo en vigor hasta 1973. En esta fecha se establecieron tipos de cambios flexibles, determinándose así el valor de las distintas monedas en función de la oferta y la demanda. Cuando el tipo de cambio es flexible e independiente de las intervenciones gubernamentales, el tipo de cambio de una moneda frente a otra, o el precio de una moneda en términos de otra, dependerá de la oferta y demanda totales, y del poder adquisitivo relativo de las dos monedas, es decir, de la posición de los dos países en los mercados mundiales. El oro y la riqueza tienden a salir de los países que compran fuera de sus fronteras más de lo que venden. A veces, las presiones especulativas de distintos agentes económicos afectan a los tipos de cambio. Sin embargo, los gobiernos no suelen permitir que esto ocurra, ni tampoco que los tipos de cambio sean flexibles por completo y dependan en exclusiva de las leyes de la oferta y la demanda. Cuando en un sistema de tipos de cambio flexibles los gobiernos intervienen para fijar el valor de sus monedas se dice que estamos ante una 'flotación sucia'. Una de las alternativas más destacadas al sistema de tipos de cambios flexibles fue el Sistema Monetario Europeo (SME). Con este sistema los distintos gobiernos de la Unión Europea (UE) intentaron mantener el valor de sus monedas dentro de una 'banda de fluctuación' en torno a una paridad central (compuesta por todos los tipos de cambios bilaterales). Hasta 1992 el sistema parecía funcionar a la perfección, todas las monedas fluctuaban dentro de las bandas prefijadas del ±2.25, menos la peseta, y con anterioridad la lira italiana, que tenían un margen mayor del 7,5%. Sin embargo, el sistema se vino abajo a raíz de ataques especulativos. Algunos países abandonaron el sistema (Reino Unido e Italia), y los demás tuvieron que ampliar la banda de fluctuación al ±15%. Los países miembros de la UE se dieron cuenta de lo caro que resultaba defender sus monedas de los ataques especulativos, en términos de pérdidas de reservas (los bancos centrales se ven obligados a vender moneda extranjera y comprar moneda local para evitar la caída), en especial en un marco de libertad total de circulación de capitales y con los mercados financieros internacionales liberalizados por entero. En la Cumbre de Madrid de diciembre de 1995 los países miembros de la UE acordaron continuar el proceso encaminado hacia la Unión Económica y Monetaria (UEM) para crear la moneda única. Ésta, con el nombre de euro, entró en funcionamiento el 1 de enero de 1999 en los mercados financieros. No fue hasta tres años más tarde, el 1 de enero de 2002, cuando el euro comenzó a circular físicamente entre los ciudadanos de los doce países que suscribieron el proyecto de la moneda única.
Cuando las necesidades de divisas de un país exceden sus reservas de divisas, tiene poco oro y no puede acceder a una financiación exterior, el valor de su moneda tenderá a disminuir o a depreciarse. En estas condiciones, el Gobierno puede optar por mantener el tipo de cambio libre y dejar que su moneda se deprecie o por abandonar el sistema de tipos de cambio flexible y establecer controles cambiarios (en cuyo caso es frecuente la aparición del mercado negro). El objetivo de estos controles es limitar la demanda y aumentar la oferta de divisas, con el fin de mantener la estabilidad del tipo de cambio. Estos controles suelen consistir en permitir la utilización de divisas tan sólo para aquellas operaciones de importación que se hayan aprobado con carácter previo, y exigen que todas las divisas obtenidas mediante las exportaciones sean cambiadas por moneda local en el banco central. A partir de la Gran Depresión de la década de 1930, muchos países, sobre todo los países menos industrializados, han limitado su mercado de divisas, activando controles cambiarios. Para ayudar a resolver los desequilibrios de pagos internacionales que surgieron a partir de la II Guerra Mundial, las Naciones Unidas (ONU) crearon en 1946 el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo. El Fondo promueve la estabilidad monetaria y la desaparición de las restricciones al movimiento de capitales al garantizar a los Estados miembros préstamos en divisas para financiar déficit temporales en sus balanzas de pagos. El banco garantiza préstamos a largo plazo a los países miembros para financiar proyectos concretos. Los cambios acaecidos en los mercados internacionales a partir de 1970, como la crisis del petróleo y el abandono del sistema creado en Bretton Woods, llevaron a un nuevo orden económico internacional, caracterizado por tipos de cambios flexibles y por el abandono del sistema del patrón dólar que marcaba el valor de todas las divisas en función del dólar, cuyo valor quedaba establecido a su vez por el oro, conforme a un sistema de patrón oro tradicional. En muchos países latinoamericanos, la hiperinflación generada durante la década de 1980 llevó a reforzar el tipo de control de cambio. Muchos optaron por atar su moneda al dólar para detener la subida de precios. Años más tarde, algunos países -como Ecuador y El Salvador- han dolarizado completamente sus economías, eliminando su moneda local y adoptando la divisa estadounidense. En Argentina la crisis económica y financiera del año 2001 obligó al Gobierno a abandonar la paridad fija entre el peso y el dólar, después de más de diez años de igualdad.
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