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Resultados en Windows Live® Siva, el propiciador, una de las tres grandes deidades del hinduismo medieval y moderno (son las otras Visnú y Brahma). Los adoradores de Siva como dios supremo son conocidos como sivaítas, y los diferentes cultos que se le ofrendan con manifestaciones colectivas constituyen el shaivite. Siva es conocido con muchos otros nombres, como Rudra (rugidor), Mahadeva (gran dios), Nataraja (señor de la danza), Baraiva (el terrible), Sundaresvara (el señor hermoso), lo cual refleja la variedad de sus manifestaciones contemporáneas. Como ocurre con Visnú, Siva está sujeto a una elaborada mitología. Con frecuencia es apodado el destructor, para complementar a Visnú como protector, al igual que con ese otro gran dios, los devotos de Siva consideran que éste ejerce un poder total sobre el cosmos, asumiendo en sí la función de todas las demás deidades. A pesar de todo, desde su más antigua apariencia definida en la historia de las religiones indias (como Rudra, el intruso védico), Siva ha mostrado una serie de rasgos divinos distintivos y en apariencia paradójicos. Se le asocia en particular con el ascetismo que renuncia al mundo, rechazando y trascendiendo a la sociedad ortodoxa en favor de lugares salvajes y peligrosos como terrenos de cremación y montañas. A través de su austeridad, Siva genera un gran poder el cual despliega de un modo impredecible para conseguir una amplia variedad de fines, desde lo destructivo con violencia a lo infatigablemente erótico. Aunque se representa mediante imágenes antropomórficas (tan famosas como Nataraja, el señor que conduce el universo hacia la destrucción), Siva es con más frecuencia adorado adoptando el aspecto de linga, un pilar fálico que se apoya sobre una base que simboliza el órgano femenino generador (yoni). Aunque en su origen se asocia con el erotismo y la fertilidad, el linga ha llegado a representar la trascendente potencia de Siva con un carácter mucho más amplio y generalizado. Una indicación de la naturaleza paradójica de Siva es que se trata de un asceta al frente de una familia. Como Parvati, su consorte es benigno; como su sakti o poder inmanente, es a menudo identificado con la Gran Diosa en sus formas terribles y enérgicas. Siva y Parvati tienen dos hijos, el de seis cabezas, Skanda (Karttikeya), y el de cabeza de elefante, Ganesa, ambos objeto de importantes cultos autónomos. Se asocian a Siva varios animales, en particular Nandi, el toro que le sirve como montura o vehículo, y la cobra. Representaciones que adoptan la apariencia antropomórfica de este dios le muestran sentado en actitud de meditación sobre una piel de tigre, con mechones enmarañados y una guirnalda de serpientes o de calaveras. Cruzando su tercer ojo en la frente aparecen tres rayas de ceniza, una marca utilizada también por su secta de seguidores ascéticos; del pelo fluye el río Ganges; a su lado se hallan su tridente y su timbal.
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