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Judíos

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Esquema
5.2

La tolerancia islámica

El nacimiento del islam no provocó gran alteración en las comunidades judías de Babilonia. Los ejércitos árabes conquistaron Mesopotamia en el 637 y la religión islámica se transformó allí en oficial. El califa Umar I promulgó el código que lleva su nombre y que establecía una serie de medidas contra los judíos, a quienes se les prohibía desempeñar cargos políticos, tener sirvientes musulmanes, ir armados, construir o reparar sus sinagogas o incluso rezar en voz alta. También estaban obligados a llevar parches amarillos en las mangas como marca distintiva. A pesar de ello, los califas de Bagdad no se sintieron sujetos a este código y permitieron a los judíos mantener una cierta autonomía. La importancia histórica de estas restricciones radica en que los cristianos las llevaron a Europa y se las impusieron a la comunidad judía europea durante siglos.

El periodo de tolerancia islámica estuvo marcado por una importante cooperación entre musulmanes y judíos. Como resultado de este intercambio, se desarrolló una rica cultura basada en la conjunción de enseñanzas griegas, persas e indias que musulmanes y judíos tradujeron y estudiaron en la España medieval, en un periodo dominado en el resto de Europa por el oscurantismo cultural.

5.3

Los judíos en la España medieval

A mediados del siglo X, el centro del saber, tanto secular como religioso, se desplazó de Mesopotamia a al-Andalus, en la península Ibérica. Allí existían comunidades de judíos mucho antes de la llegada de las legiones romanas; durante largo tiempo habían sido víctimas de persecuciones, sobre todo bajo el reinado de los visigodos, que se convirtieron al cristianismo en el siglo VI. La llegada de los musulmanes trajo la paz para los hispanojudíos, quienes pasaron a ocupar importantes cargos como hombres de estado, médicos, banqueros o eruditos. Los estudiosos judíos contribuyeron al posterior desarrollo del renacimiento en Europa, gracias a las traducciones que, en unión con los musulmanes, realizaron de los clásicos griegos, persas e hindúes. A través de ellos estas obras llegaron al resto de la Europa occidental. Este periodo constituye realmente la edad de oro de la literatura y el pensamiento judíos.

Con la decadencia del dominio musulmán en la península Ibérica, a mediados del siglo XIII terminó ese pacífico periodo. Bajo el reinado de la monarquía católica, los judíos fueron degradados al nivel en que lo estaban los demás judíos europeos. Durante la edad media, las persecuciones de judíos en los países cristianos fueron sistemáticas, muchas de ellas desencadenadas por el pueblo, espoleado por algunos predicadores religiosos, con la benevolencia de los dirigentes políticos. Durante las Cruzadas, en medio del fervor religioso de la época, cientos de judíos fueron asesinados. En 1215, el Concilio de Letrán, convocado por el papa Inocencio III, proclamó una política oficial de restricciones inspirada en el código de Umar, y ordenó que todos los judíos usaran insignias distintivas. Los judíos fueron objetos de desprecio en toda Europa. En algunas ciudades fueron obligados a vivir en áreas especiales, llamadas juderías, y privados de libertad de movimiento. Durante los siglos XIII y XIV, muchos monarcas europeos llenaron sus arcas después de confiscar las propiedades de los judíos y de echar de ellas a sus dueños. En 1290, el rey Eduardo I de Inglaterra redujo a la miseria y expulsó de la isla a los judíos ingleses. El rey Carlos VI de Francia siguió su ejemplo en 1394, terminando prácticamente así con la presencia de los judíos en este país hasta la Revolución Francesa. Durante el periodo de expansión de la peste negra (siglo XIV), las masacres de judíos se hicieron comunes por toda Europa, al culpárseles de haber causado la plaga mediante el envenenamiento de los pozos de agua. En la península Ibérica los judíos sufrieron persecuciones periódicas, que en ocasiones dieron lugar a conversiones masivas. En muchos casos estas conversiones eran meramente externas; surgió una clase de conversos llamados marranos, que si bien profesaban la religión cristiana en público, seguían fieles al judaísmo en secreto. La Inquisición, creada en 1478, persiguió a estos conversos; y en 1492 todos los judíos que no aceptaron el bautismo fueron expulsados de España. También fueron expulsados de Portugal en 1497.

Los judíos exiliados del oeste europeo se refugiaron en la Europa oriental y central. Cientos de hispanojudíos (sefardíes) emigraron a los territorios europeos del Imperio otomano, que aún mantenía la política islámica de tolerancia. En el siglo XVI, Constantinopla se convirtió en el hogar de la comunidad judía más importante de Europa. La mayoría de los expulsados de Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza se estableció en Polonia y en Rusia. En 1648 la comunidad judía polaca contaba con más de 500.000 individuos y llegó a tener una administración autónoma dentro del reino de Polonia, que se convirtió en el centro de la cultura judía de aquel entonces. Pero pronto llegarían las persecuciones, entre 1648 y 1658, lideradas por los seguidores de Bohdan Khmelnytsky (c. 1595-1657), jefe de los cosacos de Ucrania. Estos ataques llevaron a la destrucción de muchísimas comunidades de judíos, y con ellos comenzó la decadencia de las juderías de la Europa oriental. Los judíos se vieron privados del derecho a ejercer profesiones liberales, pertenecer a gremios de artesanos, explotar propiedades agrícolas y poseer grandes empresas, y fueron obligados a vivir del pequeño comercio.

6

Los judíos en la edad moderna

Hacia finales del siglo XVI, en Europa occidental sólo quedaban pequeños restos de las antiguas comunidades judías.

6.1

La Reforma protestante y la Revolución Francesa

Con la Reforma protestante, el progreso de las libertades políticas y sociales contribuyó a restablecer la tolerancia hacia los judíos en Occidente. Este nuevo periodo llegó primero a Inglaterra, donde desde 1650 Oliver Cromwell alentó la migración judía. También se animó a los judíos para que se establecieran en las colonias inglesas de América; para ello recibieron el apoyo de hombres muy influyentes, como John Locke y el predicador de las colonias Roger Williams. En Francia, en 1791, la Asamblea Nacional concedió a los judíos el derecho a voto y a la ciudadanía, como parte de los conceptos democráticos de la Revolución Francesa. Durante sus campañas, Napoleón I Bonaparte, a medida que iba avanzando por Europa, fue otorgando la igualdad de derechos a las comunidades judías. La opresión contra los judíos renació después de 1815, cuando los estados sometidos al poder de Napoleón se negaron a aceptar su política de tolerancia. Esta reacción duró unas décadas, hasta que ya en 1860 la libertad de que gozaban los judíos se hizo efectiva en toda Europa occidental.

6.2

La persecución en Europa oriental

Sin embargo, en Europa central y oriental predominó la hostilidad al liberalismo. Polonia y Rusia institucionalizaron la persecución contra los judíos. El acoso de que éstos fueron víctimas no fue menor que el que habían tenido que sufrir los judíos de la época medieval, especialmente después de la división de Polonia y de la incorporación de su zona oriental al Imperio Ruso entre 1772 y 1796. La mayor parte de los judíos polacos quedaron en territorio ruso, bajo restricciones muy severas: les estaba prohibido vivir fuera de las áreas que tenían asignadas y también tenían muy restringido su acceso a la educación y al ejercicio de determinadas profesiones. Además, el gobierno imperial respaldó e incluso financió los pogromos (ataques que se llevaban a cabo periódicamente contra las comunidades judías), con el fin último de desviar a otros cauces el descontento y el rechazo popular del sistema feudal que aún imperaba en Rusia a finales del siglo XIX. El gobierno institucionalizó severas medidas contra los judíos y trató de impedir la posible influencia de éstos entre el resto de la población. Eran ellos quienes estaban importando a Rusia conocimientos e ideas procedentes de la Europa occidental. Esta violenta persecución duró hasta la Revolución Rusa, que puso fin al régimen zarista en 1917. Como resultado de los pogromos, unos 2 millones de judíos emigraron desde las zonas bajo dominio ruso a Estados Unidos entre 1890 y finales de la I Guerra Mundial. Otros grupos de judíos emigraron desde la Europa oriental y se establecieron en Canadá, Sudamérica (especialmente en Argentina), Sudáfrica y Palestina.

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