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Resultados en Windows Live® Icono, representación pictórica de un santo o de otra figura sagrada, especialmente en la Iglesia de Oriente. La palabra proviene del griego eikon, que significa ‘parecido’ o ‘semejanza’. Se considera que la imagen es sagrada y que ayuda a establecer contacto con la figura que representa. Después del siglo IV, el término se aplicaba a todo el arte religioso, incluyendo mosaicos, relieves y pinturas, relacionado con la Iglesia cristiana primitiva (250-600). En la actualidad el término se refiere a tablas de pequeño formato en las que está representada la cabeza de Jesucristo, de la Virgen María o de otras figuras, casi siempre en colores oscuros sobre un fondo dorado o adornado con piedras preciosas. De los iconos más antiguos pintados que han llegado hasta nosotros, destaca un pequeño grupo de encáusticas sobre tabla de madera de los siglos VI y VII, procedentes del monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí, que representan rostros reales y naturales animados por grandes ojos y expresiones intensas. Se realizaban pequeñas piezas destinadas a las devociones privadas, frecuentemente en forma de miniaturas en mosaicos, como el San Juan Crisóstomo (principios del siglo XIV) perteneciente a la Dumbarton Oaks Byzantine Collection de la ciudad de Washington. La iconoclasia, movimiento que se originó en el siglo VIII y que condenaba a los iconos como ídolos, acarreó la destrucción de gran parte del arte religioso de todo el mundo cristiano bizantino, y hasta el siglo siguiente no recuperaron su antiguo lugar como objetos de culto. Los iconos pintados representando a Jesucristo, a la Virgen y a varios santos —que con frecuencia estaban colgados unos junto a otros en un iconostasio, o especie de biombo— se convirtieron en las imágenes religiosas fundamentales de las iglesias bizantina, ortodoxa griega y ortodoxa rusa. Para evitar que pudieran relacionarse con objetos de idolatría, se creaban con un aspecto deliberadamente estilizado y formal, dando mayor realce a su desapego del mundo que a los sentimientos o a la sensiblería. Solían tener el fondo de pan de oro o de metal y se preferían los dibujos muy geométricos —que subrayaban la angularidad o largas curvas sinuosas. Si bien generalmente los pintores de iconos permanecían en el anonimato, se conocen los nombres de dos de ellos, Teófanes el Griego y Andréi Rublev. Estos artistas, que desarrollaron su actividad en Rusia a finales del siglo XIV y principios del XV, son las figuras cumbres de este género y sus obras son una combinación de gracia espiritual y de perfección técnica difícil de igualar.
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