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Escultura

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Materiales y técnicas escultóricasMateriales y técnicas escultóricas
Esquema
3.3

Escultura mesopotámica

El arte mesopotámico es producto de varias civilizaciones: la sumeria, la acadia, la babilónica y la asiria (véase Arte y arquitectura de Mesopotamia). Alrededor del 2600 a.C. los sumerios ya tallaban estatuillas de dioses en mármol, caracterizadas por sus ojos grandes y su mirada fija. Otros detalles como el pelo, la expresión facial, el cuerpo y el ropaje muestran un tratamiento esquemático y denotan que se prestaba poca atención al parecido con el modelo. Dichas características se mantienen en la escultura mesopotámica posterior. Las culturas de Mesopotamia también muestran una inclinación hacia la representación de animales fantásticos, maestría que ejecutaban con gran arte como puede verse en las entradas de los palacios y en los relieves realizados en las paredes durante el periodo asirio (1000 a.C.-612 d.C., existen ejemplos de ello en el Museo Británico de Londres y en el Museo Metropolitano de Nueva York).

3.4

Escultura egea y griega

Dentro del arte egeo se incluye la escultura minoica, con sus estatuillas de diosas en terracota y marfil, y las obras micénicas, entre las que se cuentan tallas pequeñas de divinidades esculpidas en marfil. Los griegos, maestros de la escultura tanto en piedra como en bronce, crearon algunas de las piezas escultóricas más importantes de todos los tiempos. Entre los siglos VII y I a.C. alcanzaron la perfección en la representación de la figura humana a escala monumental. En el periodo más antiguo, el arcaico, las figuras eran rígidas y los cuerpos presentaban una esquematización geométrica, como en el arte egipcio. Sin embargo, en la época clásica, entre los siglos V y IV a.C., su arte se tornó más naturalista, buscando la perfección en la representación del cuerpo humano. Las figuras estaban bien proporcionadas y expresaban movimiento, aunque los rostros continuaban siendo estáticos. Los temas preferidos durante este periodo fueron los dioses y los atletas. Los escultores más famosos eran Fidias, Policleto, Praxíteles y Lisipo. Entre los grupos escultóricos realizados como decoración arquitectónica los más apreciados son los del Partenón de la Acrópolis de Atenas, como Las tres diosas (Museo Británico), cuyo ropaje arremolinado de manera rítmica, técnica denominada ‘de paños húmedos’, se ciñe a sus cuerpos reclinados. Durante el periodo helenístico (siglos IV a I a.C.) aumenta la expresividad en las obras, como puede apreciarse en los gestos faciales y en la contorsión de las poses. La Victoria de Samotracia o Victoria alada (c. 190 a.C., Louvre, París) es una obra maestra de gran dramatismo de este periodo. Ver Civilización del Egeo; Arte y arquitectura de Grecia.

3.5

Escultura etrusca y romana

Los etruscos, que habitaron la zona entre Florencia y Roma en Italia desde el siglo VIII hasta el III a.C., realizaron esculturas de sus dioses en terracota a tamaño natural, así como figuras humanas reclinadas sobre las tapas de los sarcófagos de terracota. También realizaron soberbios vaciados en bronce, como la Loba capitolina (c. 500 a.C., Museo del Capitolio, Roma), que se convirtió en el símbolo de Roma.

Los romanos fueron ávidos coleccionistas e imitadores de la escultura griega. Los historiadores modernos conocen los originales griegos perdidos gracias a las copias realizadas por ellos. La contribución característica de los romanos al arte de la escultura fue el retrato realista, en el que registraron hasta los detalles faciales menos atractivos. El sentido de la importancia de los hechos históricos que poseían los romanos queda reflejado en las esculturas exentas y en los relieves. Entre los monumentos conmemorativos de Roma se pueden citar el arco de Tito (81 d.C.), la columna de Trajano (c. 106-113) y la estatua ecuestre de Marco Aurelio (c. 175). Ésta última se convirtió en prototipo de la mayoría de las esculturas ecuestres posteriores. Ver Civilización etrusca: Arte y arquitectura; Arte y arquitectura de Roma.

3.6

Escultura paleocristiana

Los ejemplos que se conservan de la escultura paleocristiana datan del siglo IV; y, por su estilo, estas obras ya no se corresponden con el ideal clásico de belleza. En el sarcófago de mármol de Junio Basso (c. 359, Grutas Vaticanas, Roma) se representan diez escenas bíblicas; los personajes tienen proporciones extrañas y llevan ropajes que caen en pliegues con una excesiva monotonía. Este estilo, llamado a veces ‘antiguo tardío’, es tal vez el resultado de las influencias de las invasiones germánicas y del trabajo de artistas menos cualificados. Con el paso de los siglos, la prohibición bíblica de esculpir imágenes hizo que disminuyera la importancia de la escultura. En vez de una estatuaria a tamaño natural se hicieron esculturas a escala reducida: retablos de marfil transportables, dípticos (dos paneles de marfil tallados unidos por bisagras) o pequeñas urnas esmaltadas al gusto bizantino. Ejemplo de éstas últimas es el relicario de Limburg (Limburg an der Lahn, Alemania), relicario de plata con joyas y esmaltes del siglo X. La escultura se utilizó como ornamentación de superficies hasta bien entrada la edad media. Ver Arte y arquitectura paleocristianas; Arte y arquitectura bizantinas.

3.7

Escultura escandinava y carolingia

En el norte de Europa los artesanos escandinavos fueron maestros en la metalurgia y en el tallado de la madera al principio de la edad media, sobre todo entre los siglos IX y XII. Decoraban los tajamares y los codastes de los barcos vikingos, los trineos y otros objetos de uso diario, con figuras de animales que fueron transformando en diseños lineales semiabstractos. Las iglesias noruegas (siglos XI y XII) están profusamente decoradas con esos mismos diseños en madera tallada. Ese estilo, que combina formas naturales con formas abstractas, tuvo también mucha importancia en el arte celta-germánico (véase Arte celta) como puede verse en un relieve del siglo VIII que representa una escena de la crucifixión muy primitiva (Museo Nacional de Irlanda, Dublín).

Del periodo carolingio nos han llegado muy pocas esculturas, a pesar del gran interés que Carlomagno (Carlos I) tuvo por las artes y el resurgimiento del clasicismo. Una estatuilla de bronce del siglo IX le representa a caballo con su corona, su espada y un globo imperial que demuestra que el artista conocía la escultura romana. El libro de los Evangelios de Lindau, con tapas de oro y joyas en las que se representa la crucifixión (c. 870, Biblioteca Pierpont Morgan, Nueva York), demuestra más influencia clásica que céltico-germánica.

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