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Escultura

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Materiales y técnicas escultóricasMateriales y técnicas escultóricas
Esquema
3.14

Escultura neoclásica

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se produjo una vuelta al gusto por lo clásico. El neoclasicismo tomó su inspiración de las excavaciones arqueológicas que en aquel momento se estaban llevando a cabo en Italia y otros puntos de la zona mediterránea. También tuvo una importante influencia un ensayo del historiador del arte alemán Johann Joachim Winckelmann, que alababa la escultura griega de la antigüedad. La obra antigua favorita durante el siglo XVIII fue el Apolo de Belvedere (copia romana del original griego del siglo IV a.C., Museos Vaticanos, Roma) que el escultor italiano Antonio Canova adaptó en su escultura en mármol Perseo con la cabeza de Medusa (1801, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York). Canova también se inspiró en la antigüedad para realizar la escultura de la hermana de Napoleón, Paulina Bonaparte Borghese como Venus (1805-1807, Galería Borghese).

Bertel Thorvaldsen, escultor danés que vivía en Roma, logró tanta fama en su época realizando obras inspiradas en las de la antigüedad, que en Copenhague se construyó un museo, cuyas obras comenzaron en 1839, dedicado especialmente a él. El contacto entre Thorvaldsen y Canova resulta evidente en la primera obra de aquel, Jason (1803, Museo Thorvaldsen, Copenhague), de estilo deliberadamente clasicista, basado en la copia romana de la antigua obra Doríforo (siglo V a.C., Museo Nacional, Nápoles), del griego Policleto. Sus demás obras estuvieron muy influidas por las restauraciones que efectuó en los mármoles del frontón del templo de Afaya, de estilo griego arcaico, en la isla de Egina. Aunque no muy conocido fuera de los confines de su Suecia natal, Johan Tobias Sergel fue un excelente escultor de finales del siglo XVIII, que unió la temática neoclásica con el dinamismo barroco, tal como puede verse en su Fauno (1770-1774) y en Marte y Venus (1804), ambos en el Museo Nacional de Estocolmo. Al artista inglés John Flaxman se le recuerda quizá más por sus relieves clásicos, modelados de forma muy delicada, que por sus cerámicas de Wedgwood, aunque también realizó monumentos funerarios. Sin embargo, logró mayor impacto en el arte europeo con sus ilustraciones, de fino dibujo, de obras clásicas de Homero, Esquilo, Hesíodo y Dante que con sus esculturas.

El escultor francés Jean Antoine Houdon incorporó conceptos clásicos en la realización de la estatua en mármol de tamaño natural de George Washington (1788-1792, Capitolio de Richmond, Virginia) y en su Diana (1777, Museo del Louvre). Sin embargo, sus mejores obras fueron los bustos, cuya viveza y naturalismo van más allá de los confines del clasicismo. Véase Neoclasicismo.

3.15

Escultura romántica

El romanticismo es otro de los grandes movimientos artísticos del siglo XIX, que permitió a los escultores liberarse de los modelos del pasado. Se crearon obras nuevas basadas en la imaginación y en las emociones. En Francia el liderazgo de la escultura romántica lo ostentan François Rude, Antoine Louis Barye y Jean Baptiste Carpeaux. Rude es conocido por las conmovedoras esculturas monumentales del arco de triunfo de L'Etoile, sobre todo por la Partida de voluntarios en 1792, también llamada La Marsellesa, ejecutada en 1833-1836. Una figura alada de gran tamaño que personifica la Libertad se halla ante un grupo de hombres animándoles, gritándoles, urgiéndoles a la batalla. Barye fue tal vez el mejor escultor de animales desde la antigüedad. Sus bronces, trabajados de forma meticulosa, poseen tal vitalidad que parece como si hubiera estado observando a los animales salvajes en sus hábitats cuando en realidad lo que hacía era visitar con mucha frecuencia el zoo de París. El más famoso grupo escultórico de Carpeaux, La danza, adorna la fachada de la Ópera de París. La vivacidad de las figuras y el efecto de luces y sombras rizadas que creó al modelar las superficies tienen una gran afinidad con el arte rococó.

La figura cumbre de la escultura del siglo XIX y el escultor más importante desde Bernini fue el artista francés Auguste Rodin. Su genialidad estriba en la habilidad que tenía para poner de manifiesto la vida interior de los seres humanos mediante gestos y actitudes físicas. A pesar de ser un escultor muy original, Rodin recibió influencias de diversas fuentes: del arte gótico del norte de Europa, de Donatello, de Miguel Ángel y hasta incluso del rococó. Su afinidad con algunas facetas del estilo clásico se manifiesta en su Hombre de la nariz rota (1864, Museo Rodin, Museo de Arte de Filadelfia), obra de tipo naturalista que muestra un rostro tosco, inspirada en los bustos romanos, y más adelante en la escultura en mármol de fina terminación e idealizado erotismo, El beso (1886, Museo Rodin, París). En 1880 recibió el encargo de realizar una serie de puertas para un nuevo museo, que nunca llegó a terminarse. El proyecto, conocido como Las puertas del infierno (1880-1917, Museo Rodin), con numerosas figurillas de escayola, fue la base de obras independientes, realizadas en bronce a tamaño natural, como El pensador (1880), Adán (1880) y Eva (1881), todas ellas en el Museo Rodin. El discípulo y ayudante de Rodin, Antoine Bourdelle, fue también un soberbio escultor de la figura humana y en sus bronces expresionistas convergen sentimientos de poderío y solidez, como en su Gran guerrero de Montauban (1888, Museo Hirshhorn, ciudad de Washington).

En Estados Unidos, William Rimmer, Augustus Saint-Gaudens y Daniel Chester French comparten el enfoque romántico en sus esculturas de carácter alegórico. El Centauro moribundo de Rimmer (1871, Museo de Bellas Artes, Boston), el Mausoleo de Adams de Saint-Gaudens (1886-1891, Cementerio de Rock Creek, Washington, D.C.) y El ángel de la muerte y el escultor de French (1891-1892, Cementerio de Forest Hill, Roxbury, Massachusetts) son obras conmovedoras que demuestran la excelente técnica de los artistas románticos estadounidenses.

3.16

Escultura europea del siglo XX

La mayor parte de las esculturas realizadas en el siglo XX difieren radicalmente en forma y contenido de las de épocas anteriores. En algunos casos son producto de investigaciones en la misma dirección que las de la pintura y comparten la misma denominación, como en el caso del cubismo, el futurismo, el constructivismo, el dadaísmo y el surrealismo, por mencionar sólo algunas. Entre las influencias dominantes que recibieron los escultores europeos de comienzos del siglo XX pueden citarse la del arte primitivo y la escultura de África y Oceanía, pues muchas de dichas obras se exponían en los museos de Ciencias Naturales de Francia y Alemania.

3.16. 1

Escultura biomórfica. Brancusi y Modigliani

Constantin Brancusi, nacido en Rumania, llegó a París en 1902; obras como Figura antigua (1908, Instituto de Arte, Chicago) y El beso (1908, Museo de Arte, Filadelfia) evidencian su admiración por el arte antiguo y primitivo. En El beso, siguiendo su propósito de “dar al espectador puro disfrute”, demuestra además un ingenio lúdico, igual que en el Torso de un joven (1924, Museo Hirshhorn, Washington D.C.) y la obra de tipo totémico Adán y Eva (1912, Museo Guggenheim, Nueva York). Está claro que las dos últimas esculturas, a pesar de su apariencia abstracta, están basadas en los órganos sexuales femenino y masculino. La reducción de las formas a lo esencial y su habilidad para extraer la belleza intrínseca de los materiales ya fuera madera, piedra o metal que logró Brancusi ejerció una profunda influencia en los escultores del siglo XX. También trabajó en París el italiano Amedeo Modigliani y allí, a instancias de Brancusi, estudió el arte primitivo y el cicládico (arte originario de las Cícladas). Entre 1909 y 1914 realizó esculturas en piedra caliza como Cabeza de mujer (1912, Centro George Pompidou, París) que, inspirada en el arte cicládico, influyó a su vez en su modo de pintar.

3.16. 2

Escultura cubista. Picasso

El arte africano desempeñó un papel muy significativo en el desarrollo del cubismo del pintor francés Braque y del español Picasso. De hecho, este último realizó algunas pequeñas tallas en madera en 1907 que evidencian la influencia de las máscaras africanas. Influido también por la escultura ibérica, ejecutó algunas obras en bronce con rostros que parecen máscaras, como Cabeza de un toro (1943, Museo Picasso, París); en ellos se aprecia la evolución del estilo cubista que desarrollaba de manera simultánea en pintura. Una mayor distorsión puede verse en Cabeza de mujer (c. 1909, Galería de Arte Albright-Knox, Buffalo, Nueva York) cuyos rasgos faciales contraídos la convierten en la primera escultura auténticamente cubista de Picasso. En los años siguientes hizo numerosas construcciones y esculturas que pueden considerarse cubistas, como la Guitarra (1912, Museo de Arte Moderno, Nueva York) de chapas metálicas y alambre, y la obra en madera Vaso de vino y dado (1914, Museo Picasso, París). Sin embargo, sus obras posteriores están más dentro de la línea figurativa tradicional, como el bronce Hombre del cordero (1944, Museo de Arte de Filadelfia).

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