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Introducción; Formas de la misa; Partes de la misa; Libros litúrgicos; Liturgia vernácula; Comunión bajo ambos tipos; Concelebración
Misa, sacrificio religioso incruento vinculado al cristianismo que tiene como acto primordial la celebración de la eucaristía y que va acompañado de una liturgia de cantos, lecturas, oraciones y otras ceremonias. El término ha sido utilizado por la Iglesia católica y algunas iglesias anglicanas. Otras iglesias protestantes llaman “santa comunión” o “cena del Señor” a este rito. Las iglesias ortodoxas orientales lo denominan “divina liturgia”. La palabra “misa” proviene etimológicamente de la latina missa (despedida). Fue tomada de la fórmula “Ite, missa est” (“Id, es la despedida”) con que se disolvía la congregación.
La forma más primitiva de celebración era la eucaristía doméstica. Los restos arqueológicos muestran que desde el siglo III al siglo IV, las comunidades cristianas celebraban la misa en casas más grandes. El obispo local presidía la eucaristía. Después de que el emperador romano Constantino I el Grande promulgara el Edicto de Milán (313), los edificios públicos romanos llamados basílicas fueron adaptados a la celebración de la eucaristía del obispo. El incremento del número de iglesias que acompañó a la consolidación del cristianismo determinó que los presbíteros de dichos templos terminaran por dirigir la celebración. Con el tiempo, los presbíteros fueron conocidos como sacerdotes. Con anterioridad al siglo VIII, la única forma de misa era la que tenía carácter público y se celebraba por un obispo o por el sacerdote de una comunidad de fieles. En su forma solemne, la mayoría de las partes se cantan. En su forma más elaborada, la misa papal, el papa es asistido por la jerarquía pontificia, diáconos del rito latino y oriental, la corte papal y numerosos otros funcionarios. La misa pontificia (misa solemne de un obispo) es menos compleja, aunque al lado de los diáconos, subdiáconos y acólitos, el obispo es también asistido por su “familia”, es decir, asistentes responsables de cuidar sus insignias (solemnes vestimentas) y signos distintivos (mitra, báculo y cruz pontificia). La solemne misa parroquial, o monástica, se celebra con asistencia del diácono y el subdiácono. Un sacerdote celebra la forma más simple de la misa cantada, con la asistencia de acólitos y turiferanios. En las celebraciones diarias se utiliza una forma más simple en la cual todas las partes de la misa son leídas por un sacerdote. Ésta es la missa lecta (misa leída). A comienzos del siglo VIII, la misa privada evolucionó en los monasterios del norte de Europa. Los monjes eran laicos en su origen, y se apoyaban en sacerdotes locales para cumplir sus obligaciones sacramentales o bien ordenaban a algunos de sus miembros para suplir estas necesidades. A principios del siglo VIII, fueron ordenados monjes británicos e irlandeses para que realizaran la obra misionera de convertir a las tribus del norte de Europa, sometidas por Carlomagno y sus sucesores. Hacia el siglo XI (después de la época de los grandes misioneros), los numerosos monasterios del norte de Europa continuaron ordenando a sus monjes; de esta forma, al final, el número de sacerdotes excedía a las necesidades sacramentales de los monjes. Así, el número de celebraciones diarias privadas de la misa creció hasta que, alrededor del siglo XII, fue de uso corriente.
En el siglo VI las partes de la misa eran relativamente fijas. Pueden distinguirse seis secciones principales. La apertura consiste en una entrada (“introito”), procesión y canto, a los que le sigue la confesión, la cual incluye una letanía breve (“kirieleisón”) que termina con el Gloria. Finaliza con la oración llamada “colecta”. La lectura de textos extraídos del Antiguo Testamento o de las epístolas del Nuevo Testamento, conforman la segunda parte de la misa. A continuación se procede a efectuar un canto para la procesión del Evangelio. Este canto se llama “gradual”, porque era cantado desde los peldaños (gradus) del púlpito donde el Evangelio era leído o cantado. La lectura final se extrae de uno de los cuatro Evangelios, y le sigue la homilía. Durante la tercera parte de la misa, el ofertorio, se realizan las ofrendas de pan, vino y otros presentes, que son llevados al altar con cantos de procesión y ofrecidos a Dios con oraciones. La cuarta parte de la misa es la oración de la eucaristía o anáfora. Esta sección parte con el “prefacio”, una oración introductoria que concluye con el “sanctus”. Después le sigue la oración central de la eucaristía, canon, o anáfora, en la que se repiten las palabras con que Jesucristo instituyó la eucaristía. La comunión es la quinta parte de la misa. Comienza con la oración del Señor (el Padrenuestro), continúa con la oración y saludo de paz, y concluye con la comunión del clero y de los fieles, acompañada, a veces, de un himno. La última sección de la misa, el rito final, consiste en una oración de postcomunión, la bendición y la despedida (“Podéis ir en paz”). El himno que marca el fin de oficio puede cantarse al mismo tiempo que salen de la iglesia el clero y los fieles.
Antes del siglo XIII se utilizaban muy diversos libros litúrgicos en la celebración de la misa. El coro utilizaba el Gradual (para el canto gradual) y el Antiphonal (para los piadosos cantos procesionales de la entrada, ofertorio, comunión e himnos de fin de oficio). El subdiácono utilizaba el Apostolus (textos del Nuevo testamento), los diáconos el Evangelirium (Evangelio) y el celebrante que presidía, el Sacramentarium, que contenía todas las oraciones de la misa. Cuando la práctica de la misa privada se consolidó, los diferentes textos litúrgicos fueron agrupados en un único libro para el sacerdote que celebraba en solitario todas las partes de la misa. Este libro, llamado misal, contenía todas las oraciones, lecturas y cantos de la misa. Los diferentes misales utilizados desde el siglo XIII se convirtieron en un solo texto oficial cuando el Missale Romanum (Misal Romano), aprobado en el Concilio de Trento, fue publicado en 1570 durante el pontificado de Pío V. Anteriormente, en 1298, las ceremonias papales y episcopales habían sido uniformizadas en el Pontifical. Tanto el Misal Romano como el Pontifical han sido revisados varias veces a lo largo de los siglos. El Concilio Vaticano II (1962-1965) introdujo una serie de cambios en la celebración de la misa. Se volvió a la antigua práctica de llamar a este sacramento y a su celebración por el mismo nombre: eucaristía. Los cambios litúrgicos principales incluyeron la introducción de lenguas vernáculas en la celebración, así como la recuperación de los hábitos de permitir a los legos recibir tanto el pan como el vino, y de la concelebración.
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