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CIA (Central Intelligence Agency, Agencia Central de Inteligencia), agencia gubernamental de Estados Unidos creada en 1947 para obtener información y preparar operaciones que protegiesen la seguridad del Estado. La CIA fue la primera agencia permanente de información responsable de mantener al Gobierno al día de las acciones extranjeras que afectasen a los intereses de un Estado. Fue establecida por la Ley de Seguridad Nacional de 1947, y se encargaba de coordinar todas las actividades estadounidenses de información, además de otras funciones y tareas relacionadas con ésta, tal y como estipuló el Consejo de Seguridad Nacional. Hasta 2004 el director de la CIA asumía la coordinación de la ‘comunidad de inteligencia’ del país, recabando información de otras instancias, analizándola y proporcionando informes al presidente del país. Tras la aprobación, ese año, del Acta de Reforma de la Inteligencia Nacional, se creó el puesto de director nacional de inteligencia, con responsabilidad sobre quince agencias, incluida la propia CIA. El cambio surgió a raíz de la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y los fallos de coordinación detectados entre esta organización y el FBI. El presidente, con la aprobación del Senado, es quien nombra al director y al vicedirector de la Agencia.
En un principio, la misión de la CIA consistía sobre todo en recabar información, pero después de la II Guerra Mundial y la creación de regímenes comunistas en Europa del Este y China continental, el Consejo de Seguridad Nacional ordenó que la Agencia tomara parte en operaciones económicas, paramilitares y políticas de manera encubierta. La participación de Estados Unidos en la guerra de Corea (1950-1953) impuso a la CIA una serie de requisitos adicionales para apoyar a las fuerzas de combate. El periodo comprendido entre 1953 y 1961 representa el momento álgido de las actividades que la CIA llevó a cabo durante la Guerra fría, con la realización de numerosas operaciones de acción política, propaganda, información del extranjero y contraespionaje. A finales de 1961 fue reorganizada para hacer mayor hincapié en la ciencia, la tecnología y la gestión interna. La Agencia participó de forma activa en la guerra de Vietnam. En 1963 se estableció una Oficina de Evaluación de los Programas Nacionales de Información para coordinar las actividades municipales, que fue sustituida en 1972 por un Departamento de Información Municipal.
Las actividades de la CIA son heteróclitas y variadas, y han cambiado con el transcurso del tiempo. En primer lugar, se identifican los problemas o asuntos de seguridad nacional concernientes al gobierno estadounidense, y se obtiene todo tipo de información al respecto. La recogida clandestina de información que no puede ser obtenida por ningún medio público requiere la contratación de agentes que puedan recabar la información necesaria sin que sean descubiertos. Informes procedentes de todas las fuentes posibles son revisados por analistas que, a su vez, elaboran estudios que van desde informes básicos hasta estimaciones sobre futuros proyectos. La información considerada de primordial importancia queda recogida de forma detallada en boletines diarios, semanales o mensuales. Se envía a la Casa Blanca, al Pentágono, al Departamento de Estado, al Congreso de los Estados Unidos y a otras organizaciones gubernamentales. Asimismo se presentan de forma periódica estudios relativos a estados concretos, considerados de vital interés, bajo forma de estimaciones informativas. La CIA es además responsable de las actividades de contraespionaje. Su misión consiste en impedir que agentes extranjeros se infiltren en organismos vitales para los Estados Unidos. En el ámbito nacional este trabajo se coordina en conjunción con el FBI (Oficina Federal de Investigación). Las operaciones políticas encubiertas abarcan desde la subvención de partidos, grupos de presión o políticos extranjeros considerados favorables, hasta la ayuda para combatir la subversión o la preparación de golpes de Estado contra regímenes considerados enemigos. Las operaciones paramilitares proporcionan a algunas fuerzas en el exilio formación y equipamiento. Un ejemplo de esto fue el apoyo dado por la CIA a los exiliados cubanos antes y durante el desembarco de bahía de Cochinos, en Cuba y a la guerrilla antisandinista en Nicaragua durante la década de 1980. Más tarde destacaron programas en Colombia y en Panamá, así como acciones concretas en El Salvador. Aunque el presidente Gerald Ford prohibió el asesinato como instrumento político tras unas investigaciones en 1975, George W. Bush reinstauró tal eventualidad tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. La tecnología moderna aumentó las posibilidades para conseguir información. En la década de 1960, los aviones de observación, con posibilidades de vuelo muy elevado, introdujeron una nueva era en la fotografía aérea, a la que siguieron poco después las transmisiones procedentes de satélites espaciales. De igual forma, las misiones de consecución de información submarina registraron importantes avances gracias a naves sumergibles pero capaces también de salir a superficie desde grandes profundidades. Hoy en día, sin embargo, la agenda de seguridad nacional ha modificado ciertos parámetros, colocando entre los asuntos prioritarios nuevos desafíos como la no proliferación de armas nucleares o de destrucción masiva, la prevención de ataques terroristas, la contrainteligencia, el crimen internacional organizado o el tráfico de drogas.
Muchas personas no aprueban ningún tipo de actividad estatal clandestina. Otras, sin embargo, reconocen que conseguir información secreta es algo necesario para proteger la seguridad nacional. En términos generales, la gente apoya las actividades políticas encubiertas en tiempos de crisis, pero el papel de los servicios de inteligencia ha sido siempre delicado en las sociedades democráticas. El papel del director de la CIA como principal funcionario de información del Estado y coordinador de actividades de las otras agencias fue a menudo discutido, y surgieron frecuentes propuestas para retirarle ese papel y asignar dicha función a miembros del personal de la Casa Blanca. En la actualidad, existe detrás del director de la CIA un entramado institucional. Así, hay un director adjunto de la central de inteligencia, un director ejecutivo, un directorio de inteligencia, otro de ciencia y tecnología y el de operaciones, un centro para el estudio de materias relacionadas con la inteligencia, una oficina de asuntos jurídicos y otras sobre asuntos públicos. La CIA ha sido investigada en varias ocasiones por diversas comisiones creadas al efecto, de las cuales una recomendó, en 1949, una significativa reorganización de las operaciones de la Agencia. A raíz de la invasión de bahía de Cochinos de 1961, el presidente John Fitzgerald Kennedy nombró un grupo de grandes profesionales en la materia para que analizara este horrísono fracaso. En 1975 la CIA fue objeto de un examen muy minucioso por parte del Congreso y la Casa Blanca, que puso al descubierto que la Agencia había realizado actividades ilícitas de espionaje dentro del país y había estado involucrada en intentos de asesinato en el extranjero. Como resultado de estas y otras investigaciones complementarias, se establecieron comités permanentes en el seno del Congreso para supervisar sus operaciones. Hacia 1980 estos comités tenían exclusiva jurisdicción sobre el análisis de las actividades de la Agencia. En esta década se produjeron errores como informar sobre el debilitamiento de la Unión Soviética o sobre planes para asesinar al Papa. Sin embargo, en 1986 la CIA resultó implicada en una nueva polémica originada por la venta secreta de armas a Irán y el pago del dinero resultante de esta venta a los rebeldes que luchaban contra el Gobierno revolucionario de Nicaragua, conocidos con el nombre de 'contras'. Se sospechó que el entonces director de la CIA, William J. Casey, había estado implicado en esta trama de corrupción a gran escala. La lista siguió con los fallos respecto a las pruebas nucleares de India en la década de 1990 y el bombardeo estadounidense de una planta farmacéutica en Jartum en 1998, entre otros casos. A principios de la década de 1990, el derrumbamiento del bloque soviético y la disolución de la URSS obligaron a la CIA a replantearse su misión y organización para adaptarse a la cambiante situación mundial. La última polémica surgió a raíz de la invasión de Irak por parte de Estados Unidos (marzo de 2003), ya que surgieron sospechas en torno a la fiabilidad de los datos que la Agencia había manejado sobre el almacenamiento de armas de destrucción masiva en el país asiático antes de la guerra (y cuya inexistencia, a la postre, fue admitida por el propio George W. Bush).
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