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Tocados, cualquier peinado o prenda con la que se cubre o adorna la cabeza. Tienen varias funciones: sirven como adorno personal, protección o para indicar una determinada categoría social.
El primer sombrero con ala fue el petaso griego, empleado por los viajeros y que se ataba bajo la barbilla. En la América prehispánica destacan los espléndidos penachos de plumas que utilizaban los grandes señores como atributos en sus atavíos de lujo. En la edad media reapareció un gorro de forma cónica inclinado hacia delante y originario de Frigia, y de nuevo lo hizo en el siglo XVIII durante la Revolución Francesa como símbolo de la libertad del pueblo. En Europa otras formas de tocados medievales para hombres incluían capuchas de lana, caperuzas en forma de turbante (sombreros altos con o sin alas) y gorras de estudiantes con alas alargadas hacia delante. Las mujeres llevaban diversas clases de redecillas y velos, así como tocados altos y estilizados. El tocado masculino típico del renacimiento era una especie de gorra flexible llamada boina Tudor. Posteriormente, las mujeres y hombres lucieron sombreros de ala ancha decorados con plumas o broches. Durante el barroco se hizo muy popular el chambergo o sombrero de ala ancha adornado con plumas. Las mujeres de clase media y las sirvientas llevaban en casa gorros de lino y encaje o cofias. En distintas partes de Europa aparecieron variantes de estas gorras y su uso se generalizó entre las mujeres del campo. En el siglo XVIII se extendió entre las clases populares el uso del sombrero de ala, cuya prohibición fue uno de los motivos que provocaron el estallido conocido como motín de Esquilache. En esa misma época las mujeres adoptaron la mantilla, que se convertiría en una prenda típica de España. El tricornio procede del sombrero de ala ancha usado por los soldados en el siglo XVIII, pero con las alas laterales y del frente dobladas. Durante muchos años ha sido, y sigue siendo, el tocado de la Guardia Civil española. En este siglo surgen de América latina el conocido sombrero de charro, de ala ancha y copa alta, llamado jarano, y el sombrero de fieltro de gaucho, con copa más alta o más baja según la región o la época. Durante el siglo XIX proliferaron diferentes formas y estilos de sombreros. La chistera de seda laqueada o de piel de castor rígida se hizo muy popular entre los caballeros. Otros tocados eran el bombín de fieltro u hongo, para llevar en la ciudad; el sombrero de paja de ala rígida o canotier, para el verano; y las gorras de visera de paño, para el tiempo libre y los deportes. En Bolivia y en los Andes peruanos es usual ver a los indígenas con un sombrerito hongo que se conoce como chola. Los chicos jóvenes y los trabajadores llevaban también estas gorras. Los estilos de los sombreros de mujer cambiaron con frecuencia para complementar los vestidos y peinados con boinas de diversas formas así como con sombreros de ala ancha con penachos sobre los cabellos recogidos hacia arriba.
Los sombreros para hombres conservaron las formas básicas del siglo XIX, siendo el sombrero de copa el utilizado en las ocasiones más formales. Hasta la II Guerra Mundial los sombreros para mujer fueron cambiando continuamente si bien el del tipo de campana ajustada se convirtió en el símbolo de la era de la década de 1920. Tanto para hombres como para mujeres la tendencia a lo más práctico, especialmente después de la II Guerra Mundial, fue la causa del declive del sombrero. Desde la década de 1970, sin embargo, las mujeres han mostrado un nuevo interés por usar esta prenda como complemento. Véase también Vestimenta; Peluquería.
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